Roberto Appratto
Un ídolo del béisbol, una figura importante en la escena estadounidense pese al accidente que lo alejó del deporte, requiere los servicios del detective privado que narra esta novela. Las implicancias personales en el caso (lo conoce desde el colegio, jugó en su contra, fue su modelo y a la vez su motivo personal de envidia), son el punto de partida de una narración tensa, que se inscribe sin dificultades en la tradición de la novela policial norteamericana, y en la cual pueden apreciarse los rasgos de estilo que desarrollaría después Paul Auster, desde, por lo menos, La trilogía de Nueva York.
Hasta aquí era Paul Benjamín: Jugada de presión se publicó a principios de los ochenta, y en realidad ya había aparecido en castellano, como uno de los apéndices de A salto de mata (1996, Anagrama), un libro autobiográfico que incluía, además, un juego de cartas basado en el béisbol y tres obras de teatro. Auster se refería allí a esta novela como "un ejercicio de imitación, una tentativa consciente de escribir una novela que se pareciese a otras"; es decir, que tuviera una eficacia que la convirtiera, si no en un best-seller, sí en un producto que pudiera colocarse rápidamente en el mercado. Eso no ocurrió: sí se colocó, pero varios años más tarde y con pocos beneficios para su autor. Cuando Auster fue reconocido como Auster, Jugada... pasó a ser un libro de culto, un pre-Auster más valioso cuanto menos había circulado.
Así y ahora, oficialmente, se publica en castellano, diez años después de su inclusión en A salto de mata, donde más bien estaba disimulada. Si hay una diferencia esencial respecto de la obra posterior, profesional, de Auster, es que lo policial, en tanto es objeto de una imitación consciente, es también visible por sí mismo, como entrada en un género, y no como una metáfora. Hay un policial por detrás de La trilogía de cristal, de El libro de las ilusiones, de Leviatán, de casi toda su obra, pero la investigación en esas novelas es la búsqueda de un hilo conductor, de un origen que explique coincidencias y analogías: escribir es, siempre, un movimiento continuo a partir de ciertas pistas que llevan a descubrimientos provisorios y en cierta medida frustrantes. El narrador se atiene a esas pistas, las desarrolla, examina las opciones, de manera que cada núcleo es la respuesta a la pregunta acerca de cómo fue posible lo anterior, o cómo es posible seguir desde aquí. Eso es así, no sólo en las novelas de Auster, pero sí, de modo obsesivo, en Auster.
Aquí, ese mismo principio está amparado en el género policial, más exactamente en el género detectivesco, y, por así decirlo, lo toma en serio. El narrador, ese detective de nombre Max Klein, profundamente norteamericano, con sentido del humor, fanático del béisbol, padre divorciado, solitario, suelta su discurso interior a la manera de Lew Archer o Phillip Marlowe (así como de muchos ejemplos cinematográficos que han tomado ese rasgo de estilo) que a la vez narra y comenta las acciones, describe una situación y la sitúa. La historia del ex beisbolista que aparece muerto después de recibir una amenaza y recurrir a Klein, revela otras historias por detrás, cada una de las cuales arroja luz sobre un personaje y una circunstancia diferentes, sin que eso cambie el estilo. Las derivaciones y los engaños, signos que acompañarían a Paul Auster en toda su obra posterior, ayudan a armar la intriga de un modo calmo, distendido, apoyado en el instinto para pasar de un asunto a otro, de un matiz a otro; para combinar la investigación con los intereses del protagonista (por ejemplo, la posibilidad de una relación amorosa con la viuda, que a la vez es la principal sospechosa, ítem que también forma parte del género).
En ese "trabajo", Auster no se sale de la historia ni del ángulo confesional elegido para contarla. Jugada de presión es una novela ajustada, concreta, práctica, escrita para cumplir no sólo con el género sino con el oficio, que aún no tenía. Es posible que el detective abuse de los chistes, de las imágenes y de los comentarios irónicos, pero sólo es una cuestión de medida. El caso, finalmente, se resuelve por la vinculación azarosa de unos hechos, precipitada por una jugada de béisbol que da nombre al libro. El detective, al darse cuenta mientras regresa del juego con su hijo, traza una rápida reflexión sobre lo que eso, que acaba de descubrir, implica en el terreno de la verdad. Es decir, filosofa en medio de la acción, y en esa instancia se retrae y otorga el mérito a la vida y no a su deducción; es un gesto inteligente, de apertura y de ampliación de la trama al mundo, que más tarde se convertiría en uno de sus aportes más significativos a la narrativa de los últimos años.
JUGADA DE PRESIÓN, de Paul Benjamín (Paul Auster), Anagrama, Barcelona, 2006. Distribuye Gussi. 224 págs.