Redacción El País
Un reciente estudio de la Universidad McGill vuelve a poner al cerebro en el centro de la discusión sobre el síndrome metabólico.
Los investigadores identificaron que ciertas variaciones en la función de los receptores de insulina permiten anticipar qué mujeres, tras experiencias adversas en la infancia, desarrollan más riesgo de trastornos metabólicos en la adultez, mientras que otras permanecen protegidas.
La vía insulina–cerebro y la vulnerabilidad femenina
Los especialistas hallaron que las diferencias en la red cerebral que procesa la insulina influyen en cómo las mujeres responden al estrés temprano. En los hombres, este efecto aparece mucho más atenuado, lo que sugiere un mecanismo biológico específico según el sexo. Publicado en Communications Biology, el estudio presenta esta vía como una oportunidad para desarrollar detección precoz y estrategias preventivas más precisas.
“Sabemos que las mujeres que viven adversidad en la infancia tienen mayor riesgo”, explicó la psiquiatra Patricia Pelufo Silveira, autora principal, reforzando la idea de que esta sensibilidad no es igual para todas.
Qué es el síndrome metabólico y por qué preocupa más a algunas mujeres
El síndrome metabólico combina factores como presión arterial alta, aumento de glucosa en sangre, triglicéridos elevados y exceso de grasa abdominal, un conjunto que dispara el riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular. El equipo analizó datos de más de 32.000 adultos y observó que, entre las mujeres con adversidad temprana, solo aquellas con un patrón particular en su circuito cerebro–insulina mostraban más grasa abdominal y mayor predisposición metabólica. Es decir: no todas las experiencias de estrés derivan en enfermedad, sino que existe un subgrupo especialmente vulnerable.
El rol del estrés temprano y la sensibilidad biológica
Los científicos subrayan que esta función cerebro–insulina es una característica propia de cada persona, más que un rasgo directamente moldeado por el estrés. Angela Marcela Jaramillo-Ospina, primera autora, recordó que no se trata solo de traumas severos: situaciones frecuentes como bajo peso al nacer, conflictos familiares o negligencia emocional también influyen. Según la investigadora, identificar a tiempo esta sensibilidad biológica permitiría intervenir antes de que el daño se exprese en forma de enfermedad.
Cómo se mide la función cerebral de insulina
La insulina, conocida por regular el azúcar en sangre, también participa en procesos de cognición y conducta. Pero medirla directamente en el cerebro no es posible. Para resolverlo, el equipo desarrolló un método basado en ADN que estima cómo funcionan estos receptores. Ya había sido validado en trabajos previos que mostraron que niños con esta misma sensibilidad —y que habían atravesado estrés temprano— tendían a buscar alimentos ricos en azúcar y grasa, comportamiento que puede sembrar la base de futuros problemas metabólicos.
Aunque se avanzó mucho, queda por definir por qué esta vía afecta solo a algunas mujeres y cómo regula exactamente el riesgo metabólico. El equipo planea seguir explorando estas señales en nuevos estudios.
En base a El Tiempo/GDA