Alumbrando los confines del mundo

Estos integrantes del mitológico grupo Rumbo ofrecen el fruto maduro del pueblo, como diría Alfredo Zitarrosa. De la milonga al candombe y de ahí a la murga, con la necesaria pizca de rock.

Por: Elbio Rodríguez Barilari

El Faro del Fin del Mundo es el título de una novela póstuma de Julio Verne, publicada en 1905. Doblemente póstuma, ya que para ese entonces ya hacía tres años que el faro auténtico, ubicado al noreste de la Isla de los Estados, perteneciente a Argentina, el más austral del mundo, había dejado de funcionar.

Había sido construido en 1884, funcionaba con ocho lámparas de petróleo y contrariamente a la imagen que uno tiene de esos mitológicos faros, no consistía en una torre cilindro-cónica, sino que era una construcción hexagonal, achaparrada, con una altura de solo seis metros. Pero está ubicado, porque sigue ahí, a 60 metros de altura sobre las procelosas aguas de Atlántico del Sur.

La canción el Faro del Fin del Mundo, con letra de Mauricio Ubal y música de Gerardo Moreira, da título al notable disco compacto del mismo nombre, editado por el sello Ayuí.

Recoge lo que fue un espectáculo en vivo, que por obra de mi exilio económico y cultural, no he alcanzado a disfrutar in situ.

El Faro en que se inspira Ubal es más tradicional, más como el del Polonio, por ejemplo, o el del Cabo Santa María, verbigracia La Paloma, ya que menciona el estar subiendo una escalera caracol mientras sus pasos lo alumbran. Una espiralada escalera de la que aquel faro argentino inspirador de Verne, carece.

Al son de un delicado candombe, le letra ofrece una vuelta de tuerca emocional cuando Ubal dice, abro comillas: "Navego a ciegas sin el faro de tu voz, aguas del destino", cierro comillas. Al final es tanto una canción sobre el desnorteo, como también una canción de amor. Excelentísima en ambos rubros.

El candombe, en diferentes aproximaciones, así como la murga y los ritmos en diferentes grados de milongueo son las bases musicales de este atractivo CD, producto de dos ex miembros del mitológico grupo Rumbo. Cuya imagen se agiganta con el correr del tiempo.

Con ulterioridad a Rumbo la carrera de Mauricio Ubal y la de Gerardo Moreira han divergido marcadamente. Mientras Ubal insistió con éxito en la canción de índole montevideana, Moreira estuvo dedicando sus mejores esfuerzos al campo de la música publicitaria. Afortunadamente, ese difícil y absorbente género no lo ha esterilizado para la práctica de la música como arte independiente, un riesgo al que muchos han sucumbido.

Este es un disco típico, clásico, de la tercera generación del candombe beat, para usar la vieja nomenclatura.

Cada tema en esta tradición es un ladrillo imprescindible para este edificio. Y el presente CD, estoy seguro, se va a proyectar en el futuro como una parte muy sólida del mismo.

La canción Los Inundados, de Ubal, basada en una variante del atractivo ritmo inventado por Mateo y denominado TOCO, toca el tema de los uruguayos emigrados. Y este uruguayo de adentro, Ubal, que no ha vivido en el exilio, refleja admirablemente la experiencia de los que les ha tocado vivir afuera.

Si me tengo que jugar por un tema, ese sería Copla de Exilios. A la altura de sus mejores logros, Ubal le dedica una canción a Artigas. Pero no al Artigas de los retratos, la estatua o el mausoleo. Ubica a Artigas en su momento de derrota, perseguido por Ramírez, traicionado por Rivera, defendido por los indios. Y, de golpe, lo trae al presente, Artigas subiendo y bajando en trenes y aeropuertos, trabajando, comiendo, amando y abriendo el diario en Sydney, en España y Canadá.

Y siempre con el país al hombro, Artigas. Al mando de una tropa de recuerdos, peleando con su propia soledad.

Desde A Don José, nadie le escribía a Artigas un homenaje sonoro de esta intensidad. Mauricio se ha colocado, por derecho propio, al lado de Rubito Lena.

Y se me acabó el espacio.

barilarius@yahoo.com

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