La metamorfosis

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OSCAR BRANDO

NO ES LO QUE el lector de Ian McEwan esperaría luego de Sábado. Pero si se mira la fecha de publicación de estos cuentos -1994- se caerá en la cuenta de que se está ante una traducción demorada. El mundo de McEwan, siempre amenazado por poderes imprecisos, se dulcifica un poco. Las fuerzas escondidas que acechan, lo hacen aquí como sueños infantiles y, sobre todo, como delirios positivos, aleccionadores, que ayudan a crecer. El final es el propio libro que estamos leyendo: Peter Fortune, niño lunático y soñador, "cuando se hizo adulto se convirtió en inventor, escritor de cuentos y llevó una vida feliz". La fórmula de fábula contrasta con la impresión que el resto de la obra de McEwan deja: tanto cuando el miedo proviene de zonas imprecisas (Entre las sábanas) como cuando surge de lugares demasiado evidentes (Sábado) la tarea del escritor no se postula como el feliz exorcismo de esos demonios.

En las nubes tiene, como la novela picaresca, la estructura del libro en collar. El mismo personaje, Peter Fortune, protagoniza siete aventuras elaboradas como cuentos independientes que se engarzan en un hilo. Al modo de las fábulas clásicas, también los cuentos de McEwan contienen una enseñanza más o menos moralizante. La gran distancia con aquellas es que McEwan no se olvida de los detalles realistas y del mundo interior del personaje. De esa forma logra una cruza aceptable y, casi casi, una puesta al día de los relatos infantiles tradicionales: se hace cargo de que los cuentos deben servir como descargas emocionales de los miedos y representar los conflictivos ensueños de la niñez (Bruno Bettelheim) y al mismo tiempo quiere acercar la anécdota al presente con detalles reconocibles por los lectores actuales.

El primer aspecto adquiere nitidez en "Las muñecas". No ha habido, por el momento, exceso de Chuckys que haya hecho decaer el terror que causa la animación de la muñeca. Freud lo explicó en su trabajo "Lo siniestro" a partir del cuento de Hoffmann "El arenero". Cuando un cuerpo inanimado adquiere vida despierta en los hombres el terror regresivo: los movimientos mecánicos del autómata interrogan el aparente caos y la libertad de las acciones humanas. Las contorsiones descontroladas de la epilepsia abonan la incertidumbre. Al mismo tiempo hacen difícil diferenciar lo humano de lo que no lo es. El cuento "Las muñecas" propone, además, una compleja y perversa proyección simbólica. Peter otorga vida en su fantasía a las muñecas de su hermana y sufre la misma mutilación que la Muñeca Mala, tullida y asexuada, convirtiéndose en ella.

El cuento "El gato" es un buen ejemplo de la sutileza de McEwan para manifestar los deseos infantiles. Todas las mañanas, cuando tiene que salir para la escuela, Peter envidia el ocio imperturbable del gato William. Hasta que un día consigue lo que anhela: vivir durante un día adentro de su minino. También la posibilidad de hacer desaparecer a sus padres y a su hermana en un domingo rutinario ("La crema disolvente") dramatiza una de las recónditas fantasías infantiles que tan sagaz y tenebrosamente pusieron en escena los cuentos de hadas.

No todos los finales son logrados y a veces repugna la reiteración del procedimiento: en el cuento "El bebé", que es una moralización inteligente, se recurre al mismo mecanismo que en "El gato" y eso lo desgasta. Todas son metamorfosis, tal como anticipa el epígrafe de Ovidio que preside el libro. La más singular es la del cuarto cuento, "El matón", en el que Peter desmonta su miedo y la petulancia de un compañero de escuela al que todos temen, sin otra herramienta que cambiar de convicción. Melancólico es el último cuento en el que Peter sueña que ya forma parte del mundo adulto; aunque como niño lo ve aburrido, descubre que tiene experiencias inadvertidas.

Ni desagradables ni imprescindibles, con un toque demasiado ingenuo por momentos, En las nubes resulta una metamorfosis en la literatura de este apreciado escritor inglés.

EN LAS NUBES, de Ian McEwan, Anagrama, Barcelona, 2007. Distribuye Gussi. 147 págs.

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