Viaje a los orígenes

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HUGO FONTANA

ACTOR, DIRECTOR teatral y cinematográfico, dramaturgo y narrador, Ugo Ulive (Montevideo, 1933) partió a mediados de los 60 hacia Venezuela, donde aún reside. Acometió recientemente, con su libro Memorias de teatro y cine (Editorial Trilce, 2007 ) una suerte de autobiografía que promete continuar en dos próximos tomos. Por sus páginas transcurre la infancia y la adolescencia del autor, pero también la noción de un Uruguay profundamente distinto al actual.

Siendo apenas un niño, Ulive recuerda sus primeras declamaciones familiares bajo la tutela de un retrato a tinta china de José Stalin que su padre había colgado en una de las paredes del hogar. Se adentra luego en sus primeros pasos como actor, integrando el elenco del Teatro del Pueblo.

AFICIONADOS.

-¿Cómo funcionaba el Teatro del Pueblo?

-Era un patriarcado. Manuel Domínguez Santamaría lo había fundado en 1937 y era él, hombre culto y políglota, quien decidía su destino en todos los aspectos. Estaba rodeado por varias damas que se encargaban de las tareas más urgentes: una administradora, una secretaria y una asistente de dirección y productora pero al parecer, tal vez asesorado o aconsejado por sus muchos amigos intelectuales, era él quien todo lo resolvía. Ninguno de los integrantes del grupo opinó jamás sobre la elección de las piezas que figuraban en el repertorio. El concepto de "democracia interna" vino a originarse en El Galpón, donde todo se discutía colectivamente en asambleas, a veces agotadoras. Pero Teatro del Pueblo y casi todos los demás grupos de ese entonces funcionaban de esa otra manera.

-¿Cómo se estimaba desde el ámbito independiente la fundación de la Comedia Nacional en 1947?

-Justino Zavala Muniz fue el autor del proyecto y supervisó su funcionamiento durante muchos años. Contrató directores que ya conocía como Margarita Xirgu (que era aún una actriz extraordinaria y una pedagoga muy especial, pero no una directora) y Orestes Caviglia. Y formó un elenco integrado por actores de muy diverso origen, algunos provenientes del radioteatro y otros con diferentes grados de experiencia sobre los escenarios. Siempre mantuvo a la Comedia como un elenco aislado, los únicos profesionales verdaderos, puesto que vivían del teatro. Jamás se planteó la idea de invitar a algún director o actor del teatro independiente, esos eran "los otros" o mejor dicho "los aficionados". Por nuestra parte, la gente del teatro independiente aceptó esa realidad, aprendió de ella y llegó a deslumbrarse con algunos espectáculos del único director de talento que contrató Zavala, el maestro Armando Discépolo. Esto ocurrió durante los primeros años. Después, al retirarse Zavala, las cosas cambiaron. Por ejemplo Alberto Candeau dirigió un O`Neill en El Galpón y Atahualpa del Cioppo se incorporó a la Comedia para montar un Chéjov.

ACONTECIMIENTOS VERDADEROS. En plena adolescencia, Ulive participa en varias obras como actor de reparto, dentro de una generación que contaba entre otros con los nombres de Enrique Guarnero, China Zorrilla, Juan Gentile, Roberto Fontana. Pero pronto ocupa lugares de dirección y apenas con 26 años llega a hacerse cargo de una puesta en escena de la Comedia Nacional. Su labor lo cuenta también como uno de los fundadores del teatro El Galpón, ya en su ubicación inicial de Mercedes y Carlos Roxlo ("la barraca Zunino") hasta la construcción de la sala en su actual ubicación, 18 de Julio y Magallanes. Pero también Ulive incursionó en la dirección cinematográfica, entre otros, de los filmes Como el Uruguay no hay y Elecciones, de 1967, realizada junto a Mario Handler.

-¿Por qué el libro se detiene a mediados de los 60?

