Un edificio con 100 años

César J. Loustau

"Los grandes edificios de hoy comportan un esqueleto, una estructura en acero o

en hormigon armado.

La estructura es al edificio lo que el

esqueleto es al animal".

Auguste Perret

EN EL Nº 25 bis de la rue Franklin de París, en el XVIème. arrondissement, Auguste Perret proyectó y construyó, entre 1902 y 1903, el primer edificio de apartamentos con estructura de hormigón armado.

Los hermanos Perret —Auguste (1874-1954), Gustave (1876-1952) y Claude (1880-1960)— heredaron la empresa constructora paterna, al fallecer el padre repentina y prematuramente. Por ello, muy jóvenes aún, debieron ocuparse del negocio familiar y hacerse cargo de las obras que estaban en curso de ejecución. Los dos mayores, Auguste y Gustave, que habían iniciado sus estudios de arquitectura en L’École des Beaux Arts, por esa razón debieron abandonar la carrera antes de culminarla. Ambos habían sido alumnos del famoso profesor y tratadista Julien Guadet, de manera que poseían una sólida formación teórica. Tempranamente, entonces, alternaron la elaboración de proyectos con la dirección de obras (propias o diseñadas por otros técnicos).

MATERIAL PROMETEDOR. Pronto, también, se interesaron por un nuevo material que había inventado un jardinero francés, Joseph Monnier: el hormigón armado. Este hábil floricultor —y "bricoleur" en sus ratos libres— había patentado, entre 1867 y 1878, un procedimiento para hacer maceteros más grandes que los habituales, aunque munidos de una increíble resistencia. Su innovación consistió en introducir una malla de hierro en el molde, antes de verter hormigón. Luego del descubrimiento empírico de Monnier, numerosos científicos y técnicos se dedicaron a estudiar el comportamiento y las posibilidades del nuevo material. François Hennebique, Paul Cottancin, Anatole de Baudot y muchos otros, fueron los pioneros en tales investigaciones; recién en 1906, se publicó el primer reglamento oficial francés, que sirvió de modelo a diversos otros en el mundo.

Sin embargo, el procedimiento fue visto con desconfianza y descreimiento en los medios académicos. Más aún: en una ocasión en que el ingeniero jefe del Métro de París, M. Bienvenüe, fue a dar una clase a L’École des Beaux Arts y eligió como tema de su disertación explicar las notables cualidades del hormigón armado, fue interrumpido por una batahola infernal de los alumnos que, al grito de "Tu nous prends pour entrepreneurs!" (¡tú nos tomas por constructores!), se retiraron airadamente del aula.

Este desprecio por el material que hacía irrupción se había extendido a la esfera comercial y bursátil: ningún banco concedía crédito para construir un edificio con estructura de hormigón por el temor que se viniera abajo. Por lo tanto, la empresa "A. Perret et Frères Architectes-Entrepreneurs", tuvo que financiar enteramente la construcción de los apartamentos de la calle Franklin. Hoy constituye un jalón de la arquitectura universal y un orgullo para Francia, pues marca el inicio de una forma de construir. Por ello se le declaró "Monumento Histórico". Por otra parte, la planta tipo es muy singular: hacia la calle se presenta en forma de "U", a fin de proporcionar mayor desarrollo de fachada —para dotar de más iluminación y ventilación a los ambientes—, evitando con ello establecer los siempre sórdidos "patios de aire y luz" internos.

Sin embargo, desde el punto de vista plástico el edificio no resulta original y es por eso que generalmente pasa desapercibido para la mayoría de los transeúntes. Perret no dejó el hormigón a la vista, sino que revistió las superficies con piezas cerámicas vidriadas con motivos florales (como lo hacían los cultores del Art Nouveau de la época).

UN DIBUJANTE FAMOSO. Pero, además, el edificio tiene otra connotación que lo hace doblemente famoso: en la planta baja, enteramente vidriada, tenía asiento el escritorio de la empresa de los hermanos Perret. Allí fue que acudió un día un joven suizo, de aspecto desgarbado, solicitando trabajo como dibujante: era Charles-Édouard Jeanneret, que se haría famoso bajo el seudónimo de Le Corbusier. En junio de 1907 había iniciado un periplo por diversas ciudades europeas, hasta finalmente arribar a París. En la Ciudad Luz entrevistó a diversos personajes en busca de trabajo, entre ellos, a los arquitectos Frantz Jourdain (autor de la tienda "La Belle Jardinière"), a Charles Plumet y a Henry Sauvage y, asimismo, a Eugène Grasset, reputado autor de afiches, muebles y tapices, quien le expresó que, a su entender, la arquitectura solamente podía salvarse de la decadencia que la había sumido el academicismo, gracias a un nuevo material: el "béton armé" y, en ese sentido, le aconsejó dirigirse a los hermanos Perret. Ni corto ni perezoso se encaminó a la dirección que le indicó munido de una carpeta de dibujos suyos bajo el brazo.

Auguste —que fue quien lo recibió—, quedó tan bien impresionado por las láminas que le presentó, que le dijo: "usted va a ser mi mano derecha". Catorce meses permaneció Le Corbusier trabajando cinco horas por día y asistiendo regularmente a L’École des Beaux Arts y a clases de Matemáticas y Estática —según consejo del propio Perret—, a fin de poder comprender mejor los métodos de cálculo del hormigón armado.

Finalmente, los derroteros de ambos se separaron. Con el tiempo, Perret fue considerado el "clásico" del hormigón armado, en tanto su discípulo encarnó al "revolucionario" y, también, al gran difusor y propagandista del nuevo material.

Cuando durante el curso de su construcción, Perret visitó la archifamosa "Unidad de Habitación" de Marsella, admirado por la obra de su ex discípulo exclamó: "Verdaderamente no hay más que dos grandes arquitectos en Francia... y tú eres el otro". l

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