Personajes y despedida

Dani Umpi cultural Julio Inverso 20070706 330x395
Dani Umpi

JULIO INVERSO

Hölderlin y sus amigos

HÖLDERLIN SALIÓ del manicomio, con sus rizos de niña que confundían a las flores, más loco que antes. A corretear las manecillas del reloj de la torre más alta, a prestar sus dientes a los engranajes, a dar un paso gigantesco en el siglo, a bautizar los prados en la majestad de la escarcha. Hölderlin habló a los bebederos, demorándose siempre más en la caída de la tarde. Y disparó flechas en la noche. No añadió más versos a su gloria que salía del horno ya lista para la cena. No imploró ni derramó llanto a las Parcas para que le concedieran una primavera de poesía y dejó su laurel a cargo de los niños, que lo escucharon repetidas veces en el tocadiscos. En su ruta solitaria encontró a Artaud y juntos se atragantaron en el bar a hot-dogs y carcajadas. Se pusieron de acuerdo en odiar el apelativo "obras completas". Artaud lo convidó con su morfina a lo que Hölderlin respondió con su néctar particular. Y allá se fueron por el horizonte, haciéndose pequeños y escandalosos, encontrando a otros locos santos. Van Gogh, que ahora pintaba en verano, Mahler, con una batuta de caramelo y su irremediable cara de beatle en ayunas. Hölderlin les enseñaba, entusiasmado, sus medallas y a todos decía: Adiós, locos suicidados, adiós. Brahms

Brahms

YO SOY JOHANNES Brahms, músico alemán. Tened en cuenta los meteoros que hay extraviados en mi barba, cumpliendo su plan sideral y gritando como niños en el parque. Hoy he tocado una sonata ante un auditorio de 40 personas y no había un solo príncipe, un solo magistrado, ni siquiera un funcionario del estado. Quedémonos con ella, podemos prescindir sin riesgo de los otros 39. Ella escuchó mi sonata. Mis manos viajaban por el teclado como si se enredaran lentamente en su vello, como si buscaran sus oscuridades, la cercanía de su humedad y el calor de su corazón tembloroso. Clara, Clara. Por qué calles habrás caminado ese día, cuando declinó el sol, con tu rostro de hoja perfecta y oscura, con tus hombros de nieve saliendo de un espejo? Voy a escribir para ti la página más hermosa que jamás mujer haya inspirado a un artista. La tocaré ante ti sin decirte nada y, al finalizar, me levantaré del piano y te miraré a los ojos. Estoy seguro de poder leer en ellos toda la gratitud que necesito para seguir adelante en el amor y en la música (las dos cosas son para mí lo mismo). De qué vale mi gloria, el laurel y los aplausos si tú no estás conmigo? Quieres que renuncie a componer? Te vendrías conmigo a un lugar del fin del mundo, a tenderte para toda la eternidad debajo de un árbol y mirar juntos el cielo, disfrutando de nuestra lenta felicidad como una lluvia de flores pequeñas?

Oh Clara, qué cruel ha sido la vida con nosotros. Mira mi melancolía, he hablado tanto con mi música y sin embargo no puedo hablarte y palidezco, mis piernas flaquean y mi corazón se enloquece. Pobre de mí. Jamás terminaré de arrepentirme de no haber tenido valor. La vida está privada de algo sin nuestra felicidad y es una lástima, Clara, porque tú y yo somos semejantes a los dioses. Pero coraje!, coraje Johannes! ¿Qué eres tú? ¿Un hombre o un ratón? Soy un hombre, pues. Un artista! Y uno de los mejores de mi tiempo y de mi patria. En mí gravita la chispa divina. Ved el himno azul de mis violines, las geografías de mi música, las banderas triunfales que mece mi orquesta. Escuchadla siempre pues es todo lo que queda de mí. Estoy viejo, estoy cansado. Voy a ir a mi sillón preferido, el que está junto a la biblioteca, donde he pasado mis inviernos leyendo poesía y viendo las oscuras ramas abatirse contra los cristales de la ventana y me voy a repantigar allí, mi cuerpo tranquilo y quieto rumbo a lo desconocido navegando por las nubes hacia un destino irrevocable, navegando en mi sillón. Quizás esta última imagen les diga algo. Mi último opus habla de la muerte. Y yo, Johannes Brahms, paso por vuestro cielo, navegando en el río de las nubes con una sonrisa invencible y tranquila, con los meteoros que revolotean en mi barba. Paso y paso, navegando en mi sillón. Último poema

Último poema

VOY A ESCRIBIR un libro hermoso. Una portentosa historia de amor a la antigua usanza, con letras altas, elegantes como jóvenes espigas, en páginas de piedra que cincelaré con el esfuerzo de mis brazos. Un talismán para tus manos delicadas, que prodiguen color, música y perfumes a tu casa, una casa en el fin del mundo, quizá junto al mar. Para que a nadie le enseñes lo escribiré en el lenguaje de nuestros nervios, aquella extraña lengua que nos susurrábamos al oído. Así volveremos a estar solos tú y yo y el océano. Será un libro místico, un arrullo infinito, un monumento definitivo que celebre, para toda la eternidad, tus ojos emocionantes.

El autor

JULIO INVERSO nació en Montevideo en 1963 y se suicidó en 1999. Hizo estudios de Medicina y publicó en vida cuatro libros de poesía, que ejerció tanto en verso como en prosas breves: Falsas criaturas (1992), Agua salvaje (1995), Milibares de la tormenta (1996) y Más lecciones para caminar por Londres (1999). Fundó con amigos en 1984 la Brigada Tristán Tzara, que pintó los grafitis más originales que vieron las calles de Montevideo. Fue la figura emergente de toda una generación "subterránea". Se ha ido conociendo su obra inédita en recopilaciones sucesivas: Cielo genital (2001), Diarios de un agonizante y Vidas suntuosas (2004), Traje de noche y otros salmos para vestir la luz (2006) y Los furiosos pétalos de la muerte (2007), al que pertenecen estos poemas.

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