Novedades sobre el gran escritor ruso

Vasili Grossman, un disidente en la URSS

Cartas, textos y documentos desclasificados agregan datos clave para entender la vida de Vasili Grossman, silenciado en la URSS por la KGB.

Vasili Grossman
Vasili Grossman por Sábat

Por qué volvemos una y otra vez a Vasili Grossman es un misterio. Pero seguimos armando el rompecabezas de su vida como un imperativo ético y moral —quizá para recuperar algo de cordura ante el griterío y el fango ético en que nos sumerge cada día Internet. Su papel como intelectual y narrador que quiso ser libre bajo la tiranía del totalitarismo soviético es una historia que se renueva a cuentagotas. Si bien Grossman tuvo más suerte que Isaak Bábel y otros miles de poetas y narradores fusilados por órdenes de Stalin, la lenta muerte en vida en que lo sumió la KGB hasta que falleció en 1964 logró borrarlo, tanto que apenas se lo tenía en cuenta en Occidente como parte del relato disidente, a diferencia de Alexander Solzhenitsyn.

Acaba de ser traducida otra pieza de ese rompecabezas, Cartas y recuerdos de Vasili Grossman, por su hijo adoptivo Fedor Guber. Son, en su mayoría, cartas intercambiadas entre Grossman y su familia a lo largo de etapas clave de su vida, ordenadas cronológicamente y comentadas por Guber. También hay extractos de los diarios de Grossman del frente de guerra, cartas de lectores y otros documentos valiosos desde el punto de vista histórico, llegados al libro por la reciente apertura de los archivos secretos de la KGB y la Lubianka. La edición del libro contó con el cuidado de Tzvetan Todorov, quien además escribió el prefacio. Todo ayuda a seguir profundizando en un escritor que creemos conocer, pero que se nos escapa, sobre todo en lo concerniente a su posición política, algo que tanto concierne a los lectores occidentales. Hace años el historiador inglés Antony Beevor nos vendió a Grossman como un comunista idealista, mientras ahora Todorov lo define en el prefacio como un socialdemócrata. Grossman nunca mostró avidez por definirse así, más allá del enorme valor que le otorgaba a los ideales de libertad, justicia y defensa del individuo. La escritura de narradores del talento de Grossman es inmune a cualquier intento de etiquetado o de manipulación política. Quienes han leído a Onetti lo saben.

Registro verdadero

Grossman escribió dos novelas clave para la comprensión de la vida en la Unión Soviética, Todo fluye y Vida y destino, obras que reflejan en toda su dimensión el heroísmo y la miseria, las paradojas, los grises y la corrupción del ser humano bajo circunstancias extremas. Ambas tienen ya su legión de admiradores en Rusia y en Occidente.

El papel de Fedor Guber en esta reconstrucción no es menor. El papá de Fedor, el escritor Boris Guber, fue fusilado en las purgas de escritores y poetas de 1937. Grossman era amigo de Guber, pero se había enamorado de su esposa Olga y ella lo dejó en 1936 —junto a sus hijos— para irse con Grossman. Boris los crio en soledad hasta que fue asesinado y ambos chicos terminaron en un orfanato. Grossman, lleno de culpa, logró poner a ambos niños bajo su tutela legal, y se los llevó para casa. Fedor confiesa en el libro que, desde que tiene seis años, llamó “papá” a Grossman. El fuerte vínculo filial y afectivo queda en evidencia en todo el libro, fotos incluidas.

Los capítulos recorren cronológicamente la vida de Grossman desde niño, la estadía en Suiza junto a su madre, luego el retorno, su amor por el fútbol (era hincha del Spartak, pero el traductor del libro en lugar de hincha prefiere el término “forofo”...), los estudios de química y su opción definitiva por las letras junto a la publicación de su primer relato, su encuentro con Maxim Gorki, su consagración como celebridad literaria en los años 30, y sus dudas sobre el rol del escritor a medida que se conocían las terribles consecuencias de la colectivización forzada de los años 30, con los millones de muertos por la hambruna, que luego sería una de las materias de su novela Todo fluye. Esas dudas se conocieron, y la policía secreta (entonces NKVD) —que todo lo sabía, apoyada en un sistema de delación muy eficiente— inventó la participación del grupo que Grossman frecuentaba en una conspiración para asesinar a un alto jerarca del Partido. Tras los duros interrogatorios y la ejecución de Guber y Bábel, entre otros escritores, Grossman se salvó de milagro. Los documentos del libro permiten seguir lo cerca que estuvo de morir, como si fuera una novela de suspenso.

