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Los artistas que transforman a Montevideo en una ciudad colorida

Algunos artistas callejeron han tomado paredes y muros de la ciudad como sus "lienzos" par una obra que está cambiando el código urbano

José Gallino, uno de los artistas urbanos consagrados se especializó en el retrato.
José Gallino, uno de los artistas urbanos consagrados se especializó en el retrato.

Lleva el pelo largo bajo una gorra con la visera vuelta hacia atrás. Coloridos tatuajes en ambos antebrazos, muñequeras, la holgada camisa a cuadros ondeando al viento primaveral. Su mirada vivaz está atenta a los detalles. Luego de una serie de mensajes finalmente conviene en encontrarse con Revista Domingo en la Plaza de los Treinta y Tres. La calle es su ecosistema y se mueve con soltura en él.

Mural de Gallino que homenajea a Carlos Páez Vilaró.
Mural de Gallino que homenajea a Carlos Páez Vilaró.

José Gallino (33) es uno de los artistas callejeros más buscados del momento. Sus impactantes retratos realistas han ido colonizando lentamente los muros de la ciudad. Ha dedicado su arte a hombres y mujeres uruguayos que han pasado a la historia por sus obras, escritores, pintores, músicos, la colección de rostros célebres ya ha superado la treintena.

Yo nací en la ciudad de Salto, soy salteño, ya de temprana edad pintaba con mi hermano mayor, que fue mi influencia en el arte. Mi hermano es artista plástico, sigue pintando cuadros y vive en La Paloma y está siempre investigando”, cuenta José con sencillez.

Tenía 26 años y su vocación por la pintura lo tironeaba constantemente mientras estudiaba y trabajaba. Llegó a Montevideo y un buen día un conocido lo “invitó” a pintar.

Vamos a pintar a la calle”, le dijo su amigo. Y desde entonces no paró. Pronto sintió que quería algo más que el grafiti a veces abstracto que abundaba en las paredes montevideanas. Y probó con un retrato. Le salió bien y continuó perfeccionando su técnica. Y así fue sumando retratos de celebridades: Omar Gutiérrez, Carlos Páez Vilaró, Eduardo Galeano, Ida Vitale, o artistas vivos contemporáneos como la rapera Vicky Styles (foto principal en esta página).

Y mientras recorre la ciudad va echando el ojo a sus potenciales “lienzos”. “Ya hay una medianera grande que tengo seleccionada. Más que nada pienso hacer una serie de mujeres de Uruguay, como Juana de Ibarbourou, como Delmira Agustini, pero también quiero pintar a Frida Khalo que ya es universal y representa mucho a la mujer”, explica Gallino.

Los proyectos no paran de llegar a las manos de Gallino. Prepara un mural con Chris Namús y promete algunas variantes como retratarla en pleno combate y una segunda imagen en primer plano. Acaba de pintar unas hermosas cabezas de león en el estadio Campeón del Siglo, contratado por la marca Puma. Y la lista sigue.

José Gallino, ahora un retratista consumado, ha logrado el estándar más deseado por un artista: puede vivir de su arte.

El año próximo viajará a Barcelona para cumplir otro sueño: pintar a Luis Suárez en un mural. “De salteño a salteño”, dice con una sonrisa de picardía.

El de Gallino, empero, es un caso de excepción. La mayoría de los artistas callejeros no han conseguido sustentarse por obra y gracia de su arte. Pero el arte callejero, un paso más allá del grafiti, es cada vez de mayor calidad y comienza a ser parte del paisaje montevideano.

Un mural de David de la Mano, ubicado en un edificio de Pocitos.
Un mural de David de la Mano, ubicado en un edificio de Pocitos.

Una invasión estética

El grado de desarrollo y aún de aceptación del arte callejero parece evidente. A juicio de uno de los expertos consultados parece como si de pronto se hubiera instalado la idea de que ya no pueden existir espacios vacíos en los muros citadinos.

Al menos así lo cree Fernando López Lage, artista visual, curador, director de la Fundación de Arte Contemporáneo y autor del ensayo El color Pharmakon (Estuario, 2018).

“Lo que se está dando en Montevideo, es una formulación esteticista, que recurre a imágenes reconocidas por todos y que encierran temas humanistas en su mayoría”, señala López Lage.

Sin embargo esta suerte de explosión de color parece sumamente controlada, dentro de unos márgenes muy civilizados. “Son limpios, no agreden la propiedad privada, no sé cómo se mantendrán o si serán un palimpsesto urbano en 10 años...eso veremos”, reflexiona.

