El gobierno argentino utiliza el tipo de cambio esencialmente como instrumento antiinflacionario para formar expectativas de estabilidad, que en la práctica no han podido ser convalidadas, sostuvo Juan Luis Bour, economista jefe de la consultora FIEL, con sede en Buenos Aires. A continuación un resumen de la entrevista.
-¿Prevé que siga creciendo la economía argentina con tasas similares a las de 2011?
-Hoy observamos una desaceleración muy marcada del ritmo de crecimiento de la actividad económica, por lo cual proyectamos una tasa de 2,9% para 2012. Originalmente, habíamos previsto que el PIB crecería en torno al 4,5%, pero esta cifra se ha tenido que ir corrigiendo debido a una severa sequía que ha afectado la producción de soja de tal modo que estimamos una contracción del producto bruto agropecuario del 8% a fines de este año. Además, las decisiones recientes del gobierno argentino están afectando seriamente a la inversión, que prácticamente se detuvo en el primer trimestre de 2012. Lo demuestran las cifras contundentes de las importaciones de bienes de capital que cayeron, en volumen, un 29% en marzo. Por lo tanto, pronosticamos una caída significativa de la inversión bruta en maquinaria y equipos, mientras que la construcción va a tener un leve crecimiento con respecto a los niveles del año pasado.
-¿Qué medidas están afectando más a la inversión?
-La decisión de establecer restricciones a la compra de divisas adoptada a fines de octubre pasado está anunciando a quien piense invertir en Argentina que puede ingresar sus capitales, pero que no los va a poder retirar del país. Eso constituye un desincentivo para cualquier inversor extranjero. Además, el control cambiario está comenzando a afectar a la construcción que estaba en una fase creciente porque dificulta las operaciones inmobiliarias en un mercado dolarizado como es el argentino. Asimismo, el gobierno está dando una señal muy clara al público de que no se desprendan de sus dólares. Por eso, los compradores de inmuebles quieren pagar en pesos y los vendedores exigen moneda extranjera para las transacciones.
-¿Qué otros sectores han sido perjudicados por el control cambiario?
-La actual política cambiaria de devaluar muy por debajo de la tasa de inflación genera costos crecientes para la industria y afecta cada vez más al turismo. Desde hace seis meses, la entrada de turistas viene decreciendo ligeramente con respecto al año anterior. Por ejemplo, el turismo receptivo suma unos 2,9 millones de personas, mientras que el número de turistas argentinos al exterior ha estado ascendiendo sistemáticamente de 1,5 millones en 2008 a 2,5 millones en la actualidad. Si bien aún hay un superávit de los ingresos, el balance tiende a modificarse debido a que las perspectivas de un menor crecimiento de las economías latinoamericanas, especialmente la brasileña, están retrayendo la llegada de visitantes de este origen. Además, la paridad cambiaria hace que Argentina se haya vuelto un país caro y, por tanto, un destino menos atractivo. A su vez, el atraso cambiario fomenta los viajes de los argentinos al exterior.
-Hay quienes sostienen que la política cambiaria se aflojaría a mediados de este año una vez que hayan ingresado suficientes divisas como resultado de las exportaciones de soja. ¿Qué opina al respecto?
-Como esas disposiciones son supuestamente transitorias, se ha dejado trascender en la prensa que dejarían de aplicarse a finales del segundo trimestre. Eso es altamente improbable porque el levantamiento de esas restricciones se tendría que hacer ahora mismo cuando se está exportando la cosecha de soja y no en el tercer trimestre cuando dejen de ingresar divisas.
-Entonces, ¿cree que las restricciones comerciales y cambiarias permanecerán por mucho tiempo?
-Ese tipo de medidas es difícil que se revierta durante el resto de la actual administración porque el día que no se apliquen los argentinos van a salir masivamente a comprar dólares por todas las veces que no pudieron hacerlo, con la consiguiente fuga de capitales. Lo mismo ocurriría si se aflojaran las restricciones a las importaciones, ya que habría una demanda altísima de insumos del exterior.
