Un poeta latinoamericano

ROBERTO BOLAÑO

Para Efraín Huerta

Quisiera escribir cosas divertidas para ti.

De catástrofe y pequeñas tristezas

estamos hasta el cuello. Nada de

/imágenes,

tal vez labios, pelos, y una niña que juega

con el maletín de un médico. No sé,

Efraín,

qué paisajes decir ahora que estoy

/pensando

en ti. No sólo tu bondad me ayudó;

/también

esa suerte de honradez hierática, tu

/sencillez

al apoyarte en la ventana de tu

/departamento

para contemplar, en camiseta, el

/crepúsculo

mexicano, mientras a tus espaldas

/los poetas

bebían tequila y hablaban en voz baja.

Nuevas urbanizaciones Pesadilla

Ciudades nuevas con parques y juegos

/infantiles

y Grandes Supermercados...

En zona abiertas, en viejos pantanos,

/en haciendas

abandonadas...

Con guarderías y farmacias y tiendas

y pequeños restaurantes...

Y muchachas de 15 años caminando con

/ los ojos cerrados...

Alguien responde por todo esto,

debe haber un vigilante en alguna parte,

un panel de mandos...

Muchachas y muchachos conversando en

/las azoteas...

Voces delgadas que llegan en sordina...

Como escuchar a alguien que habla en la

/ carretera

sin salir de su vehículo...

Un poco adormilado tal vez...

Y es demasiado tarde para salir indemne

de la pesadilla...

El robot

Recuerdo que Platón me lo decía

y no presté atención.

Ahora estoy en la discoteca de la muerte

y no hay nada que pueda hacer:

el espacio es una paradoja.

Aquí no puede pasar nada

y sin embargo estoy yo.

Apenas un robot

con una misión sin especificar.

Una obra de arte eterna.

Gitanos

Insoportablemente libres, dice la voz.

Detrás del paisaje cercado, en la curva,

Junto a los matorrales, justo en ese hueco

Tuve el sueño de los cadáveres. Algo

Muy sencillo. Un montón de fiambres

En el atardecer. Pero entonces uno de

/ellos

Dijo: no te asustes, soy el libro de

Los gitanos, voy a revelarte dos cosas

Antes de seguir por la línea.

Te lo resumo: la libertad y la pobreza

Eran una bandera. La bandera de quienes

Cayeron en la curva.

Los años

Me parece verlo todavía, su rostro

/marcado a fuego

en el horizonte.

Un muchacho hermoso y valiente

Un poeta latinoamericano

Un perdedor nada preocupado por el

/dinero

Un hijo de las clases medias

Un lector de Rimbaud y de Oquendo

/de Amat

Un lector de Cardenal y de Nicanor Parra

Un lector de Enrique Lihn

Un tipo que se enamora loca-

/ mente

y que al cabo de dos años está

/solo

pero piensa que no puede ser

que es imposible no acabar reu-

/ niéndose

otra vez con ella

Un vagabundo

Un pasaporte arrugado y mano-

/seado y un sueño

que atraviesa puestos fronterizos

hundido en el légamo de su

/ propia pesadilla

Un trabajador de temporada

Un santo selvático

Un poeta latinoamericano

/ lejos de los poetas

latinoamericanos

Un tipo que folla y ama y vive

/aventuras agradables

y desagradables cada vez más

/ lejos

del punto de partida

Un cuerpo azotado por el viento

Un cuento o una historia que casi todos

/han olvidado

Un tipo obstinado probablemente

/de sangre india

criolla y gallega

Una estatua que a veces sueña con volver

/a encontrar

el amor en una hora inesperada y terrible

Un lector de poesía

Un extranjero en Europa

Un hombre que pierde el pelo y los

/dientes

pero no el valor

Como si el valor valiera algo

Como si el valor fuera a devolverle

aquellos lejanos días de México

la juventud perdida y el amor

(Bueno, dijo, pongamos que acepto perder

/ México y la juventud

pero jamás el amor)

Un tipo con una extraña predisposición

a sobrevivir

Un poeta latinoamericano que al llegar la noche

se echa en su jergón y sueña

Un sueño maravilloso

que atraviesa países y años

Un sueño maravilloso

que atraviesa enfermedades y ausencias.

El autor

ROBERTO BOLAÑO nació en Chile en 1953 y murió en España en 2003. Vivió un largo período en México, experiencia que alimentó su novela Los detectives salvajes y varios de sus cuentos y poemas. Escribió novelas: Estrella distante, Amuleto, Monsieur Pain, Nocturno de Chile, Amberes y 2666 (póstuma); y recopilaciones de relatos: Llamadas telefónicas, Putas asesinas, El gaucho insufrible y El secreto del mal (póstuma). Con su poesía ordenó una especie de obras completas en La universidad desconocida, de donde se tomaron estos poemas.

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