Pocos viejos egoístas

| El Censo 2011 confirmó que Montevideo y su área metropolitana decaen, en tanto Maldonado es una nueva California. La emigración no cesa pero el interior retiene pobladores gracias al auge agropecuario.

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Miguel Arregui

Uruguay es un país que bordea la catástrofe demográfica: población pequeña y concentrada en el extremo sur, bajísima tasa de natalidad, emigración constante durante al menos medio siglo, que ni siquiera se detuvo durante el gran ciclo de auge económico iniciado en 2003-2004, pese a que mermó. En general, tener pocos hijos y emigrar constituyen síntomas de desconfianza y pesimismo en la suerte de un país. En ciertos sectores sociales, urbanos, educados y de buenos ingresos, además puede denotar egoísmo: los hijos molestan, son caros e impiden el pleno goce de la libertad. En resumidas cuentas, la población más envejecida de América Latina pone una presión firme y sostenida sobre el sistema de seguridad social, que tarde o temprano deberá ser revisado.

El Censo 2011, del que se conocen cifras preliminares, no hizo otra cosa que confirmar estas tendencias e, incluso, mostrar que se agravan. También ratificó ciertos cambios históricos, como la decadencia relativa de Montevideo, ciudad cada vez menos atractiva, la retención de habitantes por el interior del país en su conjunto y el auge duradero del área metropolitana de Maldonado.

Pueblos moribundos. Hay pueblos que se extinguen lento, como una vela. Es el caso de Mangrullo, en Cerro Largo, donde quedan solo seis habitantes de los 31 que había en 2004, lo que hace que el otro Mangrullo, el de San José, con sus 81 pobladores parezca a su lado una megalópolis. Ferrer, en Florida, que tenía ocho habitantes en 2004 y ahora cuenta solo tres, alberga menos personas que una estancia cualquiera.

De los 100 habitantes que tenía en 1963 el centro poblado Parallé, en Rocha, solo restan 15. Para llegar hasta allí hay que recorrer la pintoresca ruta 15, que une Rocha con Velázquez, aunque -según dicen los lugareños- tiene 99 curvas, algunas de ellas de 180 grados. Es una región de serranías muy poco apta para la agricultura y la ganadería, salvo lanar.

La población del caserío Laureles, en el norte de Tacuarembó, cayó de 135 personas en 1963 a 19 en 2011. El lugar está casi tan vacío como la estación de ferrocarril en el kilómetro 494 de la vía férrea Montevideo-Rivera que le dio vida a partir de 1897. Ni la inauguración de la luz eléctrica en 2002 desalentó la emigración.

Soto Goro, en Cerro Largo, tenía 89 pobladores en 1963 y ahora solo quedan nueve. Fue literalmente aspirada por la cercana villa Isidoro Noblía (2.331), mucho más atractiva por su cercanía con Brasil y el comercio informal (un eufemismo para no hablar de contrabando).

Paso de los Toros, que fue el principal nudo ferroviario del centro y norte del país, se achica (12.817 contra 13.231 en 2004), como se encoge la población de Rincón del Bonete (de 97 habitantes cayó a 54) debido a la automatización de la central hidroeléctrica, lo que demanda menos operarios permanentes. Lo mismo ocurrió con otras dos poblaciones anexas a centrales hidroeléctricas: Baygorria (de 245 a 161) y Palmar (471 a 381).

Emigración no registrada. La ciudad de Rivera, que tradicionalmente atraía migrantes de otros departamentos del norte, perdió población. Esta ciudad fronteriza es un gran emporio comercial que, junto a Santana do Livramento, su ciudad espejo en territorio brasileño, reúne más de 150.000 personas.

Sin embargo mucha gente se va caminando desde Rivera hacia Brasil por la frontera seca y nadie se enteró, pues en general los balances migratorios se basan en los ingresos y egresos por el aeropuerto de Carrasco.

La ciudad de Tacuarembó también perdió pobladores, al igual que Casupá, en Florida (-1,7% anual), y las villas Tambores, entre Paysandú y Tacuarembó, y Vichadero, en Rivera (-1,4% anual).

Solo creció el número de habitantes de los departamentos de Maldonado (14,6%, o 1,96% al año), Canelones (6%, o 0,84% anual), San José (2,2%), Colonia (1%), Salto (0,53%) y Río Negro (0,17%). Algunos otros departamentos tuvieron fuertes pérdidas de población, de entre cinco y tres por ciento: Artigas (-1,03% al año), Rocha (-0,86% anual), Montevideo (-0,69%), Lavalleja, Soriano, Durazno, Treinta y Tres y Cerro Largo.

