Cuarenta años sin los Fab Four

El 13 de septiembre de 1969 fue la última vez que los cuatro de Liverpool trabajaron juntos en un estudio. Hoy, exactamente 40 años luego de esa fecha, y con dos de ellos fallecidos, continúan siendo un fenómeno mundial. Una recorrida por parte de su historia demuestra que aún siguen vivos.

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Un 13 de septiembre como hoy, pero hace 4 décadas, fue la última vez que los "Fab Four" se reunieron en un estudio de grabación. Ya venían casi sin hablarse.

EL PAÍS DE MADRID | MANUEL CUÉLLAR

En la parte interior del antebrazo izquierdo de un músico de Liverpool está la respuesta. Jason Murray tiene 33 años, el pelo rubio y la piel muy blanca. Tanto que el verde de sus venas se confunde con la tinta del tatuaje. Justo a la altura del codo, una clave de sol, y de allí hasta la muñeca, las cinco líneas de un pentagrama con dos compases. Bajo las notas, la letra de la canción: All you need is love, love is all you need.

En esa piel está la respuesta. Es el símbolo de lo que ha ocurrido desde que hace cuarenta años, los cuatro Beatles -el grupo que prácticamente inventó la música pop-decidieran no volver a tocar juntos nunca más. De manera indeleble, esos cuatro jóvenes de Liverpool han quedado grabados a fuego, para siempre, como en un tatuaje, en la memoria y el bagaje cultural de millones de personas en el mundo. Jay Murray charla alegremente con dos amigos con una pinta de cerveza en su mano. Está en The Cavern Pub, uno de los garitos que forman parte de esa especie de parque temático sobre los Beatles en que se ha convertido su ciudad natal. Está apoyado en una Jukebox amarilla, con forma de submarino de dibujos animados, y en las paredes del local, en una suerte de horror vacui estudiado para fans, se exhibe todo tipo de recuerdos de los fabulosos cuatro. "Haber formado parte de una de las bandas de tributo a los Beatles (The Mersey Beatles) más importantes me ha permitido tocar delante de 10.000 personas", afirma el guitarrista. "Cambiaron el mundo. Liverpool les está muy agradecido, aquí vienen personas de todas las partes del planeta atraídas por ellos".

En estas palabras se adivina el exterior de su antebrazo, la otra cara: los Beatles, 40 años después de su disolución, continúan siendo un gran negocio. Tanto que en 1985 el desaparecido Michael Jackson compró por 48 millones de dólares los derechos editoriales de 267 canciones de los desmelenados dejándo casi la mitad de su fortuna en la transacción. Ahora, según un periódico tan prestigioso como The Wall Street Journal, el lío financiero generado por la muerte del comprador supondrá una espera de al menos 18 meses para dilucidar quién se queda con los beneficios adquiridos (y tal vez hipotecados) por el llamado rey del pop.

El miércoles, en un lanzamiento sin precedentes, EMI, la discográfica de The Beatles, reeditó toda la discografía del grupo remasterizada en los estudios Abbey Road, donde grabaron el 90% de su producción. Ese mismo día se puso a la venta un videojuego para múltiples consolas, denominado The Beatles Rock Band, con el que el jugador podrá emular al grupo desde sus principios. La apuesta es tan fuerte (supone una posibilidad de negocio enorme, puesto que el catálogo de canciones jugables se venderá por separado), que Paul McCartney, Ringo Starr, Yoko Ono Lennon y Olivia Harrison (viudas, respectivamente, de John Lennon y George Harrison) se reunieron en Los Ángeles el pasado junio para apadrinar el producto.

En Las Vegas, el Cirque du Soleil continúa imparable con las representaciones de Love, un espectáculo basado en su música, y "Canal +" emitió el jueves por primera vez en España el documental All together now sobre la gestación y puesta en marcha de este montaje que llevó hasta el desierto de Nevada al mismísimo George Martin, el productor de la banda, pese a estar aquejado de una fuerte sordera.

Si Lennon y Harrison pudieran regresar de la muerte, un concierto o un nuevo disco de los cuatro Beatles sería, sin duda, uno de los acontecimientos mundiales del siglo XXI. Hablamos de un grupo que cuarenta años después sigue encabezando la lista de ventas de un organismo tan prestigioso como la Asociación Americana de la Industria Discográfica (RIIA), con un total de 170 millones de discos despachados tan sólo en Estados Unidos. Otras fuentes como The New York Times o la revista Forbes dan por buena la cifra de más de 1.000 millones de trabajos en todo el mundo desde sus comienzos en 1962.

ABBEY ROAD. En los estudios de Londres hay que andarse con cuidado. La buena onda de los porros de aquellos adolescentes que confesaron haberle dado al LSD, a la marihuana, al hachís y a todo lo experimentable, se ha convertido en el típico mambo de discográfica paranoica. "¿Quién ha robado una carátula?", pregunta Paul Bromby, director de marketing de EMI. Todos los periodistas presentes quedan bajo sospecha. "Esa carátula podría valer mucho en eBay", remacha. El acusador lleva más de una decena de ellas en la mano. Por supuesto, sin el correspondiente CD dentro.

