NIALL FERGUSON
Historiador
Un graduado exitoso es, por regla general, adorado por su universidad. Cuanto más prominente se vuelve, más llamadas recibe. Si realmente la pega en grande, hay invitaciones a ser anfitrión de grandes cenas, recibir títulos honorarios, dar discursos de inicio de clases...y, por supuesto, poner su nombre en una silla o un edificio (y en un cheque suculento).
Hay dolorosas excepciones a esa regla. Ningún graduado de la universidad de Oxford hizo más para restaurar la economía británica que Margaret Thatcher. Sin embargo, en 1985 los decanos de Oxford votaron en contra de darle, a la por entonces primera ministra, un doctorado honorario, un desaire sin precedentes.
Hubo una ruptura similar entre Henry Kissinger y Harvard. Pero hace menos de un mes, después de décadas de distanciamiento, Kissinger regresó a la universidad en la que estudió y enseñó. Fue una ocasión emotiva. Y una señal fascinante de cómo cambió el Estados Unidos liberal.
Confesión: estoy escribiendo la biografía de Henry Kissinger. También enseño en Harvard, como él lo hizo entre 1954 y 1969. Y habiendo sido un estudiante en Oxford cuando a Thatcher le negaron su doctorado, siempre he creído que las universidades debería mostrar respeto por sus alumnos que llegan a las primeras magistraturas, más allá de los desacuerdos políticos.
En la década de 1970 y 1980 esa visión no estaba de moda. Por entonces, los académicos liberales se enorgullecían de repudiar a sus más exitosos alumnos conservadores porque no coincidían con sus políticas. En el caso de Oxford, fueron los cortes de Thatcher a los fondos universitarios. En el caso de Harvard, fue Vietnam.
El 8 de mayo de 1970, después que los fuerzas estadounidenses invadieran la vecina Camboya, una delegación de antiguos colegas -entre ellos el economista Thomas Schelling- visitaron a Kissinger en Washington. Kissinger les dio la bienvenida a sus "viejos amigos de Harvard". "No", le respondió Schelling, "somos un grupo de personas que hemos perdido completamente la confianza en la habilidad de la Casa Blanca para llevar nuestra política exterior, y venimos a decírselo". Así comenzó un cisma de 42 años.
Libros como The Trial of Henry Kissinger de Christopher Hitchens perpetuaron la noción de que la política exterior de Nixon fue extraordinariamente malvada. Para liberales entrados en años, es cuestión de fe que, por ejemplo, Nixon y Kissinger fueron personalmente responsables por el golpe que derrocó a Salvador Allende. Así que era previsible que si Kissinger volvía a Harvard, habría protestas por sus presuntos "crímenes de guerra". Por eso fue muy valiente, el presidente de Harvard, Drew Faust, al invitarlo a una discusión abierta y más valiente fue Kissinger al aceptarla.
Seguro, después que Kissinger fue presentado y aplaudido empezó la protesta. Pero lo más extraordinario fue la protesta contra la protesta. El manifestante -uno solo- era del tipo de hippie avejentado que aparece en esas ocasiones con su pelo canoso atado con colita. Había algo de ritual en su discurso, que comenzó: "Estoy haciendo un arresto ciudadano...". Los policías del campus lo guiaron a la salida. Entonces algo pasó. Espontáneamente, la audiencia le dio una ovación a Kissinger. La mayoría de los que aplaudían eran estudiantes.
Bienvenidos a la nueva brecha generacional. En la sesión de preguntas y respuestas, el puñado de preguntas maliciosas vino de los más veteranos. La actitud de los estudiantes era diametralmente opuesta. Muchos hicieron una hora de cola para entrar. Al final, se arrimaron al escenario para sacarse fotos y pedirle un autógrafo
Un cínico podría decir que es inocencia juvenil. "Para ellos, Vietnam es sólo historia", escuché decir a un miembro de la facultad, "como la guerra civil". Sí y no. La generación que se hizo adulta después del 11-S, tiene una actitud fundamentalmente diferente hacia la guerra que el hippie de colita. La presidencia de Obama ha mostrado que los liberales, también, a veces deben usar la fuerza para mantener la seguridad de la nación.
¿Quién sabe? Quizás un día, un sucesor de Hitchens denunciará los "crímenes de guerra" de Barack Obama. Pero si eso pasa, sus lectores serán sexagenarios. Una generación más joven y sabia le dio la bienvenida a Kissinger en su regreso a Harvard. Ahora le toca crecer a Oxford.
Profesor en Harvard y autor de varios éxitos de ventas (Civilización, El poder del dinero, La guerra del mundo) en los que mezcla el análisis, el dato histórico y una prosa seductora, Ferguson es uno de las figuras intelectuales más convocadas. Su aproximación a los temas, en general, tiene una mirada económica. Escribe una columna semanal para Newsweek, de donde fue tomado este texto en el que critica a aquellos que critican a Henry Kissinger de quien está escribiendo su biografía autorizada.