La muerte que sacudió a todos

Por: Luis Ventura

Todo un pueblo lloró y sigue llorando la imprevista muerte de Romina Yan, la actriz que se hizo querer desde su humildad, el perfil bajo, el esfuerzo y la obsesión de cumplir con sus padres, con su familia y con el público que la convirtió en su propio ángel. Un ángel de paz y amor que no supo de fronteras ni divisiones: Uruguay, Argentina, Paraguay, Israel, Rumania, Rusia...

Por eso, el duelo no termina y se mantiene en el espíritu de la gente que la conoció y disfrutó de sus trabajos televisivos, cinematográficos y teatrales. Porque con Romina nacieron, se criaron y se consolidaron niños y niñas, que hoy son hombres y mujeres que cubrieron dos generaciones completas, a pesar de sus 36 años de edad. Pero también para recibir una nueva generación de niños en formación.

Hija de Cris Morena y Gustavo Yanquelevich, Romina Yan se constituyó en una figura relevante para el medio latino, porque era la cuarta generación de la dinastía Yanquelevich, originada por su bisabuelo Jaime, el creador de la televisión en el Río de la Plata, continuada por su abuelo Samuel, zar de los medios, y potenciadas por sus padres que vieron en Romina a la reina de ese rico árbol genealógico.

Pero la fatalidad, el factor imprevisto y la presionada calidad de vida para sostener un hogar con esposo y tres hijos chicos, fueron deteriorando la resistencia de una mujer con intención de rendir en su profesión, con horarios estrictos, alimentación compleja por las sombras de la anorexia en su juventud y su carencia de potasio para que el corazón no flaqueara... El rayo impiadoso y letal cayó su vida y no hubo caso, murió Romina Yan.

El ángel desplega sus alas y voló el martes 28, después de una nueva salida del gimnasio, después de haberse levantado a las 5 de la mañana, después de cumplir con su rosario interminable de obligaciones. Lamentable, trágico, doloroso.

Romina Yan cayó muerta en una vereda, sola, sin afectos cercanos para asistirla en las urgencias urbanas y casuales de la calle. Nadie pudo frenar la muerte sórdida e implacable y su fallecimiento cayó sobre los millones de personas que hoy lloran su partida inesperada.

El ángel que nos hizo disfrutar con "Jugate conmigo", con la novela infantojuvenil "Chiquititas", con las maravillosas "Casi ángeles" o "Bella y bestia", entre otras trabajos en los que Romina Yan demostró que para ser una estrellas no hay que vivir de caprichos, soberbia, malos modos ni prepotencia.

Ella lo hizo todo fácil y el público así lo entendió. Desde los televidentes de Israel, pasando por toda Latinoamérica, hasta Rumania, Ucrania y Rusia, que fueron los mercados en los que el ángel que nos abandonara armara su reinado. No fue antojadizo que en apenas unas horas de su muerte, una multitud haya colmado las zonas aledañas al Obelisco porteño para luego depositar ofrendas florales ante el soberano Gran Rex, el teatro que siempre abrió las puertas a los espectáculos que supo encabezar Romina Yan. Vaya desde este rincón uruguayo generoso nuestra condolencia a la familia Yanquelevich por la partida de su ángel protector. Chau, hasta el próximo Sábado... Show.

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