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De libros y lectores

Con Álvaro Risso, de la Cámara del Libro: “Nos enorgullece que la cultura una a partidos opuestos”

La realidad comercial y empresarial del libro en una comarca pequeña, pero muy lectora

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Álvaro Risso
(Estefanía Leal/Archivo El País)

por Gera Ferreira
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Un perfil polifacético donde cada rol se complementa: el librero experimentado y el presidente de la Cámara Uruguaya del libro; el editor de Linardi y Risso y el autor que publicó en los 90. Hablamos con Álvaro Risso (Montevideo, 1958) sobre lo que más le ocupa y preocupa: los libros.

—¿Cómo salió el Día de Uruguay en la Feria Internacional del libro de Buenos Aires?
—Divino. Buenos Aires, para todos los que trabajamos en el mundo del libro es una cita ineludible. Es una feria fantástica. Junto con la de Guadalajara son las más importantes de habla hispana, por más que la de Bogotá viene haciendo méritos para entrar en el podio.

¿Y la de Chile?
—No, al contrario. Se complicó porque se dividieron las multinacionales con las independientes. No está en un buen momento.

La unión hace a la fuerza.
—Paseo mucho por la feria y te digo la verdad, al ver stands de otros países, me cuesta mucho encontrar uno que tenga una selección tan cuidada, tan plural y diversa como el que tiene Uruguay, a su escala, claro.

¿Quién determina lo que viaja y  termina representando a la literatura uruguaya?
—Va lo que no puede faltar en el stand y los últimos premios: los Bartolomé Hidalgo, los Premios Nacionales de Literatura y los Premios Onetti. Esos tienen que estar sí o sí porque ya pasaron por jurados que los legitimaron. Por otro lado le damos cierta libertad a las editoriales para que propongan libros que entienden que no pueden faltar de su catálogo. Y luego a nosotros nos preocupa que haya libros de arte, que muchas veces publican los museos.

Además son ediciones especializadas y menos accesibles.
—Sí, por lo menos tener algún representante de esas temáticas. Por ejemplo libros de gastronomía, un género que en Uruguay ha crecido mucho y hay muy buenos productos. También van temáticas con marca país: fútbol, política, el asunto de los Andes, Torres García y más.

¿No se corre el riesgo de que cuando a una editorial le decís mandame tu selección de necesarios utilicen un criterio que no responda a la calidad literaria?
—Nosotros no podemos evaluar tan finamente.

Con relación a los premios, a veces sucede que se premia gente que saca un libro pero no desarrolla carrera literaria y queda en el aire.
—Sí. Es muy difícil predecir si Tamara Silva Bernaschina, que publicó un libro aclamado por el público como Desastres naturales (2023), va a tener una gran carrera literaria. Sabemos que publicó una buena opera prima y entonces ese libro no puede faltar, y así con todos.

Entiendo el punto. La mayoría de las editoriales están centralizadas en Montevideo, ¿cómo hacen para integrar la producción del interior a la muestra?
—El llamado es abierto y se publicita en todos lados. Lo que muchas veces hacemos es una selección de cantidad de ejemplares. No hay que llevar por llevar.

Imagino que toma un tiempo de elaboración esa selección.
—Si sos consecuente de un año a otro en una feria y vas conociendo públicos, afinás muchísimo.

En tu caso podés afinar porque hace tres períodos que estás en la Cámara…
—Cinco. Te quedaste corto.

—Me quedé corto: 2007-11 (dos veces); 2017-2021 (otras dos); y este que corre 2023-25.
—Estaba para retirarme y me llamaron para seguir.

—¿El último baile?
—Capaz que sí. Nadie me obligó, lo hago con gusto. Lo que te dan tantos años es poder minimizar los errores. Yo sigo aprendiendo.

Durante estos cinco períodos cambiaron muchas cosas.
—Hemos pasado por todo, sí, creo que lo más difícil fue la pandemia. Porque la economía estaba muy parada. Otro momento difícil fue el que acaba de pasar con la relación de precios entre Argentina y Uruguay, que debilitó mucho el consumo. En ese consumo que fue para Argentina, se fue también el consumo cultural, y es lógico.

La feria que tenemos.
Pensando en nuestra feria del libro, repasaba la grilla de autores invitados el año pasado, Dolores Reyes, Eduardo Sacheri, Claudia Piñeiro, Ángeles Lasso, parece deslucida en cuanto a nombres. ¿Cómo hacer para que explote?
—Esto que me planteás lo conversamos todo el tiempo, y bueno, es algo que nos supera. Querer tener otro país. No contamos con el potencial económico.

¿Es la única causa?
—Sí, sí…
¿No tiene que ver con ideas e iniciativas también?
—El tema de que vengan autores importantes a la feria, como van a otras, significa primero meterse en la cola de fechas para que coincidan con sus giras. Si el autor no está de gira no viene, porque económicamente no tenés la fuerza. Irene Vallejo acaba de inaugurar la feria de Bogotá. Estuvo aquí pero no en época de feria, vino de paso.

¿Es inaccesible contratarla?
—Totalmente. Son autores que nos los movés por los dineros que Uruguay puede. A Uruguay vienen por simpatía, porque les gusta su literatura, y de pasada. Nosotros tenemos que lograr que determinado autor de fuste venga en los días de la feria, y eso es muy difícil.

