Modelo siciliano

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MERCEDES ESTRAMIL

ALGUNOS escritores han sido públicos casi a su pesar: el caso paradigmático es Kafka, rescatado de la muerte literaria por su amigo Max Brod. También están los que han hecho un éxito del ocultismo: Pynchon, Salinger, Traven. Pero a no engañarse: el porcentaje más amplio corresponde sin duda a los miles de escritores caseros que llevan manuscritos a editoriales y son rechazados, o realizan pequeñas publicaciones en pequeñas editoriales, o tienen una o dos apariciones pasajeras en medio de un gran silencio. En raras ocasiones la muerte trae una segunda oportunidad. Quizá el caso más fresco en la memoria de escritores ignorados en vida y famosos después de muertos sea el del estadounidense John Kennedy Toole. Después de que todas las puertas editoriales que golpeó para colocar su novela se le cerraron y se suicidó, tuvo que ser su madre, abnegada si las hay, quien logró publicar y usufructuar las ganancias de La conjura de los necios.

Un caso similar y reciente es el de la italiana Goliarda Sapienza. Con ese nombre extravagante que no parece cierto, esta siciliana de origen humilde acaba de destellar en las pasarelas literarias francesas, con una novela terminada hace treinta años, El arte del placer. Contemporánea de Natalia Ginzburg y de Elsa Morante, Goliarda Sapienza publicó en vida cuatro novelas que pasaron al olvido, del mismo modo que su breve experiencia cinematográfica, con un papel secundario en Senso (1954) de Luchino Visconti y en alguna película de su pareja de entonces: Francesco Maselli (director entre otras de Los indiferentes, 1964, basada en la novela homónima de Alberto Moravia). Murió en 1996 sin saber que la hora de la revancha llegaría con su más resistida creación.

HIJA DE TIGRA. Goliarda nació en Catania en 1924, cuarta hija del abogado Giuseppe Sapienza y octava de la sindicalista Maria Giudice, que tenía ya cincuenta años cuando la tuvo. Giudice había sido una personalidad en el campo de las ideas socialistas, directora de El grito del pueblo, diario donde colaboró el teórico marxista Antonio Gramsci, y Secretaria del Partido Socialista Italiano en Turín. Allí fue encarcelada en 1917 por protestar contra la guerra y, liberada tras una amnistía general, terminó dando mítines políticos por toda Italia. En Sicilia conoció al futuro padre de Goliarda, descendiente de aristócratas en quiebra, con quien vivió en unión libre como con su anterior pareja. La Segunda Guerra Mundial minó el entusiasmo de Giudice, que comenzó un período de crisis psiquiátricas y murió en 1953 acompañada por Goliarda.

En un ambiente familiar antifascista, feminista y ateo, esa hija de la madurez se vio en problemas para encontrar su propio camino. Siendo adolescente se marchó a Roma a estudiar arte dramático, y, aunque obtuvo papeles menores, ni el escenario ni la cámara le duraron. En 1967 descubriría una nueva vocación al publicar la novela Lettera aperta y dos años después Il filo di Mezzogiorno, las dos autobiográficas. También se basó en su vida para la tercera, L` Universitadi Rebbibia, publicada en 1983, en la que narraba su experiencia carcelaria. Cierto que no fue a prisión por una razón tan edificante como la de su madre, sino por robo: Goliarda hurtó las joyas de una amiga rica, y ésta la denunció. No era el único signo de declive. Ya había tenido intentos de suicidio e internaciones psiquiátricas, y aunque publicó otra novela, La certeza de la duda (1987), su autoconstrucción como escritora no alcanzó la proyección deseada. Entre 1967 y 1976 escribió el que consideraba su gran libro, El arte del placer, pero ninguna editorial se interesó en publicarlo. Podía tener algo que ver el hecho de que su protagonista y en gran parte narradora, Modesta, fuera un personaje al revés del nombre: maquiavélica, torrencial, insaciable sexual y políticamente, alumna precoz y maestra brillante en todas las artes de seducción. Y que el libro tuviera casi ochocientas páginas. Fue su esposo Angelo Pellegrino quien peleó la edición completa (se habían publicado avances en 1994), luego de publicarle también otra novela encajonada, Destino coatto, en 2002. Por fin en 2005 L`arte della gioia fascinó a los franceses y regresó a Italia como regresan los hijos pródigos.

