Redacción El País
¿Cuántas micropartículas de plástico alberga el cuerpo humano? Frente a estudios científicos recientes —algunos alarmantes y otros controvertidos— expertos de distintos países han desarrollado un nuevo marco de investigación científica para avanzar en el debate sobre su posible impacto en la salud. Durante los últimos años, diversos trabajos afirmaron haber detectado microplásticos en casi todo el organismo, incluidos el cerebro y la sangre.
Sin embargo, varios de esos estudios han sido duramente cuestionados, en especial aquel que sostenía haber hallado el equivalente a una cucharadita de plástico en el cerebro de personas fallecidas. Para algunos especialistas, los resultados podrían estar influidos por contaminación en los laboratorios, ya que los materiales plásticos presentes en el entorno experimental podrían alterar las mediciones. También se advierte que ciertas técnicas podrían confundir tejidos humanos —como la grasa cerebral— con polímeros plásticos.
Para intentar zanjar la polémica, un grupo de 30 científicos de 20 institutos internacionales propuso un nuevo modelo de análisis sobre microplásticos y nanoplásticos, publicado en la revista Environment & Health. La metodología busca que los investigadores puedan indicar con mayor precisión su nivel de certeza al detectar estas partículas en tejidos humanos.
La presencia de plástico en el entorno es innegable. También es “muy probable” que las personas ingieran microplásticos presentes en el aire y los alimentos, explicó el investigador Leon Barron, del Imperial College de Londres. Sin embargo, todavía no existen pruebas concluyentes que permitan afirmar que estas partículas sean perjudiciales para la salud humana, según los autores del nuevo enfoque.
A pesar de que los nanoplásticos —aún más pequeños— son extremadamente difíciles de identificar, algunos estudios informaron su presencia en regiones del cuerpo donde se consideraba “poco probable” encontrarlos, añadió Barron.
Controversias científicas y dudas metodológicas
Uno de los trabajos más discutidos fue publicado en Nature Medicine a comienzos de 2025. Allí se aseguraba que se habían detectado partículas plásticas en el cerebro con un volumen similar al de una cucharadita, lo que implicaría que atravesaron la barrera hematoencefálica, la estructura que protege al órgano. Varios científicos reaccionaron con escepticismo.
Según críticos del estudio, la técnica utilizada —pirólisis-GC-MS— podría confundir grasas con polietileno, un plástico habitual en envases. Otros trabajos también fueron cuestionados por no aplicar controles estrictos para descartar contaminación cruzada.
“Sin controles adecuados es imposible saber si los plásticos provienen de los tejidos o de los envases, reactivos, equipos o incluso del aire”, explicó el investigador Dusan Materic. El nuevo modelo insta a emplear múltiples métodos de detección y protocolos rigurosos para aumentar la confiabilidad de los resultados.
Barron comparó este enfoque con el trabajo de los científicos forenses en una escena del crimen, cuando analizan fibras microscópicas y evalúan cuidadosamente cada paso para asegurar la validez de las pruebas. El objetivo es colocar a todos los laboratorios “en igualdad de condiciones” y obligarlos a detallar el grado de confianza de sus mediciones.
Esto incluye publicar los datos brutos, aplicar estrictos controles de calidad y transparentar los procesos experimentales.
Microplásticos y salud: un debate abierto
“Para ser claros, los microplásticos son un problema”, resume Barron. Aunque la mayoría de los estudios se han realizado de buena fe, todavía es necesario consensuar cuáles son los niveles reales presentes en el organismo y si representan un riesgo concreto para la salud pública.
Mientras tanto, los investigadores coinciden en que desacreditarse mutuamente en los medios no ayuda a resolver el interrogante central: qué cantidad de plástico hay en el cuerpo humano y cuáles son sus efectos a largo plazo.