Los smartphones aún no ganan la pulseada, pero se las traen

| De los US$ 220 millones que gastaron los uruguayos en equipos el último año, 60% se destinó a los básicos, defendidos enfáticamente por quienes aún prefieren no estar todo el día online

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POR GABRIELA ROCHA

grocha@elpais.com.uy

Claudia fue la última de sus amigas en abrirse cuenta Facebook y en comprarse celular. Varios años después apenas cuenta con una foto de perfil, al tiempo que luce orgullosa su Nokia 2730. Hace dos semanas la volvió a perturbar la idea de que en algún momento la tecnología le va a «ganar» y terminará comprándose un smartphone -teléfono inteligente-, cuando asistió a un evento en Chile, compartió conferencias y charlas con colegas de América Latina, pero no el Business center, ya que fue la única que lo necesitó para dar señales de vida a su familia en Montevideo. Sin embargo, una vez de regreso, volvió a su postura anterior: «No quiero estar conectada todo el día».

Esta joven de 25 años forma parte de la mayoría que, por esa misma razón u otras menos fundamentalistas, aún no tiene un teléfono con sistema operativo o inteligente. Es así que el último año móvil los uruguayos gastaron unos US$ 220 millones en equipos nuevos y 60% de ese monto se destinó a teléfonos básicos, aunque éstos tienen al menos una prestación adicional, como cámara de fotos o MP3.

Pese a esto, el avance de los smartphones es firme en función de que la brecha de precios se acorta. Algo más de 20 años después de la llegada del primer «Movicom» al país, luego de pasar por la década del 2000 en la que la mayoría adquirió su celular, hoy ya existen cuatro millones en funcionamiento, algunos los cambian en períodos menores al año y apenas los usan para hablar o mandar mensajes de texto (sms), frente a la navegación en Internet, entre otros múltiples usos.

El psicólogo Roberto Balaguer aseguró que se pasa cada vez más a tener una prótesis en lugar de relacionarse con un objeto. Esto tiene su versión radical cuando llegan los casos de nomofobia, o el miedo a estar sin este dispositivo. Pero los expertos no coinciden respecto a la fecha en la que los uruguayos asistirán al funeral de los de dumbphones -teléfono tonto, en la jerga-.

Para el gerente de Marketing de Claro, Nicolás Peyrous, los fabricantes los siguen volcando al mercado porque aún existe demanda, por lo que no estima que éstos desaparezcan en el corto plazo. Por el contrario, Guillermo Varela, director de la tecnológica Handsoft, consideró que la existencia aún extendida de esos aparatos tiene más que ver con una decisión de los fabricantes y con que «las telefónicas siguen presentando la oferta comercial subsidiada y todavía no hay cultura extendida de compra libre».

Sin embargo, se han ido sumando cada vez más empresas que importan y comercializan equipos independientemente de las tres telefónicas; hoy llegan a ser 40. Para Enrique Canclini, director de una de estas mayoristas -la única que sólo vende al por mayor-, E-Mobile, «la gente cada vez demanda más y los operadores no pueden ofrecer una gama de 30 modelos, ya que su principal negocio es vender voz y datos», por eso la razón de ser y la multiplicación de los importadores.

En tanto, adelantó el final de los equipos básicos porque existen fabricantes que ya no se dedican a ellos o dejarán de hacerlo en el corto plazo, como Samsung y Sony Mobile.

PARA ESTAR «IN»

Que los dumbphones le ganen aún la pulseada a los otros no es sólo una realidad local: sólo 35% de los estadounidenses tenía un teléfono inteligente en mayo de 2011. Pero la expansión de éstos es inminente: según previsiones de Cysco Sistems en 2016 habrá 10.000 millones de tablets y smartphones en todo el mundo, cifra que superaría a la población mundial.

Es que más allá de los beneficios de conectividad, existe un factor quizá más fuerte que hace tender a los usuarios a volcarse por estos aparatos: estatus. «Los teléfonos se han vuelto un elemento crucial que muestran donde uno está parado, es estar in, actualizado», resumió Balaguer. Existen incluso empresas que no quieren que sus empleados usen determinados dispositivos porque dan imagen de «anquilosamiento».

Esto lleva, en opinión de Canclini, a que algunos usuarios tengan un Blackberry, por ejemplo, y lo utilicen sólo para las funciones básicas. Varela, en tanto, opinó que los uruguayos sí están preparados para un uso integral del teléfono inteligente, aduciendo que se debatió lo mismo cuando nacieron los sms u otras tecnologías. «Habrá que buscar cuáles son los aplicativos que llevan a que la gente los use», indicó.

Mientras tanto, algunos siguen fieles a sus convicciones y prometen que no se las derribarán, mientras tal vez sueñan con una nueva partida del mítico Nokia 1100, el teléfono más vendido en el mundo y en Uruguay. Sandra, una profesional de 50 años, dijo: «Yo lo uso de línea telefónica, punto, tengo Internet en casa. No me siento excluida. Además, me preserva de estar siempre enchufada».

En tanto, Julieta (37), arguyó que no es «nada tecnológica» ni está «atrás de los últimos modelos». «No sueño, no aspiro con eso y no se lo envidio a nadie», continuó. Sin embargo, como mantiene una relación de pareja a distancia, cada vez le cuesta más no disponer de un smartphone, ya que le permitiría «chatear el día entero sin gastar». Por este motivo, su hermana le regalará un Blackberry usado para su cumpleaños.

Peyrous consideró que a estos usuarios, «la ecuación costo-beneficio les da positivo». «Obtienen un beneficio con estos equipos por practicidad, resistencia, bajo costo, no preocupación por pérdida o robo y, sobre todo, porque tienen servicio prepago».

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