Pues eso, que los Beatles siguen siendo un negocio, y los primeros que lo saben son los responsables de que sus 13 discos suenen desde el miércoles como si los hubiera grabado cualquier grupo de brit pop del momento. Contundentes, con presencia, en cierto modo agresivos y sobre todo envolventes. Y el mayor de los sobre todo: en la Red estarán remasterizados desde ese mismo día. Lo cierto es que cuando se escucha el resultado en esos estudios, delante de una mesa de mezclas de 78 canales, es asombroso. Un trabajo de cuatro años cuidadísimo, de orfebrería.

El estudio 2, el predilecto de los Beatles, hay que verlo a hurtadillas. Nada de fotos ni amabilidad. En Abbey Road hay que andarse con cuidado. A ellos, que han grabado con Alanis Morisette, Diana Krall, Elbow, Hard Fi o Panic! At The Disco, por poner algunos ejemplos, les da todo igual. Parece que no aprendieron nada de aquellos cuatro: se niegan a darse cuenta de que lo mejor de todo lo tienen fuera de esas paredes.

En los muros del número 3 de Abbey Road hay escritos poemas, declaraciones de amor, de fidelidad a ultranza a ese cuarteto irrepetible. Y en la esquina, un paso de peatones que es más que seis rayas blancas sobre el asfalto. Es un santuario y también una diversión.

Alan Haynes es un obrero de la construcción que trabaja a 20 metros de ese paso de cebra. "La hora del bocadillo es para los Beatles. Nos sentamos aquí, frente al cruce, y vemos todo ese circo que se monta. Gente de todo el mundo sigue viniendo aquí a parar el tráfico. Es algo alucinante".

CIUDAD NATAL. Nada puede compararse a lo que sucede a diario en Liverpool. "No he terminado por odiarlos todavía, pero desde luego en casa no pongo ninguno de sus discos". Lo dice Moira, una de las recepcionistas del hotel A Hard Days Night, un establecimiento completamente basado en The Beatles y en el que no se escucha otra cosa que no sean sus canciones inmortales.

Cuarenta años después de la disolución de la banda, Liverpool es una ciudad absolutamente beatle. Su aeropuerto se llama John Lennon, en la misma manzana donde está el hotel se encuentra la Nueva Caverna, un local fabricado a imagen y semejanza y a escasos 10 metros de aquel donde Brian Epstein decidió que sería el manager de la banda. Allí, al menos 40 personas tienen un trabajo relacionado con los Beatles. Rutas turísticas de todo tipo, incluida una en una especie de barco amarillo que navega por el río Mersey. Tiendas, estatuas, fotos, museos y música, mucha música.

Jason Murray agita su pelo pajizo cortado al estilo de los fab four. Sube al escenario con su guitarra acústica y canta Yesterday. Después, comprobada una vez más la eficacia de una canción eterna, baja de las tablas y dice: "¿Lo ves? De ellos parte todo. Toda la música de ahora tiene algo de los Beatles. Hablamos de unos chicos que fueron algo así como Bach o Mozart".

FAMA DE CEBRA. Son seis líneas blancas pintadas sobre el asfalto de una calle al Norte de Londres. Y un imán para miles de turistas que durante todo el año acuden allí a tomarse la misma foto que se hicieron los Beatles para la portada de su último disco, titulado Abbey Road, como la calle en la que se encuentran los estudios de la discográfica EMI, en la que grabaron el 90% de su producción. En la web de esos estudios se puede ver la imagen de una cámara apuntando 24 horas hacia el paso de peatones. Nate Crawford, en la imagen grande, es un artista de Florida que se fotografía por todo el mundo metido en un círculo. ¿Cómo no iba a hacerlo en este trozo de Londres?

Otro de los emblemas (aunque en réplica) es un autobús adquirido por Hard Rock Café que ofrece un viaje turístico a la nostalgia de más de dos horas. El modelo es prácticamente idéntico a aquel autocar que utilizaron los Beatles para rodar su película Magical Mystery Tour. El vehículo original fue comprado por el poderío estadounidense de la cadena Hard Rock y ahora está en Orlando. Pero esa réplica, aparcada muy cerca de la casa en la que pasó su niñez Paul McCartney, realiza uno de los recorridos centrados en los Beatles más nostálgicos de todos los que se ofrecen en Liverpool.

Pero The Cavern es The Cavern: el sucucho de Liverpool donde casi todo empezó. El 9 de noviembre de 1961, un hombre llamado Brian Epstein fue a ver a The Beatles a The Cavern. Por entonces, el grupo tocaba en una sesión vespertina. Ese día, Epstein decidió convertirse en manager del grupo y allí mismo concertó una cita con el cazatalentos de la discográfica Decca.

