El viaje al vago Oriente

Oscar Brando

LA CRÍTICA lo zamarreó sin piedad. Pero ya se sabe, hay mucha envidia. Clarín de Buenos Aires, a propósito de la traducción de El apicultor, lo trató de escritor de aforismos empalagosos, de una literatura didáctica llena de verdades, copia imperfecta de Coelho y Baricco. Por su parte, en las contratapas de las novelas editadas por la catalana Anagrama se recogen, como no puede ser de otra manera, los más desaforados elogios: "joya", exquisito", magnífico", "misteriosa limpidez". Mientras se distribuye la cuarta edición de su primera novela Nieve circulan las más recientes El violín negro y Opio. A los 35 años, el francés Maxence Fermine promete ser uno de los próximos escritores estrella de la literatura europea. ¿Lo logrará?

LA LEVEDAD. Sobre la mesa de trabajo de Italo Calvino quedaron, en el momento de su muerte, cinco de las seis conferencias que pensaba dar, al mes siguiente, en la Universidad de Harvard. Era 1985 y Calvino creyó oportuno dejar Seis propuestas para el próximo milenio. La primera de esas conferencias trata sobre la levedad. Calvino considera ese rasgo una virtud. Comienza recordando a Perseo, que decapita a la Medusa montado en sandalias aladas y evita que el monstruo convierta en piedra todo lo que mira. Termina iluminando la relación entre el vuelo y la levitación y la necesidad de alcanzar lo que no se tiene. Para mostrarlo Calvino acude al cuento de Kafka "El jinete del cubo", en el que un personaje sale montado en su cubo a pedir carbón para no morirse de frío. Su vuelo en el cubo vacío y su fracaso para conseguir quien se lo llene construyen una oscura parábola, como todas las de Kafka, profundamente suscitadora de una reflexión sobre los hombres, sus necesidades y sus vínculos de dependencia. "Creo que este nexo entre levitación deseada y privación padecida —escribe Calvino— es una constante antropológica". Este dispositivo antropológico es lo que la literatura perpetúa.

O no. La literatura puede simular hacerlo y en realidad ni rozar cualquier imperativo antropológico. Fermine parece convencido no solo del valor de la levedad sino también del de la rapidez, segundo de los temas que Calvino pensaba desarrollar en sus conferencias americanas. La tentación por el cuento de hadas lo lleva a construir historias sencillas, maravillosas, exóticas, didácticas. Pero no siempre logra superar la simple imitación de las formas externas del cuento folclórico.

PRIMEROS LIBROS. Nieve es su obra más primitiva, aquella en que la intención de lograr efectos con la frase corta, la elisión de datos, el salto temporal más se percibe. "Un día de abril de 1884, Yuko cumplió diecisiete años. Al sur, en Kyushu, comenzaban a florecer los primeros cerezos. En el norte de Japón, el mar estaba todavía helado". El joven Yuko, apasionado por los haikus, se hace discípulo del maestro Soseki, el artista ciego que le enseñará que el color no está afuera sino en el interior de cada uno. El viaje lo guía hacia la perfección espiritual: descubre la poesía, el amor y la muerte. En el camino de la montaña Yuko se enamora del cadáver congelado de una mujer que resulta ser Nieve, la esposa de su maestro. "La joven era funámbula y su vida seguía una sola línea. Recta.", reza todo el capítulo 27 del libro. Nieve se despeña de un cable tendido entre dos picos y su cuerpo se pierde en el abismo hasta que Yuko lo encuentra. El joven poeta lleva a su maestro a morir junto a Nieve y obtiene el amor de Copo de Primavera, la hija de ambos.

