Los “gastos disfrazados” de Navidad: cuando el impulso se confunde con ahorro

En Navidad, promociones y estímulos festivos fomentan gastos impulsivos que suelen confundirse con ahorro. Especialistas advierten que muchas compras responden a emociones y no a necesidades, y proponen estrategias para gastar con mayor conciencia.

Compras.
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Foto: Freepik

Redacción El País
Luces, música festiva, promociones relámpago y mensajes que apelan a la urgencia conforman el escenario típico de diciembre. En ese contexto, muchos consumidores sienten que están tomando decisiones inteligentes al aprovechar supuestas ofertas.

Sin embargo, especialistas en psicología del consumo advierten que una parte importante de esas compras responde más a impulsos emocionales que a necesidades reales.

Desde el Colegio Colombiano de Psicólogos (Colpsic) señalan que, durante la temporada navideña, la emoción suele pesar más que la razón al momento de gastar. Deseos momentáneos se transforman en compras justificadas como oportunidades, aunque en realidad se trate de “gastos disfrazados de ahorro”.

Niña con regalos de Navidad
Niña con regalos de Navidad
Foto: freepik

Las cifras acompañan esta advertencia. Solo en Estados Unidos, por ejemplo, el gasto promedio por persona supera los 900 dólares, impulsado por eventos como Black Friday y Cyber Monday, junto con la presión constante del comercio electrónico. En este escenario, el marketing ha perfeccionado estrategias que apelan a la urgencia, al miedo a perder una oportunidad —conocido como FOMO— y a la gratificación inmediata.

“Los seres humanos no gastamos solo con la cabeza, también gastamos con el corazón”, explica José Ricardo Franco Mojica, representante del Campo Psicología del Consumidor del Capítulo Bogotá y Cundinamarca de Colpsic. Según el especialista, una promoción solo representa un ahorro real si el producto ya estaba contemplado dentro de las compras previstas. “Si no estaba en nuestra lista, no es ahorro: es un gasto disfrazado de oportunidad”, afirma.

Los comercios conocen bien este tipo de reacciones. Productos colocados estratégicamente cerca de las cajas, mensajes de escasez temporal y decoraciones asociadas al bienestar y la celebración forman parte de un entorno diseñado para debilitar el autocontrol. En ese escenario, señala Franco, las decisiones suelen tomarse desde el impulso más que desde la planificación.

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Pausar para decidir

Desde la psicología del consumo, una de las herramientas más eficaces para frenar estas compras impulsivas es la llamada “regla de las 24 horas”. Según Colpsic, hasta el 70 % de los deseos de compra desaparece si se espera un día antes de concretarlos. Esa pausa permite evaluar si se trata de una necesidad real o de una emoción pasajera.

Otra recomendación fundamental es elaborar una lista de compras y respetarla. Para los especialistas, ingresar a una tienda sin una lista equivale a ir al supermercado con hambre: se compra más y peor. Tener definido a quién se va a regalar, qué se va a comprar y cuánto se está dispuesto a gastar funciona como una especie de “GPS emocional” frente a estímulos diseñados para seducir.

También sugieren prestar atención a los llamados “gastos hormiga”, pequeñas erogaciones que parecen insignificantes pero que, acumuladas, pueden representar una suma considerable al cierre del año.

Para una administración más estructurada, Colpsic recomienda la regla 50-30-20: destinar el 50 % del ingreso a necesidades básicas, el 30 % a gustos y el 20 % al ahorro. En casos donde esta distribución resulta difícil, el método de sobres —separar el dinero por categorías y detener el gasto cuando cada una se agota— puede ayudar a mantener el control.

Niña con regalos de Navidad
Niña con regalos de Navidad
Foto: Freepik

Más allá de las cifras, los psicólogos insisten en que manejar el dinero implica también identificar las emociones asociadas al consumo. Tranquilidad, reconocimiento, afecto o la necesidad de llenar un vacío suelen estar presentes detrás de ciertas decisiones de compra. Reconocerlas permite construir una relación más consciente con el dinero y evitar gastos que luego generan culpa o arrepentimiento.

“Gastar con intención no es ser tacaño: es vivir con conciencia”, señala Colpsic en su comunicado. Desde la entidad invitan a ver diciembre no como un campo minado de tentaciones, sino como una oportunidad para disfrutar sin comprometer el equilibrio financiero con el que se inicia el nuevo año.

El mensaje es claro: no todo lo que parece descuento lo es. A veces, el verdadero ahorro consiste en decir “no, gracias”, salir con la billetera intacta y comenzar enero sin el peso de compras impulsivas justificadas como oportunidades irrepetibles.

En base a El Tiempo/GDA

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