por Luis Fernando Iglesias
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Un chofer de camiones queda sin trabajo. Como solución temporal consigue empleo como conductor de una camioneta que transporta escolares. El recorrido será por las calles del barrio Atahualpa de Montevideo. Cada día el chofer recoge a niños y niñas que están listos para ir a la escuela. Al finalizar el horario de estudio, los esperará a la salida y los devolverá a sus hogares. En esos viajes intercambia algunas palabras con sus jóvenes pasajeros y habla lo imprescindible con quienes los entregan y reciben cada día. Mientras conduce, poco a poco intentará relacionarse con ellos sin descuidar su principal objetivo: que nunca lleguen tarde a clase. Los viajes se sucederán día a día, salvo los fines de semana, en un mes de invierno.
En esta primera novela de Juan Andrés Acosta (Paysandú, 1973) con la que ganara el Premio Nacional de Literatura en 2022, los capítulos siguen el orden cronológico de esos días. La relación con los menores cambia, poco a poco, mientras algunas características particulares de cada uno se revelan. Con el paso de los días, esos breves intercambios tomarán diversos sentidos y sugerirán historias que se esconden en las vidas de esos menores, fuera del trayecto escolar.
Los personajes de reparto que aparecen, una y otra vez, en la ida y el retorno a la escuela, son elementos que utiliza Acosta y dan un acertado complemento a los viajes casi siempre tranquilos que realiza el protagonista. A pesar de ello hay algún hecho de tinte fantástico, la presencia amenazante de un hombre que vive en la calle, un problema mecánico que complica la llegada a la escuela, una mujer idealizada, el apuro por jugar un número a la quiniela, el clima que cambia al otro lado de las ventanillas de la camioneta. Todo ocurre en el mundo exterior que, por unos minutos, queda fuera del ambiente de cada viaje, con celulares, figuritas o juguetes que entretienen a los pasajeros hasta llegar a destino.
No hay un desarrollo cambiante de la historia ni un desenlace inesperado. El relato atrapa por su tono y por la pericia del autor para incorporar mínimos cambios, aunque se sepa que cada día, el trayecto de ida y vuelta a la escuela será parecido. Acosta se revela como un solvente narrador que sabe sugerir sin revelar demasiado, y contar una buena historia casi a media voz.
ATAHUALPA, de Juan Andrés Acosta. Estuario, 2023. Montevideo, 117 págs.