Luego la guerra, su participación en todos los frentes contra los nazis en calidad de corresponsal del diario del ejército, su condición de celebridad (lo reconocían todos, soldados, oficiales, cocineros), y la notoria mejora en su salud (“se lo vio rejuvenecer y perder peso” cuenta Fedor), se verían matizados por la amargura de saber que Stalin lo había bajado de una lista para recibir un premio, por celos. Los textos y cartas referidos a la búsqueda de su madre que había quedado en Kiev (luego supo fue asesinada en 1941 junto a los 30 mil judíos de la zona), son estremecedores. Más tarde Grossman reconstruye la forma cómo los nazis los desplazaron a un gueto y cómo la mataron, tema que tendrá una texto dedicado a ella en El libro negro (Galaxia Gutenberg, 2011), compilado junto a Ilha Ehrenburg. En ese libro ambos llevaron un registro minucioso de los crímenes nazis contra los judíos. “La guerra y la posguerra nunca dejaron de recordarle a Grossman que era judío” escribe Fedor, en referencia al antisemitismo existente en la URSS. También dedica un capítulo a las notas de guerra de los cuadernos de su padre, esas que Antony Beevor tradujo y publicó hace años en toda su dureza, pero a los que Fedor les baja el tono. Dichas notas, por ejemplo, registran los excesos del Ejército Rojo en su avance por Europa, sobre todo la violación sistemática de las mujeres “enemigas”, tema que en esta selección apenas aparece. Es deliberado, pero no queda clara la razón. Quizá porque el asunto sigue siendo sensible para las organizaciones de ex combatientes soviéticos, quienes niegan la existencia de esas violaciones en masa. Pero Grossman las vio, las registró para la posteridad, y las mujeres víctimas lo saben, aunque de eso entonces no se podía hablar, ni tampoco hoy, parece.

Los últimos capítulos son los de mayor intensidad e interés histórico, pues refieren a la forma cómo Grossman y su principal obra, la novela Vida y destino, fueron silenciados por la KGB.

Escritor tendencioso

Grossman entregó el manuscrito de Vida y destino en 1960 a la revista Znamia para su publicación. La obra registra los excesos del estalinismo, la realidad de la vida en la Unión Soviética, y equipara al comunismo soviético con el nazismo. Grossman estaba preocupado. Sabía que Vida y destino era “una bomba de varios megatones de potencia” escribe Fedor.

Znamia, con esa bomba entre manos, la derivó a los “expertos” del Comité de redacción, pero solo a los que eran miembros del Partido Comunista. Quienes no, no la recibieron. Y los informes fueron lapidarios. Skórino advierte que “Vasili Grossman ha adoptado posiciones que, por el ideario que promueven, son enemigas de la ideología soviética y ha ofrecido un retrato deformado y tendencioso de la realidad”. Krivitski señala que “uno de los personajes de la novela dice: ‘Nuestra humanidad y nuestra libertad pertenecen al partido, son fanáticas y, sin piedad alguna, convierten a las personas en víctimas de una humanidad abstracta’”. Polikárpov, que instó a Grossman a presentar el manuscrito a Znamia, escribió que era “un compendio de maliciosas ocurrencias acerca de nuestra realidad y de sucias difamaciones del sistema político y social de la Unión Soviética”. Pero la KGB no iba a permitir que esto se resolviera a esos niveles. En carta del 22 de diciembre de 1960 le informó a Jruschov, sucesor de Stalin y hombre más poderoso de la Unión Soviética, que el libro tenía un marcado carácter antisoviético y que contenía “personajes monstruosos desde el punto de vista moral, además de profundamente infelices” y que trasmitía una filosofía donde “el comunismo no tiene derecho a existir debido a la crueldad con que trata a los seres humanos”; el libro también afirmaba que el antisemitismo aún persistía en la URSS, lo que era inadmisible.

Jruschov puso la bomba en consideración de todos los miembros del Comité Central del Partido Comunista. Mientras tanto Znamia decidió no publicar la novela y la KGB subía la apuesta, pidiendo la confiscación del manuscrito y todas sus copias existentes. Existía el peligro de que más gente lo conociera, y peor aún, que saliera de la Unión Soviética y fuera publicado en Occidente. Estaba el antecedente de Boris Pasternak y todo el escándalo en torno a la novela Doctor Zhivago y el Premio Nobel que se le otorgó en 1958. Doctor Zhivago fue sacada de la Unión Soviética y publicada en Italia en 1957, tras una rocambolesca operación donde participó la CIA junto a muchos voluntarios, descripta con suspenso por el periodista ruso Iván Tolstoi en La novela blanqueada (Galaxia Gutenberg, 2014). Boris Pasternak debió rechazar el Premio Nobel por las crecientes presiones del Kremlin.