AMORES LIBRES. Con Modesta, Sapienza creó una heroína a la medida de sus aspiraciones no cumplidas. Una mujer capaz de lograr lo que se propusiera y de cambiar a su favor los peores contextos con una vitalidad excepcional o con estrategias evasivas como ponerse a llorar o dormir días enteros o fingir un suicidio. La protagonista de El arte del placer nace el primero de enero de 1900 y narra su vida en cuatro grandes secciones, desde la infancia hasta el inicio de la vejez, casi sin salir de Catania (Sicilia) pero siempre informada de la marcha del mundo: las Guerras Mundiales, los fascismos de derecha e izquierda (Mussolini, Hitler, Stalin), los libros que se escriben, las grandes teorías explicativas (el psicoanálisis, el marxismo), la revolución feminista. La vida de Modesta seduce porque es rica en experiencias y porque está abordada desde un discurso liberador, que desconoce la culpa y el fracaso y pone proa adelante siempre. El estilo directo y la facilidad y abundancia de los diálogos se suman a ese impulso, revelando una Goliarda con pericia de dramaturga o guionista. Sobre todo en las primeras doscientas páginas, la novela se sostiene firme.

Los primeros veinte años de Modesta, que nace en un hogar humilde, sin padre, y con una hermana que sufre mongolismo, muestran su clara determinación hacia el placer. El primero lo descubre masturbándose en la niñez y conquistando a un campesino mayor. La llegada de la pubertad le da el coraje y la fantasía necesarios para fraguar un giro dramático en su vida, que la lleva a un convento donde aprende las ventajas de instruirse y algunas más. Una de las habilidades de Modesta es el modo en que almacena y utiliza la más variada información; de ese modo logra salir del convento hacia la villa de una rica familia aristocrática. A los dieciocho años, casada con el heredero enfermo de esa familia, se convierte en la Princesa Brandiforti, dueña de palacios, tierras y obras de arte. Su filosofía: "ser cautos con el poder". Y no desperdiciar ocasión erótica con hombres o mujeres de cualquier extracción social que lleguen a la isla. A la manera del Orlando de Virginia Woolf, pero sin cambiar de sexo y sabiendo que no vivirá cuatrocientos años, Modesta no se impide nada a sí misma (excepto el incesto, que también amenaza).

Es aquí donde el libro empieza a revelar fisuras y un reconocible aroma a tesis y lección de vida confunde los tantos. La dificultad para manejar demasiados personajes a base casi exclusiva de puro diálogo, también se pone de manifiesto a medida que el árbol genealógico de los Brandiforti y allegados crece. Recién en la cuarta parte de la novela, cuando Modesta es encarcelada durante cinco años, la dureza de la reclusión vuelve a revelar a la guerrera del principio, experta en simular y manipular. Y cómo no, tampoco en cautiverio le cuesta mucho encontrar amante.

Goliarda Sapienza trabajó diez años en esta novela poblada de guiños a su vida: por ahí aparece mencionada María Giudice, un personaje lleva el nombre del primer compañero de su madre (Carlo Civardi), varios intentos de suicidio evocan los propios, la pasión teatral de algunos personajes es la suya, el temor de Modesta a ser esclava de la escritura es el suyo, y hasta la profusión de niños que pasan por la novela recuerda que Goliarda tuvo muchos hermanos pero ningún hijo. Crió y perfeccionó, sin embargo, esta novela imperfecta, enamorándose demasiado de su personaje y transformándolo en un modelo femenino contracorriente, el ejemplo de la mujer del mañana, todopoderosa y feliz, libre de ataduras represivas. Una ilusión nacida del excesivo placer, en todo caso.

EL ARTE DEL PLACER, de Goliarda Sapienza. Editorial Lumen, Barcelona, 2007. Distribuye Sudamericana. 767 págs.

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