Ser varón y referirse al feminismo se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Esta situación ha provocado que muchos varones elijamos el silencio ante toda circunstancia referida al feminismo.
El feminismo entendido como la igualdad de hecho y derecho, entre varones y mujeres es uno de los grandes avances de la sociedad occidental. Debemos estar orgullosos de la lucha que han dado nuestras sociedades y en particular las mujeres para lograr primero la equiparación jurídica formal (Siglo XX) y el profundo proceso cultural que se desarrolla en este Siglo XXI.
Son datos no controvertibles que los varones nacemos por el simple hecho de ser varón con ciertos privilegios propios de una cultura milenaria. Así como que, las mujeres tienen fuertes desigualdades en sus carreras laborales o que sufren una enorme mayor violencia intrafamiliar o social, que alcanza hasta la muerte, entre otras tantas desigualdades o flagelos estructurales.
La realidad descripta es contundente. Ahora, debemos analizar porqué miles de varones que piensan y sienten de esta forma, prefieren el silencio. Somos una sociedad demócrata liberal, en la cual la libre discusión de ideas es base fundamental de nuestro sistema. El feminismo pudo desarrollarse en base a principios tan esenciales como el de igualdad, de inocencia, de debido proceso, libertad de pensamiento, expresión y asociación. Estos principios son previos y base fundamental para la robustez de todo derecho.
Coincidir con la lucha de la mujer y la existencia de una cultura estructural que las afecta negativamente, no debe implicar renunciar o recortar los derechos fundamentales preexistentes.
Me niego a no poder, cuestionar ciertos aspectos de la Ley de Violencia Basada en Genero, la cual ha tomado el carácter de escritura sagrada, sobre la cual ningún varón puede referirse u osar criticar, so pena de ser tratado de “machirulo” o “ignorante”.
No es sano que la única relación que pueda tener un varón con la causa feminista sea la obsecuencia con cada una de sus tan diversas verticales. Resulta sorprendente, como varones han sido agredidos fuertemente por querer compartir la causa feminista.
Opinar de feminismo implica correr el riesgo de ser fuertemente censurado, sea por nuestro origen cromosómico o por una brutal subestimación. Seguramente, las conductas descriptas son las que han sufrido por milenios las mujeres.
Adicionalmente, la causa feminista tiene diversas verticales, y es necesario discrepar de manera directa y contundente con alguna de ellas. A modo de ejemplo, referirse a “cuerpos reproductivos” para evitar a toda costa decir la palabra “mamá” o “papá” me resulta una posición teórica abominable, que busca eliminar el afecto y el amor, de la propia naturaleza huma. Los niños tienen mamás y papás, o dos mamás o una, o dos papás o uno, pero siempre son mamás y/o papás, los niños no se refieren a “cuerpos reproductivos” y espero que nunca lo hagan.
Seguramente, esta columna honesta y sincera, sea fuertemente criticada y tratada de estar escrita por un ignorante del feminismo. Seguramente, digan que esta completa de machismo y “mansplaning”.
Sin embargo, la realidad dice que, son miles los varones, que, aun coincidiendo con las bases de la lucha feminista, han preferido el silencio.