La muerte como parte de la vida

Elvio E. Gandolfo

CUANDO ERA YA un sociólogo formado, el autor sufrió dos pérdidas graves: la muerte de su padre en 1940 y más tarde la de su madre en Auschwitz. Invadido por la furia, se dedicó durante dos años al boxeo profesional, y dejó de escribir durante una década, en la que se psicoanalizó y se formó como terapeuta, según el prólogo de Fátima Fernanda Christlieb. En 1982 publica este libro, compuesto por dieciséis pequeños apartados, y un apéndice. El tema central no ha hecho más que revelar, al acentuarse, la agudeza de su visión en los casi 30 años transcurridos desde entonces.

Para Elias sólo en los seres humanos es un problema morir. Pero a lo largo de la historia conocida, la muerte pasa de ser un hecho social y familiar (contemplar cadáveres en descomposición no era infrecuente), a un progresivo apartamiento y eliminación higiénica de sus aspectos desagradables. El resultado paradójico es que los seres humanos sienten que mueren hoy más solos que antes.

Incluso el avance de la sociedad que destaca al individuo como centro reprime o censura inconscientemente el contacto físico con el moribundo, la expresión de las emociones, y alarga a veces décadas una vida en un mundo solitario y apartado, donde el afectado es depositado a la espera de su demorada partida. El prólogo lo sintetiza así:"En el Renacimiento las viudas y las madres recibían en sus brazos el cuerpo de sus esposos o hijos como lo reproduce Miguel Ángel en sus esculturas; hoy los médicos y autoridades civiles entregan el cadáver a los técnicos de las agencias funerarias".

El propio Elias destaca a su vez cómo se han ido controlando los excesos de violencia: los gladiadores son reemplazados por partidos de fútbol, ya no hay personas ahorcadas, descuartizadas o sometidas a tormento que sean centro de espectáculos públicos. Y subraya lo que podría parecer obvio: "La muerte es un problema de los vivos. Los muertos no tienen problemas".

Más adelante observa que el ocultamiento de la muerte y sus efectos ha pasado a ser comparable al que antes escondía el sexo. Parte del rechazo viene de la conciencia de que la muerte de los demás es premonitoria de la propia; además una reacción frecuente es creerse inmortal. Esos datos y tendencias terminan en el ocultamiento y aislamiento de los moribundos.

Elias dedica parte del libro a manifestar sus críticas a un libro famoso, Estudio de la muerte en Occidente, de Philippe Ariès, a su juicio incorrecto por el modo en que extrae conclusiones sobre la muerte de fuentes literarias, y no de la propia realidad. Para él, imagina así un mundo antiguo de serenidad ante la muerte, cuando en realidad primaban ideas espeluznantes, como la larga serie de infiernos de la Edad Media.

Los sucesivos capítulos van estructurando la idea de que tal vez enfrentar la muerte como es tienda a aliviar el aislamiento y soledad de los moribundos. "El ethos del homos clausus, del hombre que se siente solo, tocará pronto a su fin cuando deje de reprimirse la muerte, cuando se incluya este hecho en la imagen del hombre como una parte integrante de la vida".

El estilo de Elias es claro y bien articulado en la exposición de sus ideas para cada capítulo. Un apéndice titulado "El envejecimiento y la muerte: algunos problemas sociológicos" amplía los ejemplos. En la base está la preocupación por la pérdida de los elementos humanos en el sentido más básico, físico, proceso que hasta hoy no se ha detenido.

LA SOLEDAD DE LOS MORIBUNDOS, de Norbert Elias. Fondo de Cultura Económica, 2009. México, 139 págs. Distribuye Gussi.

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