El amor en la globalización

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JULIAN BARNES es el más prolífico del grupo de escritores que Jorge Herralde, su editor en castellano, llamó el "british dream team". Nacidos entre 1946 y 1954, Martin Amis, Ian McEwan, Kazuo Ishiguro, Hanif Kureishi, Graham Swift y Julian Barnes aparecieron en los años 80 como la generación más prometedora y talentosa de la literatura europea de fines del siglo XX. Editados por la colección Panorama de narrativas de Anagrama -la "colección amarilla"- se conocieron en castellano casi contemporáneamente a su aparición en Inglaterra.

Acorde con la discreción de su perfil personal, la carrera de Barnes ha sido menos mediática que la de su ex amigo Martin Amis, pero segura y constante, con diez novelas -entre ellas la muy exitosa El loro de Flaubert- tres libros de cuentos, uno de memorias y un inclasificable tomo que tiene a la gastronomía como tema central aunque no sea, en rigor, un libro de cocina. El año pasado obtuvo el Man Booker Prize por una nueva novela -The Sense of an Ending- cuya traducción al castellano se anuncia para los próximos meses. Mientras tanto, circula su último libro de cuentos -Pulso- un volumen dispar que contiene sin embargo media docena de piezas que exhiben algunas de sus mayores virtudes.

Entre el pesimismo y la nostalgia. Las relaciones de pareja en la más estricta contemporaneidad parece ser el asunto unificador de las dos partes en que está dividido el libro. En la primera alterna cuentos de factura más o menos clásica con cuatro textos titulados "En casa de Phil y Joanna" que reproducen -sin acotaciones de ningún tipo que identifiquen a los hablantes- los diálogos de un grupo de amigos de la misma generación de Barnes, cultos, informados, divertidos y levemente cínicos. Estas conversaciones, que tratan de política europea, de Obama y Hillary Clinton, de la "obligación" de dejar de fumar, del sexo, el cambio climático, lo políticamente correcto y otros muchos asuntos de este inicio de siglo (de todo menos del amor, como dicen reiteradamente ellos mismos) parecen enmarcar en su contexto cultural y de época a las demás piezas. Las otras de esta primera parte tienen que ver con el transcurso del tiempo, los desencuentros y la soledad: En "Viento del este" un divorciado reciente inicia una relación amorosa con una callada y misteriosa emigrante del este europeo que guarda un secreto doloroso; en "El universo del jardinero" la vida de una pareja mayor, unida por la costumbre, es radiografiada a través de la dificultad para ponerse de acuerdo sobre cómo debe ser el jardín que quieren cultivar en su nueva casa; "En la cama con John Updike" reproduce una hilarante conversación entre dos escritoras mayores de discreto éxito y mucha vida vivida. Por último "Invasión de la propiedad privada" cuenta la historia de encuentro/desencuentro de una pareja que inicia sus relaciones haciendo circuitos de senderismo. En todos ellos la visión irónica y a la vez piadosa de Barnes oscila entre el pesimismo y la nostalgia.

El mejor de esta primera serie, "Las líneas del matrimonio" -situado en el centro del volumen y que parece destinado a servir de nexo entre las dos partes- narra el viaje de un viudo reciente a la isla donde pasaba las vacaciones con su mujer, tal vez para reencontrarse con sus recuerdos felices o para "despedirse de ellos", como dice el personaje. Su encuentro con la pareja de isleños que los recibía año a año oficia de contraste entre culturas diferentes acerca del sentido de la muerte. Delicado y melancólico, el cuento recorre con sutileza chejoviana los meandros del dolor y de la ausencia. El aliento de verdad que transmite tal vez tenga que ver con la experiencia autobiográfica: Barnes sufrió en 2008 la muerte por cáncer de su mujer, la agente literaria británica Pat Kavanagh y el volumen está sobriamente dedicado a ella en dos palabras: "Para Pat".

El punto débil de esta primera parte del libro deriva de su carácter un tanto didáctico. La idea de alternar cuentos con los "diálogos" para darle más contemporaneidad al conjunto puede resultar ingeniosa, pero, más allá del humor que rezuman, las crónicas dialogadas terminan por resultar demasiado largas, demasiado repetitivas. Barnes es un experto en diálogos vivaces, pero en este libro el recurso es más convincente en "A la cama con John Updike" -el cuento de las dos escritoras- tan lleno de ironía y tan ilustrativo de una cultura epocal como las conversaciones de las parejas, pero menos expuesto en su intención "demostrativa".

El amor y los sentidos. Los cuentos de la segunda parte tienen una unidad interna que les da coherencia y los "desprende" de la primera. Organizados alrededor de los cinco sentidos, "El retratista" relata la historia de un artesano de la pintura, sordo de nacimiento, y su particular sentido de la libertad en la búsqueda de comunicación con los demás; "Complicidad" recorre varias formas de conocimiento a través del tacto, con un personaje que ha sufrido alergias en la piel desde la infancia y que se enamora de una chica que debe usar guantes por un problema con el frío, un asunto "de piel"; "Armonía" narra el encuentro entre una pianista ciega y un médico empeñado en curarla con métodos no tradicionales y "Carcasona" liga la historia de amor a primera vista de Garibaldi y Anita Ribeiro con una reflexión sobre la relación entre el gusto y el sexo. Es un cuento clave en la arquitectura "ideológica" del libro. Combinando lo narrativo con la reflexión casi ensayística discurre sobre lo instintivo y arbitrario del gusto tanto en la comida, en la apreciación estética, como en la atracción física y el amor. ("Enamorarse es la más intensa expresión de gusto que conocemos", dice el narrador). Frente a eso -parece decir el jovial pesimista que es Barnes- no hay nada que hacer, y somos esclavos de nuestros sentidos. En definitiva, todos estos cuentos hablan de cómo los sentidos se constituyen en el único vínculo posible con la realidad, idea que puede no resultar tan obvia en un mundo de relaciones virtuales.

"Pulso", el intenso relato que da título al volumen y lo cierra, conecta bien con "Las líneas del matrimonio". El paso del tiempo, el fin del amor y la cercanía de la muerte están presentes en ambos, como en el estupendo La mesa limón, el libro de cuentos que Barnes publicara en 2005. Aquí un hombre de mediana edad, divorciado reciente, contempla la bien avenida pareja de sus padres en momentos en que el padre pierde el sentido del olfato -y se da cuenta de que no puede sentir ya el olor de la piel de su mujer, por lo que recurre a terapias alternativas- muy poco antes de que a la madre se le diagnostique una enfermedad neurológica irreversible. Mientras el hijo rememora la historia de su propio fracaso, mira con una mezcla de envidia y admiración el fuerte vínculo que une a sus padres y que ha durado hasta que la muerte -tan próxima ahora- los separe. Como los isleños de "Las líneas del matrimonio" la madre enfrenta la muerte "con sobriedad, sin acobardarse ni dejar que la superase esa cosa que iba a aplastarle todos los sentidos, uno a uno". La emoción que provoca en el hijo la vida en común de los padres -mientras mira las fotografías de la pareja, anteriores a su nacimiento- parece ser en definitiva la nostalgia de eso "de lo que no se habla" en casa de Phil y Joanna.

PULSO, de Julian Barnes. Anagrama, 2011. Barcelona, 259 págs. Distribuye Gussi.

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