Todas las poblaciones rurales de los departamentos experimentaron fuertes reducciones. Los extremos son Artigas (-9,8% anual) y, menos acentuada, Flores (-2,3% anual). Las capitales departamentales crecen a expensas de las áreas rurales y de las poblaciones menores, lo que acentúa el macrocefalismo.

Solo el 5,1% de los uruguayos vive en el campo (7,5% en 2004), lo que convierte al país en uno de los más urbanizados del mundo, aunque muchos residentes en ciudades y pueblos concurren diariamente a realizar tareas rurales.

El fenómeno de residir en centros urbanos y trabajar en el campo ha sido alentado por el auge del automóvil y de las motocicletas y la mejora constante de la red vial: es común ver a curtidos gauchos de chambergo, bombachas y botas de cuero montando una motocicleta china por los caminos de campaña.

Pueblos que se agrandan. Hay regiones en auge. Maldonado es El Dorado, una nueva frontera: desde hace medio siglo exhibe un crecimiento sostenido gracias al turismo y la inversión inmobiliaria de alta gama. Aumenta la población de sus principales ciudades, como Maldonado (11% entre 2004 y 2011), San Carlos (10%) y Piriápolis (9,5%), pero mucho más la de zonas lujosas como San Rafael (51%), Punta del Este (22%) y Pinares-Las Delicias (14%); o barriadas del área metropolitana de la capital como La Sonrisa (60%), Cerro Pelado (27%) y Barrio Hipódromo (25%).

El área metropolitana de Maldonado se consolida como la segunda mayor aglomeración urbana del país, con 128.444 habitantes en el cuadrilátero Punta Ballena-San Carlos-Punta del Este-Balneario Buenos Aires, con un crecimiento "explosivo" para el contexto uruguayo, de 2,2% anual.

La población permanente de balnearios menores como Jaureguiberry, en Canelones, crece a gran ritmo (287 a 452), pero mucho más rápido lo ha hecho Lomas de Carrasco, una urbanización o "barrio privado" que no tiene más de 15 años de antigüedad, que pasó de 332 pobladores en 2004 a 798 en 2011.

La zona de Toledo, ciudad rodeada por grandes concentraciones urbanas (Villa Crespo y San Andrés, El Porvenir, Villa San José, Villa San Felipe, Seis Hermanos y Villa Hadita), hierve de nuevos pobladores. Ciudad del Plata, en San José, que integra el área metropolitana de Montevideo, llegó a 30.958 habitantes (2,20% crecimiento anual).

De Las Piedras a Joanicó. Los hogares más numerosos suelen darse en el norte del país, como en Las Piedras, Artigas (3,8 personas por hogar). Los hogares menos numerosos, en localidades de más de 1.000 habitantes, se registran en Punta del Este, lugar de retiro por excelencia para personas mayores con ingresos elevados (2,3 personas por hogar). Los hogares más numerosos de Montevideo se encuentran en las barriadas populares ubicadas en torno al Cerro (3,2 personas por hogar) y los de menor tamaño promedio en la zona de Cordón-Parque Rodó (2,1 personas por hogar).

El número de mujeres supera con holgura al de los hombres (52,09% a 47,91%). El récord de supremacía femenina, entre las poblaciones de cierta relevancia, se registró en Joanicó, Canelones: allí había 83 hombres cada 100 mujeres.

Gran Bretaña Y Conchillas. Si bien el Censo 2011 sufrió retrasos y problemas de todo tipo, sus resultados arrojan incongruencias más aparentes que reales. Un factor que contribuye a explicar algunas variaciones bruscas registradas entre 2004 y 2011 es el cambio de la metodología aplicada.

Tradicionalmente en Uruguay los censos de población y vivienda se realizaban en una sola jornada. Regía un criterio de hecho: se consideraba que el lugar de residencia de las personas era el que ocupaban en el momento de ser censadas.

Por el contrario en 2011 el proceso demandó meses y se interrogó a las personas sobre su lugar de residencia habitual, aunque en el momento de las preguntas estuvieran en otro lugar. Es un criterio de jure, aplicado originalmente en Gran Bretaña y sus colonias. Brasil fue el primer país importante de la región en adoptar esta metodología, que luego se extendió a Uruguay (entre otras cosas porque prestaron la tecnología).

