Fuego lúdico

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Pedro da Cruz

MICAELA PERERA (Montevideo, 1970) es artista visual y docente. Comenzó a practicar la cerámica desde joven. Estudió escultura con José María Pelayo y pintura con Rodrigo Fló. Desarrolla su actividad docente en los talleres del Museo Torres García, donde muestra obras recientes en la exposición "Caminantes del aire".

APRENDIZAJES.

-¿Cómo fue tu formación como ceramista?

-Yo soy hija de Eva Díaz, que era ceramista, por lo que mamé la cerámica desde chiquita. Viví todo el proceso de aprendizaje y de realización de obras de mi madre. Y en un momento, a los 20 años más o menos, decidí también ser ceramista. Antes había querido hacer escenografía y luces en la Escuela de Arte Dramático, donde estudié un año, pero la cosa no fue por ahí. Entonces me volqué a la cerámica, y aprendí algo con mi madre, y la técnica de torneado con Mariana Soler. Después continué, de una forma muy autodidacta, con estudios y pruebas hasta que terminé haciendo rakú. Cuando inauguramos los talleres del Museo Torres García en el año 2000 nos propusimos con Mariana Soler empezar a investigar la técnica del rakú, una técnica que habíamos "heredado" de mi madre, ya que su experiencia de intensa investigación nos influyó mucho. Cuando mi madre falleció me costó retomar su experiencia, era un terreno que estaba como vedado para mí. Pero cuando empezamos a dar clases en el Museo Torres García de a poco fuimos estudiando la técnica, hasta que finalmente nos decidimos a desarrollarla, y actualmente es la técnica que más me interesa.

-¿Por qué es tan interesante el rakú?

-Porque es la técnica cerámica que te permite mayor expresividad. Es una técnica milenaria, de origen oriental, proviene de Corea. Después se extendió a Japón y China. Se usaba para hacer pequeños cuencos empleados en la ceremonia del té. Los participantes de la ceremonia hacían su cuenquito, lo dejaban secar al sol, lo esmaltaban, y luego lo ponían en el horno. Cuando el esmalte llegaba a la temperatura de fusión, se sacaba la pieza incandescente, usando pinzas de hierro, y se la ponía en un tacho con agua. Al entrar en contacto con el agua el esmalte se enfriaba de golpe, lo que detenía el proceso. Cuando un occidental se interesó por la técnica se le ocurrió en cambio introducir el objeto en un tacho con viruta de madera. Eso cambió la historia del rakú, ya que la intervención del humo produce una reducción del esmalte. Entonces todos los óxidos que le dan color a la pieza se metalizan. Se generan grandes contrastes entre el negro del material y el esmalte, con un resultado muy diferente del obtenido con los métodos del rakú original. Yo me interesé mucho por el rakú cuando viví de cerca cómo mi madre se relacionaba con el fuego y el momento de sacar la pieza del horno, un hecho sumamente emocionante y divertido, lúdico, ya que estás como jugando.

Con la experiencia que dan los años de práctica uno puede controlar el resultado, lo que también es muy emocionante. Algunas veces hay fracasos, y otras veces alegrías. Tiene una interacción muy dinámica. Es una vivencia muy linda, que nunca te va a cansar.

ESPACIO Y PLANO.

- ¿Y escultura, con quién estudiaste?

-Con José María Pelayo. Empezé en 1992, y fui su alumna durante dos períodos, en total muchos años. Su enseñanza fue también un proceso de vida y de investigación. Gracias a él conocí muchos materiales.

-Tú pintabas hace muchos años.¿Pintás ahora?

-Sí, siempre me gustó dibujar y pintar. Cuando tenía 18 años empecé a estudiar con Anhelo Hernández. Hice un año con él, pero no sé qué pasó, en ese momento no fue. Después de veinte años retomé la pintura en el taller del Museo Torres García con Rodrigo Fló. Entonces comencé a entusiasmarme mucho con la pintura, porque era algo pendiente. Y ha sido impresionante, un proceso muy lindo. Siento que lo que me aportó la pintura complementa lo que estaba haciendo en escultura.

-¿Cuándo comenzaste a enseñar cerámica?

-En 1995, dando clases en mi casa. Desde el 2000 enseño en los talleres del Museo Torres García, que armé con un grupo de artistas, Pelayo y Gabriel Bruzzone entre otros. Comenzamos con talleres de pintura, escultura y cerámica, y luego agregamos un taller de vitral. Doy cursos de cerámica tradicional y rakú. Pero creo que me voy a terminar especializando en rakú, porque me gusta más.

CAMINANTES.

-Tu actual exposición se titula "Caminantes del aire". ¿Cuál es la idea tras el título?

-El nombre de la exposición surgió porque la mayoría de las piezas que muestro tienen movimiento. Yo trabajo mucho ensamblando cerámica con hierro, madera, y otros materiales. Y he ido elaborando el tema del movimiento en las esculturas. El título "Caminantes del aire" se refiere a algo sólido que a la vez interactúa con el aire. Creo que el movimiento (ojalá la gente pudiera moverlas, pero me lo prohibieron en el museo para que las piezas no se fueran a romper) acerca mucho el espectador al objeto. Mirás algo que se mueve, que tiene como una vida propia. Uno se puede identificar con las piezas, ya que tienen algo de humano.

-¿Cómo surgen los títulos de las obras?

-Anteriormente no ponía títulos, aunque tenía sensaciones e ideas concretas relacionadas a las piezas. En un momento me surgió la necesidad de darle al espectador algún tipo de guía, de pista, y no presentarle solo la obra. Al nombrarlas también le aporto algo a las piezas. Como a la pieza con hileras verticales de formas que titulé "Lluvia de hojas". Las pinturas tienen títulos en japonés. "Irimi nague" es una técnica de aikido que practico hace dos años, y el nombre significa "entrar hasta el infierno sin dudar y salir victorioso". Pinté la obra un día que había practicado, y tiene que ver con las penas. Kokyu se refiere a la capacidad casi mágica del manejo de un oficio que se adquiere gracias a una larga práctica, un concepto que no existe en español.

-Mostrás simultáneamente pinturas, relieves y esculturas. ¿Cómo se complementan esas expresiones?

-Es un proceso, de unas piezas salen otras, ideas que se van transformando en otras ideas. Ahora siento que lo que hago es totalmente escultura. Hace unos años, cuando estaba en el taller de Pelayo, empecé a trabajar con papel, al que le daba pátinas y armaba sobre estructuras de mimbre. El resultado fueron lámparas con formas escultóricas.

Para mí eran esculturas, pero se podían usar, con una luz que les daba algo muy mágico. En mi exposición anterior, "Puertas interdimensionales", fue la primera vez que mostré piezas en las que había integrado elementos de rakú, entre otros materiales, a las esculturas. En un momento sentí que el proceso de integración de materiales también tenía que ver conmigo como persona.

En lo que muestro ahora he integrado pintura, cerámica y escultura, todas las técnicas con las que trabajo, y que me interesa desarrollar.

-¿Qué representan los conos de Espiral de la vida?

-Úteros. Las ideas tras la obra se refieren al agua de donde surge la vida misma, y al cuenco contenedor. Representa la continuidad de la vida, y es un homenaje a las mujeres. La escultura es un espiral con conos de gres que contienen agua, representación de los úteros de mis antepasados femeninos.

-En tu familia siempre ha habido mujeres muy fuertes.

-Sí. Tal cual, esa es la explicación. [Risas. Micaela Perera es bisnieta de Manolita Piña de Torres García y nieta de Olimpia Torres de Díaz Yepes].

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