El desafío de crecer

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Daniel Mella

A COMIENZOS DE la década del `60, la editorial neoyorquina Crowell-Collier Press persuadió a algunos autores famosos de que escribieran cuentos para niños de primero de escuela. Por algún motivo, esto implicaba la extraña limitación de 798 ítems de vocabulario (palabras). El poeta Robert Graves figura entre los que usó más: 338. El laureado Louis Untermeyer fue quien precisó menos, 179. Untermeyer fue también el encargado de reclutar al resto de los talentos. Entre ellos: el crítico Mark Van Doren, los poetas Thedore Roetke y Conrad Aiken, la novelista Premio Nobel Pearl S. Buck y los autores teatrales Erskine Caldwell y Arthur Miller. La colección pasaría a llamarse Modern Masters Books for Children. Algunos de estos libros son recordados con cariño por quienes fueron niños en Estados Unidos en aquella época, pero ninguno de ellos alcanzó estatus de clásico y su edición se vio discontinuada, al punto de que al día de hoy es prácticamente imposible encontrarlos en librerías de nuevo o de viejo.

En el año 2010, la editorial Tusquets de Barcelona, decide publicar La Manta de Jane, el libro que forjó Arthur Miller (430 palabras). El cuento, resumido por el autor, trata de "una niñita que con tristeza ve cómo su gran manta rosada se va haciendo más y más pequeña a medida que ella crece y crece. Finalmente Jane vuelve a ser feliz cuando los hilos de su manta pasan a calentar un nido de pajaritos recién nacidos." Fue publicado originalmente en 1963, el año de nacimiento de su segunda hija, Rebecca Miller, pero está dedicado a Jane, su primogénita, que por entonces rondaba los veinte. De creerle al Critical Companion to Arthur Miller -volumen publicado por la Biblioteca del Congreso cuyo propósito es académico, de consulta y de divulgación-, La Manta de Jane es una "lección metafórica" sobre cómo Miller desea que su hija perciba la relación entre ellos. La manta vendría a representar al padre, cuya importancia en la vida de la hija naturalmente disminuye con el tiempo a medida que la hija pasa a interesarse en otras cosas.

Más allá de lo debatible de esta interpretación tan específica, La Manta de Jane es, en efecto, un libro acerca de lo que significa crecer en general y de lo que significó crecer en Estados Unidos en un período muy particular. Este último aspecto lo supo captar Al Parker al decidir no mostrarnos nunca la cara del padre ni de la madre de Jane y al dibujar a la niña, en el momento en que están midiendo su primer estirón, mirando a cámara con un cochecito de juguete y la bandera estadounidense en la mano izquierda.

El autor. Arthur Miller es el autor teatral estadounidense más famoso del siglo pasado, una especie de voz de la conciencia para el pueblo norteamericano tanto por el carácter de denuncia o de espejo que tuvo su obra -donde destacan Muerte de un Viajante y Las Brujas de Salem- como por sus actividades en la órbita social y política. Protestó con vehemencia contra la guerra de Vietnam, luchó a favor de los escritores oprimidos del mundo entero a través de la asociación internacional PEN, se negó a dar nombres al Comité de Investigación de Actividades Antiamericanas y tuvo una notoria relación amorosa con Marilyn Monroe con subsiguiente escándalo.

Nada de esto tiene importancia alguna para el niño, que va a disfrutar del largo inusual del libro, de la suave belleza del arte y de la ternura real de la historia.

Tampoco le importará al niño el hecho divulgado luego de la muerte del popular autor, de que éste había borrado por completo a su cuarto y último hijo Daniel de su vida, entregándolo a una institución del estado a una semana de su nacimiento por tener el síndrome de Down. Además, Miller se negaría a visitarlo por más de treinta años y jamás admitiría su existencia públicamente, ni siquiera en su testamento (aunque en documentos sellados Daniel fue nombrado heredero en igual calidad que sus hermanos). La periodista Suzanna Andrews publicó un artículo con los resultados de su investigación del caso en el número de setiembre del 2007 de la revista Vanity Fair. Puede ser de interés para un adulto porque es un buen artículo, digno de uno de los medios de prensa más prestigiosos de un país que gusta someter a sus ciudadanos ilustres a un examen moral. En este caso, el sujeto en el banquillo es, en sí mismo, un moralista de vocación. Un hombre que no se cansó de hablar de la responsabilidad del hombre para con su prójimo. Que según Tony Kushner padeció la "maldición de la empatía." Que en sus memorias escribió que lo que define a un personaje es la clase de desafíos a los que no puede dar la espalda, y aquellos desafíos a los que ha dado la espalda y le causan remordimiento.

La mención del suceso cabe en esta nota sobre La Manta de Jane porque hace resonar ciertas armonías que de algún modo parecen completar un mensaje. En el libro infantil, es el padre sin cara quien instruye a la hija acerca de la nueva utilidad de su manta. En la vida, especula Suzanna Andrews, es el padre quien se perdió la oportunidad de educarse y crecer a través de una relación responsable con su hijo. De hecho, luego del nacimiento de Daniel en 1966 Miller no escribió nada que se aproximara a la grandeza de sus obras anteriores, y la periodista se pregunta si en esta relación trunca no residirá la clave de su obra maestra jamás escrita.

LA MANTA DE JANE, de Arthur Miller. Tusquets, 2010. Barcelona, 62 págs. Distribuye Urano.

El Ilustrador

AL PARKER (1906-1985) se ganó el apodo de Decano de los Ilustradores por su trabajo como publicista, diseñador gráfico y dibujante para revistas y medios de prensa como Collier`s, Vogue, Sports Illustrated, Lady`s Home Journal y el Saturday Evening Post. Norman Rockwell, quizás el más oficial de los ilustradores norteamericanos (le fueron encomendados retratos de Eisenhower, Kennedy, Johnson y Nixon, por ejemplo), le escribió una carta en 1948, a los cincuenta y cuatro años: "Querido Al, Esta es la segunda carta que escribo como fan en mi larga carrera. La motiva tu sublime ilustración en la página 34 del último Ladies` Home Journal. Es sencillamente extraordinaria. Tu maravillosa creatividad, gusto y versatilidad. Mientras el resto de nosotros está compenetrado en un estilo, tú estás siempre cambiando e improvisando. Le has traído más frescura, encanto y vitalidad a la ilustración que cualquier ilustrador vivo. Ahora al fin lo he dicho y me siento mucho mejor porque hace mucho, mucho que vengo creyéndolo. Sinceramente, Norman."

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