Sin respuesta

Javier Cercas

A fuerza de puro estilo, el gran autor español intenta responder lo que nadie pudo.

HAY ESCRITORES que son buenos críticos, que se lucen como teóricos. Sus modos de leer la obra de otros suele ser original, caprichosa y refrescante y no necesariamente acorde a los preceptos de la academia. Los ejemplos abundan: Baudelaire, Chesterton, Borges, Octavio Paz. Es natural que, al discurrir sobre los libros de otros, al pasarlos por el tamiz de sus propios principios estéticos, el escritor exponga su poética personal. Lo que es más extraño o inusual es que un escritor elabore una teoría sobre su propia obra, que intente explicar cuál es el principio en el que se basan sus creaciones y que al hacerlo pretenda demostrar que el procedimiento que él utiliza es el mismo que han utilizado otros grandes escritores, el mismo que rige a todo un cúmulo de grandes novelas entre las que las suyas se vendrían a incluir. Es el caso de Javier Cercas en El punto ciego.

El mismo Cercas previene al respecto en el prólogo. Hablando de las sospechas que despiertan los escritores que ejercen de críticos, dice comprender algunas de ellas: "Sospechas de intentar monopolizar la interpretación de su propia obra, o de querer inducir una determinada interpretación... Sospechas de estar haciendo propaganda de sí mismo, de no hablar de lo que realmente ha hecho sino de lo que imagina que ha hecho, de lo que le gustaría haber hecho o por lo menos de lo que le gustaría no haber hecho."

LA BÚSQUEDA DE UNA RESPUESTA.

La tesis de Cercas es que hay toda una tradición de novelas grandes novelas innovadoras en cuyo centro hay un punto ciego, término que remite a la anatomía del ojo.

En nuestros discos ópticos hay un lugar que carece de detectores de luz. A través de ese lugar no se ve nada. No lo notamos porque el cerebro se encarga de suplir lo que el ojo no ve, rellenando el vacío. En el Quijote de Cervantes, en Moby Dick de Melville y en El proceso de Kafka, tres novelas que Cercas brinda como ejemplo, hay una pregunta, y la novela consiste en la búsqueda de respuesta a esa pregunta central. El truco es que la respuesta nunca es respondida. La respuesta que da la novela a esa pregunta acaba siendo que no hay respuesta, o que la respuesta es la propia búsqueda de una respuesta, el propio libro. En palabras de Cercas: "En el centro de estas novelas hay siempre un punto ciego, un punto a través del cual no es posible ver nada. Ahora bien, es precisamente a través de ese punto ciego a través del cual, en la práctica, estas novelas ven; es precisamente a través de esa oscuridad a través de la cual iluminan estas novelas; es precisamente a través de ese silencio a través del cual estas novelas se tornan elocuentes."

Esta fórmula se repite a lo largo y ancho de El punto ciego y de toda la obra de Cercas, que consiste de novelas, artículos periodísticos, crónicas. En un artículo dedicado a la ciudad de Sevilla escribe: "Sevilla era todo lo que yo había visto y había sentido y mil cosas más, pero sobre todo era un enigma sin solución, o cuya única solución es el propio enigma." En Anatomía de un instante, al describir un gesto de uno de sus personajes: "Es un gesto que significa porque no significa nada... Es un gesto que no contiene nada pero a través del cual, como a través de un vidrio, sentimos que podríamos verlo todo." La infatigable repetición de esta estructura semántica es la que comienza a causar cierta sospecha en el lector. Cabe preguntarse, entonces, si puede una misma teoría aplicarse a cosas tan disímiles como el género novelístico, una ciudad y el gesto de un personaje. ¿Se trata, acaso, de un mero juego de ingenio?

El punto ciego reúne las conferencias dictadas por Cercas en la Universidad de Oxford, por la cual fue invitado a ocupar la cátedra Weidenfeld de literatura, cargo en el que lo habían precedido figuras de la talla de Vargas Llosa, George Steiner y Umberto Eco. En ellas, el autor de Anatomía de un instante y Soldados de Salamina se entrega a elucubrar largamente sobre este único punto: el de la existencia de novelas que se hacen una pregunta y no la responden porque su respuesta es la mismísima pregunta. No es novedad que hay novelas en las que se plantea un enigma y el enigma nunca es resuelto. Las de Javier Cercas, para empezar. Anatomía de un instante trata sobre el fracasado golpe de estado en España en 1981 y se enfoca en el hecho de que el presidente Adolfo Suárez, su vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado y el secretario general del PCE Santiago Carrillo fuesen los tres únicos miembros del Congreso de los Diputados que no se escondieron bajo sus butacas del parlamento durante el tiroteo comandado por Antonio Tejero. ¿Por qué precisamente estos tres se mantuvieron de pie?, es la pregunta sin respuesta alrededor de la cual se teje la novela entera. También, por citar un ejemplo más distante, se encuentra El halcón maltés de Dashiell Hammett. Pero qué es el halcón maltés no es la pregunta central del libro, es nomás uno de los ganchos que sirven para cautivar la atención del lector, así como la pregunta central de Moby Dick no es, según propone Cercas, qué significa la ballena blanca, ni la pregunta central del Quijote es si Alonso Quijano estaba loco ni la de El proceso es de qué es culpable Joseph K.

VOCACIÓN DE ESTILO.

Esta teoría es, curiosamente, la parte menos atractiva y convincente de las conferencias de Javier Cercas. Lo que la hace poco atractiva es la seriedad, la ambición de erigirla como sistema con la que es planteada. Cercas vendría a ser el tercero en discordia de un triunvirato conformado, además, por Roberto Bolaño y Enrique Vila-Matas, quizás los más exitosos y prestigiosos novelistas de habla hispana de los últimos veinte años. Herederos del modernismo, herederos de Duchamp, amantes de los juegos metaliterarios e intertextuales y de la cruza de géneros, preocupados por abrir nuevas rutas literarias, por romper viejos moldes, las teorías literarias planteadas por Bolaño y Vila-Matas funcionan mejor porque se acercan más a la diatriba, en el caso de Bolaño, y al juego empedernido en Vila-Matas. Ambos están lejos de la actitud profesoral que exhibe Cercas en este libro, que a pesar de todo no deja de ser interesante, especialmente cuando discurre sobre la función de la ironía en la novela, su naturaleza omnívora, las relaciones entre lo ficticio y lo real, y sus conceptos sobre la figura del intelectual a comienzos del siglo XXI, exhibiendo todo el tiempo una incansable y rocambolesca vocación de estilo.

EL PUNTO CIEGO, de Javier Cercas. Literatura Random House, 2016. Buenos Aires, 144 págs. Distribuye Penguin Random House.

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