Crimen de primera plana

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Elvio E. Gandolfo

EN LA MADRUGADA del lunes 14 de agosto de 1944, dos hombres caminaban por el Riverside Park de Nueva York. Iban discutiendo. El mayor en ocho años, David Eames Kammerer, insistía desde hacía tiempo en presionar sentimental y sexualmente al menor, Lucien Carr IV, y esa noche estaba especialmente pesado. Tanto que en un momento, al tratar de doblegar físicamente a su amigo, forcejearon con violencia, y Carr extrajo una navaja de boy-scout y lo apuñaló dos veces en el pecho. Se habían conocido en St. Louis, Missouri, en 1936, y ahora Kammerer estaba al parecer muerto a los pies de Carr, que solo atinó a arrastrar el cuerpo hasta la orilla del río Hudson, con los brazos atados con los cordones de sus zapatos y piedras en los bolsillos, para después lanzarlo al agua.

Pocas horas después del crimen, Carr visitó a un amigo, en ese entonces desconocido: William Burroughs (30 años), quien le aconsejó conseguir un abogado y entregarse de inmediato, haciendo hincapié en la "defensa del honor" como estrategia. Poco después, Carr visitó a otro amigo, Jack Kerouac (22 años), que no se mostró tan seguro acerca de qué hacer. Estuvieron horas dando vueltas y bebiendo, hasta que al fin Carr se entregó en una comisaría. Al principio no le creyeron, pero cuando se encontró el cadáver de Kammerer en las aguas del Hudson, todo dio un vuelco, y el crimen pasó a ser noticia de primera plana en los diarios de Nueva York.

Mucho después, a fines del 2008, el sello Penguin Classics editó And the Hippos Were Boiled In Their Tanks (Y los hipopótamos hirvieron en sus tanques, aún sin edición en español), una novela escrita a cuatro manos por Burroughs y Kerouac, figuras centrales de la "generación beat", junto al poeta Allen Ginsberg. La materia del libro tiene una relación directa con aquel crimen de los años `40, y la demora extraordinaria en editarla se debió a un acuerdo de James Grauerholz (albacea de Burroughs) con Lucien Carr: no darla a conocer hasta que se produjera su muerte. El agradable, muy educado y a la larga disciplinado Carr falleció el 28 de enero de 2005, a los 79 años, después de jubilarse como redactor importante de la agencia UPI, donde logró obtener empleo después de cumplir su período de cárcel, y después mantenerlo y ascender, gracias a su buen desempeño. Buena parte del tiempo tuvo que emplearlo en rogar a sus antiguos compañeros (Burroughs, Kerouac, Ginsberg) que por el amor de Dios no volvieran a hablar nunca de aquel crimen de juventud que trataba de borrar por entero de su vida. Algo no muy fácil para los beats, que hacían del tratamiento de lo autobiográfico uno de los pilares de su estética literaria.

ANTES DEL CRIMEN. De hecho, Lucien Carr había sido una figura clave en los comienzos del grupo. Fue él quien los presentó, y quien influyó de manera decisiva en sus lecturas, actitudes y proyectos de entonces. Conocía a Burroughs de St. Louis, y se lo presentó a Ginsberg. A su vez era amigo de Edie Parker, la novia de Kerouac, que en el momento en que Carr se mudó a la zona de Columbia estaba en el mar, pero de quien se hizo muy amigo en cuanto regresó. Tanto Burroughs como Carr aportaron material de lectura crucial: Una visión, de W. B. Yeats, los poemas de Rimbaud, Opio, de Jean Cocteau. Fue Carr quien bautizó a la ebullición de talento en formación de los "beats" como "La nueva visión" (pensando en Yeats). Un poco al margen, ambiguo y complejo, estaba Kammerer.

Lucien Carr fue al principio una figura oculta en la historia de los beats, muy distinta a la de Neal Cassady, que entró como figura central en En el camino, de Kerouac, y tuvo abundante correspondencia con Ginsberg. Recién en las últimas dos o tres décadas, una serie de libros investigados y lúcidos sobre esa época definió mejor su figura. Pueden citarse en ese sentido Loca sabiduría. Así fue la generación Beat, de James Campbell (Alba), o las mejores biografías de Kerouac, en especial Jack`s Book, una "biografía oral" de testimonios estructurada por Barry Gifford y Lawrence Lee. O el extenso "posfacio" de James Grauerholz a la edición de Penguin.