-El libro se detiene a principios del 60. ¿Por qué? ¿Qué respuesta sería preferible? Pongo a disposición varios lugares comunes: "se cierra un ciclo", "se inicia una nueva etapa", etc. Lo que puede leerse podría considerarse como el inicio de unas memorias más largas. Me seduce pensar en un segundo volumen que cubra los años en Cuba, mis posteriores devaneos por Europa y mi regreso al Uruguay, donde permanecí casi dos años. Durante ese lapso, aparte de reincorporarme a Secundaria y encontrarme con algunos alumnos brillantes, monté Sopa de Pollo, Romeo y Julieta y Los Caballos, y filmé Elecciones con Handler. Fui invitado a dirigir una obra en Venezuela y viajé a Caracas en diciembre de 1967. Aquí aparece una simetría que me atrae: el primer tomo termina a principios de diciembre del 60, cuando salgo para La Habana; el segundo terminaría a principios de diciembre del 67, cuando salgo para Caracas. Pero esto plantea un problema muy serio: cómo meter en un solo tomo, llamémoslo el tercero, toda la actividad caraqueña. ¿Debería incluir allí también mi paso por las cárceles de la dictadura uruguaya? Tal vez no, somos tantos los que sufrimos tortura y encierro, y eso es a la vez motivo de orgullo.

-¿Qué lo llevó a ejercer como profesor de Idioma Español en liceos montevideanos?

-La fundación del IPA en 1950 significó una opción estupenda para tantos estudiantes que, como yo, nos resistíamos a escoger las carreras universitarias. Fui miembro de la tercera promoción, que ingresó en 1952. Me atraía la literatura pero también me atraían los usos del idioma y un saber que me había fascinado desde siempre: la sintaxis. El IPA ponía a disposición de sus alumnos interesados en esos temas un grupo extraordinario de eruditos: el gran Anglais y Bovet, el profesor Piccardo y la muy especial profesora Larrobla. Estos dos eran los autores del libro de texto que me había hecho descubrir la materia. Pero además estaba el rumano-italiano Eugenio Coseriu, que fue mi profesor durante los cuatro años que duraba el curso y que dejó en mí una huella muy duradera. Se trataba de un erudito de categoría internacional, que hablaba sin dificultad más de veinte idiomas. Sus clases de latín, de Historia del Lenguaje y de Lingüística eran verdaderos acontecimientos que yo esperaba con impaciencia. Y además, de todos modos, la especialidad incluía varias clases de literatura, en las que conocí profesores muy brillantes como Guido Castillo y Carlos Real de Azúa.

GRAPPAS EN EL MOSTRADOR.

-¿Por qué se va de Uruguay en 1967, año en que un difundido compromiso político involucraba a casi todas las manifestaciones artísticas?

-Cuando salí para Venezuela, Uruguay era aún un país aparentemente tranquilo. El general Óscar Gestido estaba en la presidencia y prometía resolver los problemas; no sé cuántos Nostradamus imaginaron lo que se venía. Mi regreso se fue haciendo gradualmente más difícil, primero me echaron de Secundaria y después se negaron a renovarme el pasaporte. Sin embargo volví en 1975, y terminé preso.

-¿Qué Venezuela encontró a su llegada a fines de los 60? ¿Qué parentescos se pueden establecer con la Venezuela de Hugo Chávez?

-La Venezuela que encontré a fines del 67 era la Venezuela de la pax adeca, todavía con muchas heridas abiertas, todavía con mucha represión, todavía con focos guerrilleros. Sobre uno de estos focos publiqué, usando el seudónimo de Humberto Solioni, varias notas en Marcha y posteriormente, aquí, un largo reportaje en forma de libro, Memorias de la guerrilla venezolana, que también apareció en Les Temps Modernes. Acaba de ser reeditado por la imprenta del Estado venezolano y se vende muy bien, según me cuentan. Por aquel entonces Cuba era una mala palabra en Venezuela, por eso en mi primer año me empeñé en montar, contra el consejo de muchos, una obra del teatro cubano del momento, La Noche de los Asesinos. Las circunstancias precisas que decidieron mi permanencia en Venezuela están contadas de manera más o menos poética en mi obra teatral Reynaldo, que trata el tema del exilio glosando la biografía de Reynaldo Hahn. Todos los detalles se verán en el tomo 3, por supuesto.

-¿Qué opinión le merece el reciente otorgamiento de dos millones de dólares por parte del Estado uruguayo a El Galpón?

-Me parece un acto de estricta justicia la compensación que fue asignada a El Galpón. Ningún elenco logró la hazaña de permanecer activo en el exilio mientras su sala fue ocupada y deteriorada, sus archivos saqueados y hasta "el vestuario se apolilló". La asignación me parece poco, pudo haber sido el doble o incluso más.

-¿Qué cosas, 40 años después de su partida, sigue extrañando de Uruguay?

-Cierta luz, un aire, la rambla al atardecer, tantos amigos y amigas, las grappas en el mostrador (¡ahora casi ningún boliche del centro vende grappa!), las veredas del Reducto, algunas voces... Esto empieza a parecerse a un tango, discúlpeme.

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