Marta Aguilera
Cuarenta metros de altura cortan dos de las arterias principales de la ciudad, 18 de Julio y Bulevar Artigas. Se trata del Obelisco de los Constituyentes de 1830, emblema turístico de la capital y símbolo de uno de los actos más relevantes del fin de la dictadura.
Es el inicio de uno de los pulmones verdes más importante de la ciudad, el Parque Batlle. Su actual aspecto descuidado y la fama de inseguridad que le precede, han provocado que turistas y locales miren la zona con desconfianza y aceleren el paso cuando cruzan por ahí.
El Obelisco es una parada obligada de los tours turísticos junto con la fortaleza del Cerro, el mausoleo donde están las cenizas de Artigas y la puerta de la Ciudadela. "No hay derecho a que lo tengan tan descuidado", se queja Diego, uno de los cuidacoches de la calle Luis Morquio. Acá, dice, el problema es de la intendencia, que contrata varias empresas para cuidar un mismo sitio. Una empresa se encarga de la fuente, otra del césped del monumento y otra del césped del parque.
Pero no es una cuestión de dejadez de la comuna, sino de los ciudadanos, explica el director de Espacios Públicos, Daniel Espósito. "El grave problema no es la falta de limpieza, sino que el montevideano es desprolijo y no cuida su ciudad", dice. Sólo encuentra una solución: "sancionar para que respeten las normas y quieran un poco más su lugar".
Al descontento general por la falta de limpieza de la zona, hay que añadirle que la fuente lleva un mes parada y acumulando basura en su interior: bolsas, cartones, botellas...
"No funciona porque está en su período de mantenimiento", explica Espósito. Cada dos años la paran durante un mes, y "esta vez hemos aprovechado que había que arreglar varias cosas como las toberas (punteros lanza agua), las luces quemadas y los filtros del agua, por eso la fuente está casi vacía". Asegura que la próxima semana volverá a funcionar.
Mientras tanto, la mugre cubre la piedra y el bronce del monumento.
Sólo hace falta darse una vuelta por el parque para ver varias estatuas pequeñas adornadas con grafitis o sin brillo. El monumento a Alberto Candeau ya no tiene el nombre del actor, entre otros descuidos.
Una pareja de turistas, cámara de fotos en mano, para delante del Obelisco, lo mira y se acerca a Diego para preguntarle por La Carreta. "Viste, ni caso le hacen". Ahora todos bajan a hacerse fotos a esta plaza que está mejor cuidada porque su mantenimiento lo paga Azabache, un boliche cercano, asegura el cuidacoches.
Espósito explica que muchas empresas se han hecho cargo de algunos puntos importantes de la ciudad, como La Pasiva con la plaza del Entrevero o la discoteca Azabache con La Carreta. "Se trata de una cuestión de patrocinio de las empresas. Es una cooperación privada de los espacios públicos", dice el jerarca. El Obelisco no consiguió eso.
Los cruceros no paran delante del monumento por cuestiones de seguridad, explica la guía turística de Emtour. "Es un lugar muy transitado por coches que rodean el Obelisco y no queremos que nuestros clientes sufran un accidente". Según Diego, "no le hacen la foto ni desde arriba del ómnibus".
Para Sebastián, turista venezolano, el Obelisco representa los principios de una nación. "He visto el de México y Buenos Aires y ni punto de comparación con el de aquí", expresa.
Pero las quejas no terminan ahí. Los vecinos aseguran que cuando comienza a hacerse de noche los rapiñeros aprovechan "para hacer de las suyas".
Desde 2008, los principales parques de la capital como Batlle o Rodó cuentan con la figura del cuidaparques, quien se encarga de que no haya gente durmiendo en el verde ni en los bancos y de salvaguardar el mobiliario urbano. "Si vemos un robo no nos metemos, pero sí llamamos a la Policía", asegura Mabel, encargada de la vigilancia de las inmediaciones del Obelisco.
Y es que bastante tienen ya con las agresiones que sufren cuando tratan de mantener el orden dentro de su área. "El otro día me agredió un motorista al que le dije que no podía cruzar con la moto por el verde", se queja. La lucha contra el vandalismo es continua: en verano les agreden e insultan "los chiquilines que para refrescarse se bañan en las fuentes".
Pero Espósito está contento, de momento, porque "la presencia de los cuida parques ha reducido un 90% los hurtos de mobiliario urbano y los hechos vandálicos". Ahora sólo queda cuidar su aspecto.
Historia del obelisco
Fue inaugurado en 1938 en homenaje al centenario de la jura de la primera Constitución en 1830. Además, en 1983, Alberto Candeau reclamó frente a él, en nombre de todos los partidos políticos, una "democracia sin exclusiones".