La preservación de estas obras, algunas de ellas de gran calidad, suponen también un desafío. No hay restauradores como los que trabajan para los museos y su preservación queda librada a la voluntad del creador, a los embates de la naturaleza y al desarrollo urbano.

“El tiempo y las capas de la historia seguramente los transforme en algo arqueológico. Es como que alguien decretó un ‘basta de paredes vacías en Montevideo’. También pasa con los contenedores de basura, y muchas otras situaciones. La Intendencia de Montevideo ha cooptado muchas de estas expresiones para su propio beneficio. Al final, este arte callejero parece ser una cura para lo que los defensores del orden estético llaman vandalismo”, señala López Lage.

El artista y curador reconoce una larga tradición en varias formas de arte callejero, desde sus expresiones más primigenias en las décadas de 1960 y 1970, con un largo paréntesis en la dictadura que asfixió toda posibilidad expresión pública. Aunque alguna se coló en las paredes como manera de silenciosa resistencia. “El tag, el bombing, la crew y el vandalismo con comillas. Se autodefinían como escritores los que hacían tags o ponían frases. Están aún relacionados con el rap y la cultura del hip hop”, recuerda en tal sentido López Lage.

A la salida de la dictadura, en los incipientes retoños democráticos las intervenciones urbanas adquirieron la forma de afiches o stickers orientados a la protesta contra el consumo capitalista y la llamada “sociedad del espectáculo”. “Todo fue espontáneo, subversivo y básicamente anónimo, singular característica que deconstruye la autoría y ahí existe un punto que lo diferencia claramente con el arte institucional”, señala López Lage.

“El arte callejero en mi opinión está lleno de contenido, y es iconografía de la ciudad, palimpsestos, borrones, se regeneran, varían y no tienen pretensiones de trascendencia”, ensaya.

Una firma consolidada

Su nombre parece un seudónimo artístico, pero no lo es. Nació en Salamanca (España) y luego de casarse con una uruguaya eligió Montevideo para residir.

David de la Mano (44) responde a las preguntas de Revista Domingo mientras pinta un gran mural en un espacio de la ciudad de Arlington (Virginia, Estados Unidos) por pedido de la alcaldía de la ciudad. Varias de sus obras visten paredes montevideanas con su pintura características: siluetas, en general de animales con un estilo que ya comienza a ser bien reconocible junto a su firma.

“Mi experiencia pintando en Montevideo siempre ha sido muy positiva, Montevideo es muy gratificante, la gente percibe que estás dejando todo lo que puedes y lo sabe valorar. No es que decoremos la ciudad, creo que las obras son buenas cuando establecen un diálogo con la gente y generan una conexión que puede ser sutil, pero a veces es muy profunda”, dice De la Mano durante un alto en su labor.

El artista señala, además, un rasgo que siempre ha estado presente en toda forma de arte callejero o popular: la polémica. Con mayor soltura y pasión que en relación a las obras confinadas al espacio de museos y galerías, el público da su opinión sin ambages.

“Es verdad que mi trabajo a veces no se digiere fácilmente pero igualmente solo he recibido el calor de la gente durante estos años”, señala De la Mano.
El artista español reside en Montevideo desde 2013 y desde entonces aprendió a observar la curiosa “flora” de las paredes y muros de la ciudad.
“En Montevideo convive todo, ya sabemos: pintadas de fútbol, políticas, tags, murales, etcétera. En mi opinión, esa convivencia se tiene que dar puesto que la ciudad debe tener un espacio de participación de todos, aunque a veces el equilibrio es difícil”, reconoce.

Durante estos seis años, De la Mano vio emerger nuevos talentos, algunos más sólidos que otros, pero cada vez más visibles y consolidados como si fueran apoderándose de la trama urbana con mayor libertad. “En muy pocos años he podido ver emerger en Montevideo un enorme grupo de artistas, algunos muy jóvenes, con muchísimo talento y eso se puede constatar fácilmente paseando por las calles de la ciudad”, dice De la Mano.

El artista tiene la impresión de que, poco a poco, el público montevideano ha comenzado a disfrutar de las propuestas en estos improvisados lienzos callejeros. “Me da la sensación de que sí, que la gente disfruta y aprecia esta ‘transformación’ que poco a poco se está generando en las calles montevideanas a través de estas propuestas artísticas”, comenta.

Su estadía en Arlington se prolongará por unos días más. Antes estuvo en Washington haciendo otro mural, pero esta vez en el interior de la Embajada de España en la capital estadounidense.