¿Y algo en conjunto con Buenos Aires?
—Hemos pensado en un montón de cosas en estos años y bueno, la feria que tenemos en principio es la mejor que puede tener Uruguay.

En algún momento se cambió el lugar.
—En el Latu funcionó y en un momento la gente dejó de ir porque le quedaba lejos ir “hasta allá”, como si fuera otro planeta.

Es un tema de cabeza.
—Cambiar la cultura y las costumbres del uruguayo es un trabajo que a la Cámara del libro le queda grande. El libro lo tenés que acercar a la gente, no al revés.

Este año se agregó una semana más.
—Sí, vamos a tener tres fines de semana. Lo que se hace luego de cada feria es juntar a los expositores para saber qué se puede mejorar. Allí surgió la idea de alargarla.

Armonía inaugural.
No hay una conferencia inaugural en nuestra feria como hacen en Buenos Aires. ¿Por qué?
—Son las autoridades las que dan el pie. Hicimos una experiencia con Ida Vitale pero fue un año específico.

¿No te parece que esas cosas no son tan complicadas de implementar y al menos refuerzan la identidad y jerarquía de la feria? Me refiero a una conferencia inaugural de un/a escritor/a uruguayo/a.
—En la inauguración de la feria siempre están las autoridades de la IMM, de la Cámara, y muchas veces quien ocupa la presidencia. Eso es una señal, genera una movida de prensa que de otra manera no la lográs.

Sí, el apoyo institucional está. Me refiero a que se trata de una feria donde la literatura y los escritores deberían ser los protagonistas, ¿no?
—Un escritor que haga un discurso inaugural… tendríamos que traer un gran nombre del exterior.

Si es la feria de Uruguay la tiene que abrir un uruguayo/a…
—Está bien. Pero los discursos de la feria de Buenos Aires son un ring de box, donde están los de un lado que aplauden y los del otro que abuchean. Nosotros eso no lo queremos para la feria, ni para Uruguay. Tenemos una armonía diferente y nos enorgullecemos de que la cultura una a partidos opuestos.

Es brava tu posición, lo reconozco. Sos muy diplomático.
—Por eso estoy en el cargo que estoy. Ponemos a un escritor uruguayo a dar un discurso inaugural y de repente está en contra de determinadas políticas culturales y dice una cantidad de cosas que nosotros como institución entendemos que no hay por qué decirlas en un discurso de esas características, y se genera un clima que no es el que queremos.

Pero el rol político y social de la literatura es ese: lo contrario es una especie de vigilancia. Si un escritor dice esas cosas, que las diga, porque es el momento de decirlas.
—Tenemos dentro de la feria doscientas actividades, donde hay debates, mesas redondas, una cantidad de espacios para decir lo que se te ocurra…

No en la conferencia inaugural.
—Claro. Mi opinión personal como presidente de la Cámara es que la inauguración es una fiesta donde no quiero abucheos ni silbidos, ni que suceda lo de Argentina. No me parece apropiado.

Creo que un gesto estridente puede servir para romper la monotonía a la que nos acostumbramos. Porque además acá no hay casi polémicas.
—¿Cómo que no? Roberto Appratto generó polémica.

No sé si literaria, pero sí.
—Una polémica cultural, si querés. La gente habló alrededor de eso.

Si un debate es “vigilado” pierde su fuerza, la gente se cuida de no quedar mal. Hay todo un acting sobre que vamos a hablar de algo importante y al final nadie dice nada.
—Bueno, depende de las personas que debatan. Tenemos una ausencia de buenos debatientes, es decir, de gente que pinche, como Gustavo Escanlar, por ejemplo. No faltan lugares sino personas que provoquen una discusión. Roberto Appratto la provocó, porque habló más de la economía de la edición que de otra cosa.

¿Es contraproducente que haya muchos libros?
—Para mí sí, en el sentido de que todos peleamos por un espacio y el espacio no crece. Ahí hay un problema. Si en vez de dos mil se publicaran quinientos, capaz que esos tienen una visibilidad mayor. Lo pronosticó Zaid en Los demasiados libros (1972).

¿Se le dice a las editoriales que publiquen menos?
—No, y además no lo van a hacer. La apuesta es publicar mucho para lograr que algún título se destaque.

Has dicho que aquí se publican 7 libros por cada 10 habitantes. Un disparate.
—Dos mil títulos por año en Uruguay son una exageración. Y además de esos dos mil hay muchos libros inútiles, que se hacen porque el autor se quiere sacar un gusto. El libro se ha convertido en un producto muy democrático y popular.

¿Quién determina cuáles son los libros inútiles? ¿Quién le dice al autor “no, mirá, no pongas la plata porque este libro es inútil”?
—Hay editoriales que no controlan nada, porque en definitiva son imprentas. Se ganan unos mangos. ¿Está mal? No. Además el libro no es caro: la producción de un libro hoy está al alcance de muchos bolsillos. Esa democratización en la producción del libro juega a favor, y también en contra.

MARIO VARGAS LLOSA
Con cliente famoso: Álvaro Risso recibe en su librería a Mario Vargas Llosa

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