Con Grossman no querían otro Pasternak, y eso lo salvó del arresto y el Gulag. Pero la ira mezquina de los burócratas anónimos de la era Jruschov caería sobre él. Fedor recuerda el día de febrero de 1961 en el que cuatro hombres se presentaron en el apartamento familiar para llevarse los originales. Un hogar que estaba bajo vigilancia, lleno de micrófonos. Al día siguiente la KGB elevó un informe al Comité Central del Partido donde señalaba que “en los días posteriores al registro, Grossman ha manifestado su opinión en su círculo familiar de que ahora será objeto de un seguimiento activo que podría acabar con su destierro de Moscú o, incluso, en su arresto”.

Grossman esperó un año y le escribió una larga carta a Jruschov. Estaba destrozado, la novela en la que había trabajado más de diez años estaba confiscada y sin posibilidad de publicación. En la carta, contra lo que era habitual, no renunció a nada. Encabezado con un “¡Querido Nikita Serguéyevich!” le relata los antecedentes y las presiones para que renuncie al contenido de la novela, que la modifique, que mienta, que se disculpe. “Yo no he arribado a la conclusión de que mi libro contiene falsedades. Lo que escribí en él es aquello que consideré y continúo considerando como la verdad. Solo escribí lo que antes había meditado, experimentado y sufrido. Mi libro no es un libro político. (…) hablé en él de la gente, de su dolor, sus alegrías, su confusión; hablé de la muerte”. Le confiesa su horror ante el hecho de que el libro le fue incautado de forma violenta, y el dolor que esto significa para él: “Ese libro me es tan querido como lo son para su padre sus hijos honestos”. Entonces remata: “Debemos a Turguéniev una acabada expresión literaria del amor que los rusos tenemos por la verdad, la libertad y el bien. Y no obstante su obra no fue jamás un mero eco de los discursos de los líderes demócratas rusos. Turguéniev siempre reflejó la realidad rusa a su manera, la manera que le era propia. Y así mismo, cada uno a su manera, un Dostoievski, un Tolstói o un Chéjov mostraron y padecieron en su fuero interno las bondades y las atrocidades de la sociedad rusa, las alegrías, el dolor, la belleza y las monstruosas expresiones que ésta en ocasiones adquiere. Con todo, ni Chéjov ni Tolstói fueron meros ilustradores de las ideas que propugnaban los líderes democráticos rusos. Cada uno de ellos tenía su propio espejo, uno que había pulido a su manera, y que se diferenciaba del que utilizaban los líderes revolucionarios. No obstante ni Herzen, ni Chernychevski, ni Plejánov ni Lenin se enfrentaron nunca a los escritores rusos, pues supieron ver en ellos a aliados y no a enemigos”.

La última frase de la carta dice: “Carece de todo sentido y es ajeno a toda verdad que yo permanezca en libertad, mientras el libro al que dediqué mi vida esté en prisión. (…) Pido la libertad para mi libro”. Grossman nunca lo vio publicado. El cáncer que le habían diagnosticado en 1961 parecía avanzar sin que él se resistiera, según un antiguo alumno. Falleció en setiembre de 1964 y a su velatorio llegaron pocos escritores y muchos lectores.

El manuscrito secuestrado por la KGB fue hecho público en presencia de la nieta de Grossman por el Servicio Federal de Seguridad (FSB) de la Federación Rusa en julio de 2013. Pero no aportó nada nuevo. La versión canónica de Vida y destino es la publicada en ruso en 1990, a partir de copias que Grossman escondió con la ayuda de amigos y lejos de la KGB.

CARTAS Y RECUERDOS DE VASILI GROSSMAN, compilados y comentados por Fedor Guber. Galaxia Gutenberg, 2019. Barcelona, 408 págs. Traducción de Jorge Ferrer.

Vasili Grossman
Vasili Grossman (primero a la izq.) en la Puerta de Brandenburgo, Berlín, 1945.

Gorila

Vasili Grossman llevó los llamados “Cuadernos de guerra”. La entrada del 2 de mayo de 1945, cuando capitula Berlín ante el ejército soviético, registra su presencia en el zoológico: “Entablo conversación con un anciano que lleva 37 años cuidando a los monos. Estamos ante la jaula en la que reposa el cadáver de un gorila.
Yo: ¿Era muy feroz?
Él: No, aunque pegaba unos rugidos tremendos. Pero los hombres son mucho más feroces.”

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