El violín negro deja el lejano Japón y se instala en la Europa de fines del siglo XVIII. Acude, sin embargo, a uno de los "exotismos" de moda: la música. Como en Nieve, la historia central aparece como un relato que le cuentan al protagonista. Este es, desde su infancia, un virtuosísimo violinista. Joven, se enrola en el ejército y llega a Italia, la tierra de la ópera, en 1796, con la campaña de Napoleón. Herido en el campo de batalla se aloja en Venecia en la casa de un luthier, autor del misterioso violín negro. La historia de este violín se abre paso cuando el protagonista oye cantar una voz sobrenatural en una iglesia. El luthier le cuenta que construyó el violín negro para igualar la voz y la forma de esa mujer, a quien conoció y amó. La imitación perfecta terminó absorbiendo la vida de la cantante. El toque vampírico crea un clima gótico que incluye finalmente al violinista: escribirá una ópera como culminación de su vida, pero terminará destruyéndola. Sin embargo con eso encuentra la felicidad y alcanza la muerte: "Y nadie supo nunca que había sido un genio".

EXOTISMO ORIENTAL. Opio, la novela más reciente, reitera el motivo central de las anteriores. En ella también una figura femenina, de misteriosa presencia y diabólico poder de seducción, decide el derrotero del protagonista. En este caso lo desvía de la inocente ruta del té a los tenebrosos caminos del opio, porque la mujer que seduce al protagonista es la mismísima Opio. Tal como era Nieve, en la primera novela, el nombre de la mujer muerta que atrae, necrofílicamente, al joven poeta de haikus, Opio será en esta novela la que obligue al protagonista a asomarse a otra muerte, el oscuro abismo de la droga. Según el párrafo que cierra el libro "su largo viaje por un río prohibido le había conducido de la dulzura verde del té a la negrura del opio. Y le había permitido comprender que la vida es un opio del que no se cansa uno nunca". Fermine hace algo más compleja la historia de Opio, incorporando al misterio oriental (Opio es una aventura de comercio británico en la China de principios del siglo XIX) cierto suspenso policial.

Los lectores de Seda pensarán, con razón, que el orientalismo, el recurso de la mujer misteriosa que guía al protagonista y el clima feérico con resonancia didáctica de las aventuras de los relatos de Fermine están tomados de la exitosísima novela de Baricco. Hasta podría pensarse en la influencia del tema musical, planteado en Novecento por el italiano, sobre El violín negro. Pero, tal vez, más que esos dos aspectos deba señalarse la coincidencia en la ligereza con que los dos escritores deciden escribir estas historias. En su explicación sobre la "Rapidez" Calvino exigía al relato un ritmo narrativo que condujera, más que los hechos, la sucesión de imágenes que se encadenan velozmente. Pero además de esa economía, ritmo, lógica esencial, interés estilístico y estructural exigía Calvino el descubrimiento de un sentido que en su conferencia anterior había llamado "necesidad antropológica". Podría pensarse que en Seda o en Nieve se simulan con asombrosa perfección las virtudes que enarboló Calvino sin que esa asimilación exacta provoque la conmoción que pedimos a la literatura.

Por ahora, un lector común y corriente puede leer entera la obra de Maxence Fermine. Sabido el profesionalismo con que estos escritores asumen su tarea, en poco tiempo será imposible tal alarde. No es exagerado pensar que la literatura que practica Fermine genera dos tipos de lectores extremos, que marcan antípodas del gusto literario. Sus más decididos defensores son aquellos que, enemigos o fatigados de experimentaciones narrativas, quieren arrobarse ante un texto que se desliza y se deja gozar; que parece abrevar en la simplicidad del cuento popular y que no intenta someterlos a penosas interpretaciones. Sus más enconados detractores apuntan a la previsible, inconsistente o falsamente profunda sabiduría oriental de esa literatura y, aun, a su impostación de fábula moral. No se registran abstenciones.

NIEVE (edición francesa 1999). Edición en español, Barcelona, Anagrama, 2003, 105 pp.

EL VIOLÍN NEGRO (edición francesa 1999) Barcelona, Anagrama, 2002, 133 pp.

OPIO (edición francesa 2002) Barcelona, Anagrama, 2003, 163 pp.

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