DESPUÉS DEL CRIMEN. El texto fue escrito en 1945. El título lo tomaron de una noticia oída en la radio sobre el incendio de un zoológico (y su supuesto efecto sobre los hipopótamos). Exactamente así figura en el libro. El método de colaboración era simple: cada uno de los autores se hacía cargo de un personaje central. Uno era el "barman" Will Dennison, un Burroughs apenas disimulado; el otro, Mike Ryko, alter-ego de Kerouac. Los capítulos se van sucediendo intercalados o seguidos, siempre con el nombre del personaje que narra al principio.

Es curioso el proyecto que se advierte en el texto: una novela "profesional", un poco en el estilo de los pulps (revistas y colecciones baratas de la época), con frases de eficacia irónica o de impacto tipo "serie negra". Pero el contexto, y el movimiento de los hombres y mujeres que la habitan es una meticulosa construcción (hoy leída como reconstrucción) de la época, en sus hábitos, modismos y meros toques de color. Cuando "Dennison" habla de "Phillip" lo define como "el tipo de muchacho al que los maricas literarios le escriben sonetos que empiezan `Oh, efebo con cabello de cuervo...`". En un pasaje se da una instrucción precisa de cómo preparar una dosis de heroína. En otro, un personaje se dedica a masticar el vidrio de un vaso, con aprobación de los presentes. Un párrafo de Ryko (Kerouac) describe el aporte de "Phillip" (Carr): "empezó a hablarme sobre La tercera moral de Gerald Heard, sobre la mutación biológica, y por último sobre cómo los dinosaurios que mejor percibían el futuro mutaron en mamíferos mientras que los dinosaurios burgueses se extinguieron".

El estilo es veloz, los capítulos cortos, con momentos extensos de tensión creciente, como el largo vagar de Phillip y Ryko mientras esperan para ser tomados como marineros en un barco. La figura de Ramsay Allen (Kammerer) es un elemento lateral y molesto, como al parecer lo fue en la vida real. El texto está cargado de nombres de libros, comidas, bebidas y sobre todo lugares de cabotaje en el permanente vagar del grupo o los individuos, que parecen extraer del nomadismo urbano su energía creativa y vital. Cuando Phillip y Ryko firman al paso un panfleto, escriben "Arthur Rimbaud" y "Paul Verlaine", en un juego obvio de proyección, que va más allá de lo estrictamente literario.

Al fin no toman el barco, siguen derivando, el irritante Allen sale a pasear con Phillip en la noche y, muy cerca del final, el asesinato se produce. Lo curioso es que el libro deja "fuera de cámara" el momento en sí del acto, en el tránsito entre dos capítulos: en el capítulo 17 Phillip aparece con un pañuelo manchado de sangre pidiendo ayuda. Se produce entonces una deriva final, donde la pareja de amigos juega a "las maquinitas" de combates de aviones (la guerra empezaba a terminar) o de breves films pornográficos, o ven una vieja película italiana.

El libro es muy legible hoy, a pesar de sus pasajes ingenuos o "de ambiente". También da testimonio claro del estilo de cada uno de sus dos autores. Hay una descripción sanguinolenta de la ingestión de un bife, escrita claramente por Burroughs en su descarnada materialidad. Los capítulos de Kerouac, en cambio, muestran un temblor de ambigüedad y dudas, uno de sus aportes estilísticos originales en el marco de una ficción americana tan dedicada hasta entonces a la eficacia, y la falta de detenimiento en la sensibilidad y sus matices.

El cierre es de Burroughs, y es irónico. El "barman" Will Dennison conversa con Danny, un parroquiano; le cuenta el caso, y el destino final de Phillip (encerrado en un manicomio). "Danny lo pensó por un minuto y dijo:

-Bueno, cuando salga puede dedicarse a la política.

-Sí -dije-. Tendría que ser bueno en eso".

Pero Lucien Carr no se dedicó a la política. Trabajó 47 años en la United Press, y según registra James Grauerholz en el libro, recibió un homenaje en el National Press Club de Washington D.C., el 4 de marzo de 2005, por su capacidad para "reescribir, arreglar, redistribuir y revivir grandes notas en el circuito de grandes diarios de UPI, el A-wire, que cualquier otro antes o después de él".

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