África también existe

Quijotada de la editorial Empatía: traer autores africanos que nadie conoce a las librerías uruguayas

Marcela Carbajo ha debido sortear numerosos obstáculos, entre ellos el de las traducciones

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Scholastique Mukasonga, autora de <b>La mujer descalza</b>, es <i>la</i> novela sobre el genocidio en Ruanda
(foto Ludovic Péron)

por Gera Ferreira
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Empatía es la primera editorial de Argentina dedicada a difundir la heterogeneidad de voces que componen el —hasta ahora— desconocido universo de la literatura africana en Latinoamérica, más allá de algunos nombres conocidos como J.M. Coetzee o Chimamanda Adichie. Creada a comienzos de 2018, la editorial está desembarcando lentamente en Uruguay, con libros nuevos y algunos no tanto, por ejemplo La mujer descalza (2018) de Scholastique Mukasonga, más cerca Peces tropicales (2022) de Doreen Baingana, y el lanzamiento más reciente, En compañía de los hombres (2023) de Véronique Tadjo. Su creadora Marcela Carbajo, Licenciada en Letras en la Universidad de Buenos Aires, conversó sobre la llegada de estos libros.

Creo hablar por muchos lectores cuando digo que no conocía a ningún autor del catálogo.
—Es que no estaban traducidos. La mujer descalza es el más vendido, porque Scholastique Mukasonga es ruandesa y es bastante conocida. Estuvo nominada hace poco al National Book Award 2022, que finalmente ganó Samanta Schweblin.

¿Son las primeras traducciones al español de estas autoras?
—Sí, acá y en España.

¿Todas novelas?
—Bueno, excepto la Antología de escritores africanos contemporáneos (2018), y Peces tropicales de la ugandesa, que son cuentos, el resto sí.

Un panorama variado.
—La idea de la editorial es difundir literatura que no hay acá. Salvo Chimamanda Ngozi Adichie —que ahora es como una rockstar mundial— había un gran vacío.

Chimamanda tiene desde libros hasta charlas TEDx.
—Sí, además estuvo en primera fila en el desfile de Chanel, o sea...

Toda una diva ya.
—Entonces, como hay muy poco, nos propusimos traerlos. Además es muy loco porque en África leen bastante literatura latinoamericana.

No era recíproco.
—Claro, acá no conocíamos a casi ningún autor africano. Hay ciertas barreras de entrada también. A la gente le decís literatura africana y te dice mmm...

Entre exótica y remota.
—Y después los leen y no. Obvio que tienen sus problemáticas, el tema del colonialismo, por ejemplo, que para ellos sigue muy latente.

Son otras historias. ¿Cómo han sido estos primeros años?
—Empezamos en 2018, hace relativamente poco. En 2019 comenzamos a publicar y en el 2020 tuvimos un parate por la pandemia y se apagó. Luego retomamos con todo y este año tengo un calendario cargado de publicaciones porque ya había adquirido los derechos y tengo que sacarlos.

Contactos, manuscritos.
Imagino que no fue de la noche a la mañana, pero ¿cómo te fuiste contactando con los autores para contarles tu idea?
—Al principio fue muy complicado. Si bien estudié Letras, no sabía mucho de literatura africana. Lo primero que hice para la Antología fue buscar relatos que hubiesen ganado premios en Europa, EE.UU. y en África.

Claro, los destacados.
—Sí, de a poco les fui escribiendo y se re engancharon, me mandaron manuscritos, me pasaron contactos. La verdad es que en ese sentido fue genial.

Hubo generosidad, además de interés.
—Claro. Muy agradecida con ellos porque yo no tenía ningún libro publicado y me apoyaron desde el inicio. Y nos está yendo bien, veremos ahora en Uruguay qué pasa.

Estuvieron en la Feria del libro de Argentina con un lugar en el pabellón azul, ¿no?
—Sí, es el segundo año. Justo se acercaron algunos editores y libreros uruguayos y ya nos pidieron que trajéramos todo el catálogo.

En cuanto a distribución dentro de Argentina veo que están no solo en Buenos Aires sino también en provincias.
—Sí, estamos en muchos lugares, y ahora empezamos en Chile con una cadena grande. Igual yo entiendo a las librerías, eh. Son muy reacias a tomar libros de editoriales chicas, nuevas, porque es verdad, tienen mil cosas, no saben si las van a vender, pero no me pasó.

Tal vez ahora haya mayor visibilidad de esa diversidad.
—Sí. Además el uruguayo es lector, y es una literatura que no ha estado disponible. De hecho he tenido que mandar libros para una universidad de aquí, y además está el Centro de Estudios e Investigaciones Afro (CEIAF).

Traductores del árabe.
¿Cómo te manejaste con las traducciones?
—Mirá, los escritores del continente africano escriben en inglés o, en general, en francés. Trabajo con dos traductores de inglés que son buenísimos y, por ejemplo, la traductora Sofía Traballi se encargó de La mujer descalza en francés y resultó genial, porque es Licenciada en letras, traductora y antropóloga.

Cubre varias áreas.
—Te soluciona muchas cosas. Los derechos de ese libro en Francia los tiene Gallimard.

Y de la versión en español...
—Yo. Y en algún momento de mi vida, cuando esté más tranquila, me encantaría hacer otra serie pero con Medio Oriente, que tampoco hay nada.

Sería importante.
—El gran problema son las traducciones, porque no hay muchos traductores del árabe y además cobran carísimo. Y yo tampoco puedo leer el original, entonces tengo que confiar en la traducción en inglés de ese texto, y ahí es difícil.

Es muy interesante este acercamiento a un territorio dando a conocer su producción literaria.
—Sí. Totalmente. Por eso también el proyecto se llama Empatía, porque la idea es generar un conocimiento más afectivo y humano sobre estos lugares. Porque vos podés googlear y enterarte del genocidio en Ruanda, pero lees una historia de una mujer que pasó la infancia ahí en los años previos y te cuenta cómo vivían. De esa forma lo entendés de otra manera, y se comprende desde otro lugar esa cruda realidad.

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