Por: Mariángel Solomita
Mientras se derrumbaban las Torres Gemelas Diana Cardozo filmaba en una cloaca de Montevideo. Después del atentado los aeropuertos multiplicaron por cien la intensidad de los rayos x. Cuando la directora llegó a México para revelar el material filmado, los negativos se habían velado por la radiación. Se perdieron las imágenes de 50 días de rodaje.
En los años siguientes Cardozo volvió varias veces a Montevideo para reconstruir la película, según como le permitía el presupuesto.
Siete instantes se estrenó finalmente en 2008 en el Festival de Guadalajara y obtuvo el primero de sus 9 premios internacionales. Este documental significó el pasaje a la dirección de un largo de una cineasta que ya había incursionado en el cortometraje y que aún se desempeña como guionista.
-En siete años de realización, ¿cuántas veces cambió la película?
-Yo no tenía un guión, tenía una premisa dramática para arrancar con la historia. Pensaba que iba a ser una historia parecida a la de los tupamaros, pero desde historias particulares. Después me di cuenta que era una historia más compleja porque era un momento del país, no del movimiento guerrillero ¡En la isla de edición quería que la película durara 7 horas!, tenía 70 horas grabadas, quería rescatar todas las historias, todos los entrevistados...llegar a esa hora y media fue dificilísimo. Fue cambiando, tuve un corte donde contaba la película sólo con historias de amor, ¡me había encantando! El primer punto y el que se mantuvo fue el de las decisiones: `vos, ¿cómo decidiste en ese momento?` Mi pregunta era si yo hubiera estado ahí, y en lugar de ser una niña de 8 años hubiera sido una chica de 18, ¿qué hubiera hecho? Porque es complejo, y quería que el espectador se preguntara eso.
Cardozo tiene 48 años y hace 20 que vive en México, donde estudió cine y trabajó como periodista para varios medios, especializada en política internacional. Inicialmente Siete instantes surgió como realización para su tesis, pero el Instituto Mexicano del Cine decidió co-producir la cinta para que consiguiera estreno en salas.
DESDE EL PRESENTE. El título refiere a las siete decisiones que plantea la película. Decisiones que debieron tomar sus protagonistas, ex-integrantes del Movimiento de Liberación Nacional (MLN). Si bien dan testimonios personalidades conocidas como Julio Marenales y Samuel Blixen, el fuerte de su propuesta está en los que logró de sus entrevistadas mujeres, anónimas mediáticamente. "Eran las que estaban dispuestas a hablar de estas cosas. Creo que es una cuestión histórica, las mujeres no necesitamos ser heroicas, no tenemos ese mandato cultural. Entonces podemos permitirnos plantear las dudas y las fragilidades que todos los individuos tenemos", explica.
En sus resoluciones cinematográficas Cardozo eludió los habituales recursos de este tipo de realizaciones. El material de archivo no es el de siempre. Pertenece en parte a registros de otros realizadores, como Mario Handler, y rastreó otros tantos que circulaban por Cuba y Francia.
Muchas escenas fueron rodadas como si se tratara de material de archivo, y utilizó filmaciones familiares de esa época para ilustrar parte del film. Supo narrar con habilidad tópicos como el paso del tiempo en la cárcel, "aposté a estar detrás de la historia y decir `cómo se cuenta esto?` Vos tenías 13 años para contar una secuencia de una persona que miró la misma pared durante todo ese tiempo."
Igual destreza demostró en el momento de elegir los encuadres de una cámara atenta que registró sin titubeos declaraciones que escapan al discurso convencional. "La película no es sobre personas que querían cambiar el mundo, sino sobre personas que se enfrentaron a sí mismos y a sus dilemas en la cárcel, solos, con todas las contradicciones. Es tratar de rescatar la entraña."
Siete instantes puede agruparse junto a otras películas como Cordero de Dios (Lucía Cedrón, 2008 Argentina), Eva & Lola (Sabrina Farji, 2010 Argentina), que proponen un viraje en la mirada habitual de esta temática justamente por su tratamiento enfocado desde el presente de sus personajes.
PODER ENTENDER. Cardozo propuso a sus protagonistas dejar los datos y entender qué hubo detrás de esos hechos. "Entrar en el dilema humano es la obligación de una película...si querés instar a otras cosas que toquen a la gente del otro lado. Tengo estos personajes que me permitieron entrar en una cuestión más compleja, que quizás no cierra tanto, que no es de villanos, victimarios ni dogma ni nada de eso. Entré en el ser humano."
La directora pudo cumplir con su objetivo. Lo que vemos son las reflexiones de adultos que recuerdan cómo era el país a a sus 16, 17, 18 años y por qué tomaron sus respectivas decisiones. Entre ellas involucrar o no a sus hijos en el movimiento, delatar bajo tortura, matar o no a un prisionero, el asesinato del peón Pascasio Báez Mena, cómo reaccionar cuando años después quién te torturó se presenta en tu propia casa para hacer un trabajo. O decisiones ajenas a los implicados, como la abuela de Alba, que a con 88 años fue a pedirle al comisario que la dejara quedarse en el lugar de su nieta que cumplía 22.
"Como perdimos las imágenes los personajes tuvieron que contar las cosas más de una vez, y yo pensaba, ¿voy a perder eso tan fuerte que fue la primera vez? Y no pasó. Gloria -una de las entrevistadas- se tomó un avión a México cuando se enteró de que se había velado el material. Por un lado era el momento de empezar a hablar de estas cosas y por otro hubo un compromiso de ellos. Yo creo que más allá de ser tupamaros, de ser uruguayos, son personajes que son muy universales. Cuestionan más allá de lo evidente, por eso la película funciona bien en otros países."
El espectador podrá juzgar de polémicos algunos de los relatos puesto que se habla sin tapujos y se abandona la solemnidad que suele cubrir este tema. Aquí los entrevistados cuentan en qué consistió una sesión de tortura, qué pasa dentro de uno después de delatar, cómo es cruzarse con esa persona en la cárcel, cómo era el relacionamiento con los secuestrados por el MLN. Qué tan dispuesto se estaba a matar, a los 16 años. Cómo fue la fuga de Punta Carretas dentro de la cárcel y fuera, con testimonio de la dueña de la casa por donde se hizo el túnel por el que escaparon 111 tupamaros. Cómo mantener sana la mente y el cuerpo estando en aislamiento; y hasta el agradecimiento a un militar.
-¿Pensaste en obviar alguna de las declaraciones más fuertes para cuidar al entrevistado? ¿Alguno de ellos se arrepintió de lo dicho?
-Nunca sucedió eso. Cuando estaba armando la película yo les mostré los cortes intermedios a los protagonistas de las historias más delicadas. Estábamos a tiempo para reformular. Una vez más fueron adelante, `yo dije eso, me hago cargo, quiero hablar de eso`. Y es gente que vive acá, a la vuelta de la esquina. Intenté buscar testimonios del otro lado, preguntarle lo mismo a quien haya torturado, `¿a ti qué te pasó en este momento?` Pude hablar con una sola persona pero no me dejó filmarlo.
-¿Cómo te modificó a ti hacer esta película? ¿Respondiste tu pregunta?
-Me modificó profundamente, me siento una privilegiada porque que te cuenten algo así a vos te compromete de por vida y te cambia bastante. Yo entendí profundamente a mis personajes. No tengo más respuestas, lo que tengo es más riqueza personal, de más preguntas y de más cercanía con el otro, con un personaje bastante más universal. Este personaje que duda, busca historias y se las pasa a otros.