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Desafío digital en casa: una mirada crítica al uso de pantallas en la niñez y adolescencia

Luego de debates internacionales sobre las consecuencias del uso de tecnología, se levantan voces que optan por alejar a los chicos de todo contacto. ¿Qué ocurre en Uruguay?

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Niños y tecnología

Por Flavia Tomaello, especial para Domingo
Albert Einstein solía decir que “la vida es como montar en bicicleta: para mantener el equilibrio debes seguir moviéndote”. Algo de esto sucede con la irrupción de las tecnologías en casa. Su ingreso es inevitable y vamos aprendiendo del ensayo y el error, tironeados por un boomerang que llevó en apenas un par de generaciones de la disquetera a la virtualidad.

El último informe de Grupo Radar, Perfil del internauta uruguayo, reveló que el 95% de las personas usa Internet y que el adulto promedio pasa allí siete horas por día. Más del 60% de los adultos uruguayos sienten que tienen una dependencia severa de redes sociales.

En medio emerge una preocupación creciente y casi unánime: los adultos visualizan conductas en sus hijos que van desde el concreto uso excesivo de pantallas, a irritabilidad, escasa tolerancia a la frustración, ansiedad porque llegue la hora en que le toca usar su dispositivo, su requerimiento para calmar angustias o a la hora de comer.

“Pero esto no es una situación ajena a la primera -advierte Victoria Dunckley, psiquiatra experta en tecnología, autora del best seller Reinicia el cerebro de tu hijo-. Los padres deberían comenzar a mirarse en el espejo si quieren abordar esta dificultad. Las pantallas pueden ofrecer comodidad, conectividad, acceso y entretenimiento pero estamos siendo demasiado indulgentes con nosotros mismos primero, y luego con los niños. Si no podemos verlo en nosotros, ¿cómo haremos para cuidar la salud de nuestros hijos?”

Matías Dodel tiene una respuesta. “Deberíamos evitar caer en posturas extremas. Un niño con un celular solo es tan perjudicial como el que tiene prohibido su uso. Es difícil encontrar el equilibrio, pero los padres y maestros tenemos un rol clave para determinar lo adecuado para cada edad y en función a lo posible para cada familia”, dice a Domingo el doctor en sociología y psicólogo, profesor asociado del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica de Uruguay, quien coordina el grupo de investigación sobre Internet de las Personas y el capítulo uruguayo del World Internet Project.

El Informe Kids Online Uruguay de Unicef reveló que la mayoría de los niños y adolescentes uruguayos acceden a internet a través de celulares y el mayor consumo es de redes sociales como TikTok, Instagram, YouTube y videojuegos.

En este sentido, Ana Fisher, licenciada y profesora en comunicación social, creadora de Crianza Cibersegura y del ebook 26 Ideas de juegos antipantallas, rescata un dato revelador: “Actualmente, Uruguay ocupa el segundo lugar en el ranking mundial por distracción de dispositivos en clases de matemáticas, según los resultados de las pruebas PISA 2022, en las cuales primero está Argentina y tercero, Chile. En ambos países vecinos se están presentando iniciativas legislativas para limitar y prohibir el uso de celulares durante el horario escolar”.

Esta situación plantea, a su juicio, un gran desafío: reducir el tiempo frente a las pantallas y aumentar las experiencias reales que se necesitan para un desarrollo emocional y cognitivo adecuado. “Aquellas horas no logran reemplazar la calidad del contacto cara a cara, la actividad física, el juego libre, la adquisición de destrezas y conquistas como ponerse de acuerdo, trepar un árbol, andar en bicicleta o invitar a alguien a salir”, sostiene.

Durante 2022, la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República presentó el informe final del proyecto Exposición a pantallas en primera infancia: análisis para Uruguay. Una de sus conclusiones más reveladoras confirmó que el 75% de los niños menores de 5 años utilizan alguna pantalla al menos una hora al día. Y otros datos: que el 10% de los niños de entre 0 y un 1 año la utiliza por más de una hora por día y el porcentaje sube a 45% en niños de 1 año, a 70% para pequeños de 2 años y a 80% para aquellos que tienen entre 2 y 4 años. También se observó que a mayor cantidad de dispositivos tecnológicos en el hogar, más son las horas diarias de uso. “Si hablamos de adolescentes, hablamos de más de 7,5 horas diarias de las cuales apenas 16 minutos son destinados a educación”, completa Fisher.

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Niños y tecnología

Asumir responsabilidades.

En Uruguay existen “dos mundos paralelos entre las opiniones personales y la investigación”, explica Lorena Stefanelli, autora de Pantallas en casa: Orientaciones para acompañar una navegación segura en internet. Y sigue: “Recién comienzan a vislumbrarse algunas articulaciones entre lo que la ciencia dice y lo que las prácticas educativas empiezan a llevar a cabo. Creo que en Uruguay lo certero aún está muy contaminado”.

A esto se refiere Stefanelli: “Una de las mayores dificultades es que las familias creen que el niño sabe usar la tecnología. Lo consideran un nativo digital con habilidades suficientes. Pero para que pueda usar las herramientas necesita recibir enseñanzas. Es común que el consumo infanto-juvenil de la tecnología esté más asociado a una conveniencia adulta. Un día se prohibe y otro se libera sin un plan preestablecido, solo porque encaja con el tiempo de los padres. Las familias deben tener un plan con un adulto responsable que acompañe en la enseñanza de las habilidades necesarias”.

Tanto Stefanelli como Dodel realizan un paralelo con otras situaciones como el uso de cuchillos o salir a la calle. “Los pequeños no son nativos digitales -indica este último-, requieren de una mediación para el uso adecuado. Los beneficios o perjuicios vendrán de la mano de lo que hagan con la herramienta. Deberíamos aprender a aplicar el sentido común. Tampoco sería lógico que un chico se pase todo su día solo leyendo sin hacer otra actividad”.

La educación tecnológica también es acompañamiento con involucramiento adulto en el proceso. “Prohibir es complejo porque en el momento inevitable de entrar a ese mundo lo harán sin ninguna habilidad adquirida”, concluye Dodel.

INTERNET Y BIENESTAR: IMPACTO EN LA SALUD MENTAL

Contrariamente a investigaciones anteriores que sugieren que el uso de Internet puede tener un efecto nocivo en la salud mental, un nuevo estudio de más de 2 millones de personas sugirió que en realidad puede mejorar el bienestar. Utilizando cerca de 34.000 modelos estadísticos diferentes, los investigadores encontraron que casi todos los análisis mostraban asociaciones positivas y estadísticamente significativas entre la conectividad a Internet y el bienestar.

Andrew K. Przybylski, especialista en comportamiento humano de la Universidad de Oxford y coautor del estudio, explica que “las pautas pueden no ser tan simples como limitar la exposición”. De hecho, las directrices pueden requerir un enfoque basado en sopesar los beneficios y los inconvenientes relativos de los diferentes niveles de participación y los distintos vínculos con las pantallas.

Por su parte, Catherine L´Ecuyer, investigadora canadiense afincada en Barcelona, autora de, entre otros títulos, Educar en el asombro, afirma que “la tecnología no está hecha para quienes aún no pueden manejar su autocontrol”. Pero el hecho de que un objeto no sea apto para una cierta edad no significa que “se deba eliminar el instrumento del planeta”.

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