La amnesia del imperio

La televisión obliga a los británicos a pensar su pasado

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Los británicos, así dice el clisé, son gente reprimida. Enfrentados a temas incómodos, los evitan y hacen un té. Nunca más cierto eso que con el imperio británico. Objeto de fascinación, odio y admiración mundial, la historia del imperio se evita en Gran Bretaña: es un avergonzante episodio que prefieren olvidar. Por eso una miniserie documental de la BBC, Empire, está inquietando a los británicos, acusándolos de negación: "Pretender que no necesitamos pensar en eso, es estúpido", dice uno de los creadores del programa.

La historia del imperio está fuera de la curricula escolar. La generación que creció a fines del siglo XX, estudió la historia de las islas británicas hasta el siglo XVIII, después se salteó el imperio para enfocarse en la revolución rusa, la historia de los negros en Estados Unidos o la Segunda Guerra Mundial. Con aulas multiétnicas llenas de inmigrantes de Asia y África, era un alivio para los maestros llevar el debate a la maldad de Hitler o la grandeza de Martin Luther King, en lugar de lugares más divisivos: cómo los ancestros de una mitad de la clase masacraron a los ancestros de la otra mitad. Era más fácil barrer abajo de la alfombra, todos los motines indios, los campos de concentración de la guerra Bóer y las colonias de esclavos del Caribe.

Empire confronta el pasado colonial británico con un espíritu de vivaz autoflagelación: "Era el imperio donde la sangre nunca se secaba", dice el presentador. Lo que sigue son paseos a través de los antiguos dominios británicos, un enorme viaje culposo. El conductor le pregunta a un egipcio: "¿Es que no hay nada bueno que hayamos hecho acá?". "Nada", dice el egipcio luciendo, con deliciosa ironía, un muy británico traje de tweed. "Todo imperialismo es malo". El objetivo del programa no es el catálogo de los pecados del imperio, sino mostrar cómo la idea de Gran Bretaña es imposible sin entender la historia de su imperio.

Mientras la serie de la BBC busca llegar a una convivencia con el pasado imperial, un nuevo reality show en su canal rival, Channel 4, se enfrenta a un desafío aún mayor: cómo los hijos de esas aventuras coloniales deben ahora encontrar la manera de vivir juntos. El programa, Make Bradford British ("Hagamos a Bradford británica"), se centra en la ciudad más fracturada, un lugar famoso por sus motines raciales. El programa reúne en una casa a un musulmán ortodoxo, un policía blanco y racista, una mujer negra que desprecia a los asiáticos, y otros productos multiculturales del imperio. Los conflictos étnicos y religiosos pronto salieron a la superficie, antes de que empezaran a ablandarse, llorar y buscar lo británico que tienen en común. Dicen sentirse británicos pero la mayoría se queda confusa frente a la cámara cuando le piden que defina eso.

Ambos programas están explotando una potencialmente fatal crisis de la identidad nacional. Este es un año particularmente patriótico para los británicos: se celebra el Jubileo de Diamante de la reina y los Juegos Olímpicos llegan a Londres. Pero además, Gran Bretaña ha empezado -tras años de evitar la pregunta- a encarar esa falta de consenso sobre quién es en realidad.

Lo que quizás es más revelador -y más británico- es que ese intento de lidiar con el pasado de la nación se está haciendo a través de la televisión, en lugar de en la educación, el Estado o las instituciones religiosas. La televisión juega un curioso papel vital en Gran Bretaña. En una cultura profundamente privada y represiva, la televisión es donde los británicos lidian con las cosas. Otras culturas se quedan hasta tarde hablando y tomando para convivir con su problemas, otros van a la iglesia, los británicos prenden la televisión. (Peter Pomerantsev, Newsweek, Traducción: FRC)

El país en que vivimos -el Reino Unido- es una creación imperial. Es al imperio que le debemos nuestro sentido de que somos algo especial. Incluso cambió el mapa genético de los británicos. Pero aun así insistimos es que eso ya lo dejamos atrás".

Empire, documental de la BBC.

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