El criterio de jure hizo que, por ejemplo, en Conchillas se censó a 696 habitantes (756 en 2004), cuando en rigor hay allí más de mil personas, pues la construcción de la fábrica de celulosa de la firma Montes del Plata ocupa a centenares de operarios.

8.490

censados hubo en Salinas. Pero la aglomeración de esa creciente área reúne 22.000 personas.

8.918

pobladores permanentes tiene Punta del Este, sin contar zonas aledañas, como San Rafael.

58.274

pobladores tiene Lavalleja, pocos más que en 1908, en tanto Maldonado multiplicó los suyos por 5,5.

La capital en decadencia

La Ciudad de la Costa, en los hechos una extensión de Montevideo que adquirió vida propia, desplazó a Salto como la segunda ciudad más importante de Uruguay. El fenómeno significa, además, que por primera vez en la historia hay dos ciudades con más de 100.000 habitantes, aparte de la capital del país: Ciudad de la Costa (110.232) y Salto (103.650). En orden de importancia le siguen las ciudades de Paysandú (75.757), Las Piedras (70.839), Rivera (64.016) y Maldonado (60.576).

"Se refuerza la tendencia a disminuir el peso relativo de Montevideo y su área metropolitana, iniciada en el período 1996-2004", observa Leonardo Olivera, docente de Geografía Económica en el Centro Regional de Profesores (Cerp) de Florida. En 1996 el área metropolitana concentraba el 52,3% de la población uruguaya, en 2004 el 51,9% y en 2011 el 51,5%.

El área metropolitana de Montevideo disminuyó en casi 30.000 habitantes (el departamento perdió 63.000 y las "coronas" metropolitanas en Canelones y San José ganaron 33.000 personas).

Montevideo no había hecho otra cosa que crecer respecto al interior desde la independencia de Uruguay, en particular desde la década de 1930 debido a políticas industriales y cambiarias proteccionistas a costa del sector agropecuario. En el último medio siglo el área metropolitana de la capital reúne invariablemente al 50-55% de la población del país, cuando en 1929 no llegaba al 30%.

La relativa decadencia de Montevideo se debe, probablemente, a que la enorme vitalidad del sector agropecuario desde 2002-2003 y el auge del turismo en Maldonado, contribuyen a retener la población en el interior del país. Además Montevideo tiene baja tasa de natalidad y jóvenes con alta propensión a emigrar.

"En la cabeza de los uruguayos, Montevideo es menos atractiva como lugar para moverse: inseguridad, mayor costo de vida, mayor competencia por puestos de empleo de cierta remuneración", opina Leonardo Olivera. "Creo que por ello gran parte de los migrantes se han movido a capitales departamentales, que no cambiaron tanto su oferta real de empleos, y especialmente a la zona turística en busca de oportunidades. Además muchos montevideanos, en razón de los costos, optan por mudarse al área metropolitana, lo que hace crecer a Ciudad del Plata, Toledo o Barros Blancos".

Si bien estos datos deben manejarse con cautela, pues son preliminares y falta censar algunos hogares individuales y otros colectivos, como cárceles y hospitales, el resultado final no debería variar de manera sustancial.

Los grandes fundadores

Durante el siglo XIX los grandes creadores de pueblos en Uruguay fueron los caminos, con su red de postas para viajeros, los grandes establecimientos agropecuarios y el ferrocarril, con su collar de estaciones.

Así, por ejemplo, a la vera del camino sobre la cuchilla Grande, que iba desde Montevideo hasta la frontera con Brasil, se gestó un rosario de comercios y todo tipo de servicios para los viajeros. Con el paso del tiempo esos núcleos se convirtieron en villas y pueblos, en especial cuando el ferrocarril llegó a Nico Pérez (1891) y a Melo (1909).

Luego, en la era del automóvil, el camino de la cuchilla Grande se transformó en la ruta 7.

La decadencia del ferrocarril, la expansión del automóvil y la modernización de la explotación ganadera hicieron languidecer a centenares de pueblitos, ya carentes de esencia, como antes se extinguieron las postas para viajeros a caballos y en diligencias. Pero esas muertes implicaron nuevos alumbramientos. En las últimas décadas se han sumado poderosos factores de poblamiento, como el turismo, la forestación y la agricultura. Además, los complejos de viviendas del plan Mevir cambiaron la fisonomía del interior y relocalizaron numerosas poblaciones. El caserío Queguayar (135 habitantes), en el suroeste del departamento de Paysandú, se creó en 2001 a partir de viviendas del Mevir.

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