Como David de la Mano, otros artistas y colectivos artísticos salen cada día en busca de un nuevo “lienzo”. Varias firmas ya comienzan a ser conocidas: Fiolence, Lälin, Zësar, Fulviet, Colectivo Licuado, Noel, Made. Este último es el seudónimo artístico de Martín Lorenzo, un artista autodidacta, como lo son muchos en esta corriente, que se ha destacado por sus murales a gran escala y con un estilo que él mismo ha definido como “infantil, violento y psicodélico”, como puede verse en su web.

Los grafitis dejaron de ser meros rayones que “ensuciaban” paredes para ir tomando otra dimensión. En silencio esta pintura parece ir adueñándose de las paredes de la ciudad.

Homenaje a Plef, artista urbano asesinado en circunstancias aún no aclaradas.
Homenaje a Plef, artista urbano asesinado en circunstancias aún no aclaradas.
Punto de vista

El código secreto de la calle

Celulares con cámaras y redes sociales que priorizan lo estético y visual. Un combo sencillo y un par de factores -entre varios más- que han hecho que el arte urbano en Uruguay tome más visibilidad. Las calles de Montevideo han sido tomadas por colectivos y muralistas que toman trascendencia por sus trazos pero también hay otros, fácilmente identificables, que tienen una obra poco “instagrameable”. Es que dentro del mundo del grafiti no todo es colores y estética. También existe otro mundo, que se mueve entre expresiones de protesta y ego, que se cataloga como grafiti vandálico o “vandal”. El tag es la forma de expresión más común de estos grafiteros. El tag es un garabato que representa el nombre del actor o su “crew” (grupo de grafiteros) y que se plasma en todas partes, paradas, paredes, muros abandonados o vidrieras de locales. El “vandal” es un tipo de grafiti de rebelión. Algunos lo usan como respuesta y demostración de que la calle les pertenece mientras que otros pintan por mero egocentrismo, ya sea por ser el que pintó más veces o lo hizo más alto. Generalmente este tipo de pinturas se hacen en la noche, a escondidas y de forma rápida. Es por eso que en las calles los tags son la abundancia, seguido por las bombas, tags pero con más dedicación, letras más elaboradas y generalmente hechos con dos colores. También existen las piezas, firmas que llevan más dedicación y tiempo, además de colores y complejidad. Así es como en los muros pueden coexistir pintadas bien vistas por la sociedad y otras comprendidas por un público de nicho. La aceptación o no depende de cada persona. A nivel legal, en Uruguay existen penas para los grafiteros que lo hacen sin autorización comprendidas dentro de la Ley de Faltas. Hay algo que los grafiteros tienen claro y es que la pintura en la calle es efímera. El grafiti vandálico tiene ciertas reglas para taparse pero más allá de ese reglamento interno, todos saben que las obras no son para siempre. Una pared se desgasta, el clima no es un aliado y siempre hay ideas nuevas, por lo que por más que una pintura coseche likes cada vez que se publica, puede borrarse de un día al otro de un par de brochazos. ¿Puede el grafiti ser considerado arte? Algunos creen que la calidad de las obras está a la par de las que se ven en galerías, mientras otros afirman que el arte está en los museos y el grafiti en la calle, fuera de ella deja de serlo. El debate, como el grafiti, sigue generando opiniones encontradas.

* Mateo Vázquez, periodista de El País, su tesis para obtener la licenciatura en Ciencias de la Comunicación fue sobre arte callejero.

La antigua cárcel de mujeres en Cabildo usada como mural en un festival.

La guía más completa sobre el arte callejero en Uruguay

La web StreetArtUy es el sitio más completo sobre el arte urbano o callejero de Uruguay. Este site fue creado en 2013 por Caro Curbelo, Santiago Alonso y Sebastián Borrazás con el fin de difundir en forma ordenada este peculiar acervo. El sitio dispone de un mapa interactivo en el que pueden ubicarse las obras en Montevideo, también en ciudades de Colonia, Maldonado, Soriano y Rocha. Fue declarado de interés turístico por el Ministerio de Turismo debido a que es una herramienta idónea para los visitantes. El año pasado se sumaron al sitio Justin Graside y Manu Rivoir en la tarea de difundir la obra de los artistas urbanos. El sitio está abierto a la colaboración del público. Puede encontrarse en él una breve reseña biográfica del grupo de artistas que tienen una producción activa en arte callejero. En cada referencia, además, se indica si el artista posee una página propia que puede consultarse. El sitio tiene también cuentas en Twitter (@streetartuy) y en Instagram (@streetartuy), donde también pueden seguirse las nuevas obras de los artistas que integran el movimiento.

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