Eloísa Capurro
Catedrático en Derecho del Trabajo y Seguridad Social, el español Federico Durán López estuvo en Uruguay esta semana para participar en el V Foro de Trabajo y Relaciones Laborales organizado por la Universidad de Montevideo. Su conferencia giró entorno a las relaciones laborales en la nueva economía, algo que conoce en profundidad. En una entrevista con Qué Pasa analizó la situación uruguaya -días después de la llegada de una misión de la Organización Internacional para el Trabajo (OIT) para analizar los cambios en la ley de negociación colectiva- y cuán cerca estamos de los problemas que hoy enfrenta Europa.
-¿Qué opinión le merece las críticas de la OIT con respecto a la ley de negociación colectiva uruguaya?
-Es cierto que este tipo de órganos tiene más funcionalidad cuando hay una composición más equilibrada y no se da una prevalencia tan clara del Poder Ejecutivo. Pero también es verdad que hay muchos modelos nacionales. Alguna de las quejas que la OIT plantea a la legislación uruguaya son problemas de fondo que se reproducen en otros países.
-¿Cómo cuáles?
-Por ejemplo en España. Y en otros países europeos. Con la última crisis y las dificultades en el conjunto de Europa, se están dando pasos, sobre todo, hacia una mayor adecuación de la representación de los agentes sociales. En muchos países europeos ha habido relaciones laborales muy sindicalizadas. En el sentido de que el sindicato tenía reconocido un poder de actuación en las relaciones laborales más allá de su ámbito de representación. Hoy eso se tiende a corregir.
-Aquí los sindicatos parecen tener un poder muy grande. ¿Cómo impacta eso en la negociación colectiva?
-Es una cuestión de puntos de equilibrio. En Europa todavía se discute si la excesiva influencia sindical ha sido determinante en algunas disfunciones que se han producido en el funcionamiento económico de algunos países. Por lo tanto se plantea reducir la influencia y la presencia de los sindicatos. Pero también es verdad que la evolución económica de los últimos años pone de manifiesto la necesidad de interlocutores en el mundo económico y social. Y por lo tanto unas relaciones laborales desvertebradas, sin presencia sindical y confiadas exclusivamente a la espontaneidad del conjunto de los trabajadores, en un determinado momento pueden tener problemas de gestión importantes.
-¿Entonces qué papel deberían jugar los sindicatos?
-Creo que el sindicato debe jugar un papel muy importante en las relaciones laborales. Lo que pasa es que es un papel que probablemente no pueda ser el mismo del pasado. Tiene que adaptarse a una serie de cambios y respetar equilibrios que son necesarios para competir en un mundo cada vez más abierto.
-¿En qué lugar está Uruguay?
-A Uruguay le queda camino por recorrer, como a tantos países. Probablemente el ajuste que se plantea en la normativa del consejo tripartito, si es hecho con prudencia y con un ritmo adecuado, podría ir en la dirección correcta.
-¿La fuerte representación del Estado en ámbitos de negociación colectiva (criticado aquí por los empresarios) ¿se da porque son ámbitos implantados por gobiernos de izquierda?
-Normalmente ha estado asociado. Pero no necesariamente. El gran debate es si la negociación colectiva debe ser un ámbito de libertad. Hay países como Italia que han optado históricamente por un modelo de ese tipo. Allí no hay una legislación acerca de la negociación colectiva, ni quién negocia, ni qué valor tiene lo negociado. Hay otros países, como España u otros países europeos, que han tenido una legislación muy específica.
-Más parecido a lo que sucede aquí.
-La tendencia hoy en día, por lo menos en Europa, es a ir abandonando esos esquemas e ir hacia una mayor libertad.
-¿Ve esa tendencia en Uruguay?
- Creo que las tendencias hoy en día son universales. Con distintos ritmos y etapas. Pero hoy hay un proceso de homogeneización creciente de las tendencias en las relaciones laborales. Y creo que Uruguay seguirá la senda de ahora en más. Siempre ha sido un país más avanzado. Y creo que seguirá la senda que sigue el conjunto de los países.
-A la salida de la crisis de 2002, los sucesivos gobiernos implantaron medidas de protección a los trabajadores (consejos de salarios, fueros sindicales, se amplió la protección social). ¿Esa es una respuesta apropiada para la crisis que enfrenta hoy, por ejemplo, Europa?
-Las respuestas son siempre distintas. La tutela del trabajo tiene que ser un objetivo permanente. Los países avanzados como los del ámbito regional no pueden permitirse desmantelar un sistema tutelador del trabajo. Lo que pasa es que la tutela del trabajo tiene que cambiar. No se puede seguir pretendiendo esquemas del pasado. Porque al final no se tutela el trabajo. Que es lo que ha pasado en España, que se ha intentado una salida social de la crisis que ha provocado una situación mucho más dolorosa.
-¿En qué sentido?
-Porque son medidas que no tienen en cuenta el entorno económico. Eso se ha traducido en el mantenimiento de esquemas rígidos de protección del trabajo propios de otras etapas y ha provocado un aumento del desempleo considerable. No se puede decir que salimos de la crisis con beneficios cuando en España, por ejemplo, casi una cuarta parte de la población está condenada al desempleo. No es una salida social de la crisis.