El club original se cerró en marzo de 1973 y prácticamente el 50% del local fue destrozado para la construcción de una estación de metro. En 1984 volvió a abrir recuperando parte del espacio original y, según cuentan sus responsables, se utilizaron 15.000 ladrillos del anterior garito para reconstruir el nuevo. La fama de The Cavern continúa intacta, tanto que se ha ofrecido en muchas ocasiones para conciertos sorpresa como los que dieron Arctic Monkeys, Oasis o Travis.

Strawberry Field es el otro gran éxito que se incluyó en un disco simple que, pese a ofrecer una canción en cada cara, sólo tiene cara A.

La historia de Strawberry Field es tan extraña como la letra de la mítica canción, Strawbery fields forever, que John Lennon escribió en Almería.

Según contó el propio Lennon, el tema hace referencia a un parque que había cerca de su casa. Se supone que una verja de color rojo esconde ese parque que termina en un edificio que era un orfanato del Ejército de Salvación.

Pero hay otro campo de fresas. Está en Central Park, en Nueva York. Fue el homenaje de Manhattan al Beatle asesinado frente al edificio Dakota, su residencia. Cientos de países quisieron contribuir en la construcción de este memorial neoyorquino.

SINGLE CARA A. Strawbery fields forever y Penny Lane se lanzaron en lo que los propios Beatles consideraban como el primer single con dos caras A de la historia del pop.

Penny Lane era una vía tranquila elevada a la categoría de intocable por obra de sir Paul McCartney. Sí, Paul fue capaz de convertir una calle como otra cualquiera de un suburbio de Liverpool en una de las más famosas del mundo.

En febrero de 1967, esta historia, mitad realidad, mitad fantasía, se publicó en un disco simple. Hoy día, Penny Lane es un referente turístico de Liverpool.

Se encuentra a unos 30 minutos en autobús del centro de la ciudad, pero aún pueden verse en la rotonda al final de la calle la barbería y el banco de los que se habla en la canción. James Penny fue un comerciante de esclavos en el siglo XVIII, y las autoridades de Liverpool quisieron cambiar el nombre de la vía. La respuesta popular impidió el cambio y el escenario sigue intacto.

El templo. John, Paul, George y Ringo se dieron cuenta de que la locura no podía continuar. Aviones, hoteles, conciertos en los que era prácticamente imposible esucharlos, miles y miles de fans en los aeropuertos, en las calles, en cualquier lugar, encerronas en sus habitaciones por amenazas de muerte. Tuvieron una idea: "Es mucho mejor enviar nuestra música hecha en estudio a todo el mundo antes que tener que viajar nosotros por todo el planeta".

El estudio 2 es mítico. Cuando los Beatles comenzaron a experimentar y cuando sus trabajos necesitaban secciones de cuerda o viento, este lugar con capacidad para más de 55 músicos fue su refugio. Estas dependencias, que hoy son casi como un búnker, fueron creadas en 1931 y en ellas han grabado grupos como Pink Floyd, Oasis o Mecano.

La Policía suspendió el último concierto

Diez años se acabaron en 42 minutos. Eso duró el último concierto del grupo más emblemático de la historia y el primero que realizaban desde agosto de 1966. Era el 30 de enero de 1969. No se vendieron entradas y el griterío que ensordecía los estadios fue reemplazado por una admiración silenciosa. Sobre el edificio Apple, los Beatles (junto al pianista Billy Preston) tocaron tres veces Get back, dos Don`t let me down, y I`ve got a feeling, y una vez One after 909, y Dig a pony. Salvo Don`t..., todos esos temas quedaron incluidos en Let it be, el último disco editado por la banda.

El invierno y el viento se colaban por los micrófonos y entumecían los dedos. No tardaron en aparecer los fanáticos y debido al enojo de algunos, tampoco tardó la Policía. Ese 30 de enero de 1969, los Beatles se olvidaron del mundo. Pero el mundo estuvo -y está- muy lejos de olvidarse de ellos.

Sobre el tejado del edificio Apple, los Beatles ya pensaban en separarse. Las diferencias parecían irreconciliables, difícilmente soportaban verse para grabar. El concierto de la azotea -así quedó inmortalizado- fue la alternativa final, e improvisada, a un proyecto que tenía entonces la banda y que quedó frustrado por las divisiones internas: volver a tocar en vivo ante una gran audiencia. No pudo ser. Sin embargo, meses después, en septiembre, el disco Abbey Road era presentado.

Esa fue la última placa que grabaron "a la antigua", es decir, todos tocando al mismo tiempo. El disco es considerado como uno de los mejores del grupo (para muchos, "el" mejor, en una imposible compulsa que puede incluir Revolver, Sgt. Pepper`s Lonely Hearts Club Band o el que pasó a la historia como el "Álbum blanco"), y uno de los más logrados de la historia. Más sobre las grabaciones se puede oír en los bootlegs The alternate Abbey Road, The other way of crossing (Abbey Road Outtakes), y Anthology 3.

Se acabó el concierto, poco tiempo después se acabaron los Beatles. La Policía subió, y Lennon, británico y mordaz, entre aplausos bromeó: "Quisiera dar las gracias en nombre del grupo y de mí mismo. Espero que hayamos pasado la prueba". Fuente: El Comercio.

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