-Ante ese panorama, ¿qué sectores permitirán a la economía argentina crecer algo este año?
-Un crecimiento muy moderado se basará en que aún hay algunos servicios muy dinámicos en el sector privado como el comercio, las telecomunicaciones y el sector financiero. Tampoco hay que olvidar todo lo que hoy representa el sector público, que tiene un peso creciente en el modelo kirchnerista. En cambio, la industria va a crecer apenas 1,5% en 2012 y el agro se contraerá 8%.
-¿Qué factores externos e internos contribuirán a que la actual administración mantenga su política de crecimiento hacia adentro en el corto plazo?
-Los factores externos ya no son muy expansivos, aunque la demanda asiática, la estadounidense y, en menor medida, la regional sostienen las exportaciones argentinas. De todos modos, Argentina no está creciendo hacia afuera. Más bien son factores internos los que generan la actividad económica. Me refiero básicamente al sector público, cuyo gasto aumentará en forma muy marcada. Los datos del primer trimestre de este año indican que ha crecido un 32,8% nominal debido a los incrementos de las pensiones y la explosión del empleo público que, según cifras del cuarto trimestre de 2011, ha estado aumentando a una tasa del 6,1% anual desde 2007 a la fecha.
Déficit fiscal
-¿Cuáles son sus proyecciones acerca del resultado fiscal de este año?
-Como los ingresos crecen aproximadamente un 29% anual y el gobierno ya venía con un déficit consolidado -el de la Nación más los de las provincias- que se situó por encima del 3,5% del PIB en 2011, las cuentas fiscales van a terminar el año con un signo negativo holgadamente superior a 4%. Esto es preocupante porque el déficit no debería aumentar en 2012 dado que no es año electoral. Además, el mayor riesgo consiste en que las cifras en rojo continuarían creciendo en un futuro previsible.
-¿Cómo se va a financiar ese incremento del gasto?
-Hay dos "cajas" de financiamiento. Una es el Banco Central de la República Argentina (BCRA) que provee divisas de sus reservas y, sobre todo, emite papel moneda. Si bien podría interpretarse que la emisión es una manera gratis que tiene el gobierno para financiarse, tiene un costo: va a generar más inflación, pero es una deuda que no paga intereses. La otra caja es la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), luego que fueran expropiados los fondos previsionales en 2007.
Inflación y moneda
-¿Por qué Argentina tiene la mayor inflación de América Latina detrás de Venezuela según las mediaciones no oficiales?
-Cabe aclarar que las mediciones oficiales de todas las provincias que miden precios y de la Ciudad de Buenos Aires también indican tasas de inflación mayores que las del Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) e incluso en algunos casos superiores a las cifras de las consultoras privadas. La única medición que no es consistente con el resto es la del Indec que depende del gobierno nacional.
Yendo directamente a su pregunta, esa tasa altísima de inflación se debe a las políticas fiscales y monetarias muy expansivas. Eso promueve una fuerte demanda interna en una economía donde la oferta de bienes no responde a ese ritmo, porque se están alcanzando los límites de capacidad de la producción nacional y por las restricciones impuestas a las importaciones. Es obvio que, si se impulsa la demanda y se restringe la oferta, va a producirse un aumento de precios en algún momento.
-¿Qué relación directa tiene el tipo de cambio actual con la inflación hoy día?
-En Argentina, se han utilizado tres anclas nominales de precios: las tarifas de los servicios públicos, la tasa de interés y el tipo de cambio.
Las tarifas fueron un ancla que el gobierno aplicó durante mucho tiempo y que este año ha comenzado a soltar lentamente en combustibles, electricidad, gas domiciliario, etc. Ocurre que, cuando se levanta un ancla, se le exige más esfuerzo a las otras dos. A su vez, la tasa de interés, que había estado muy baja en años anteriores, subió en el cuarto trimestre de 2012 debido a la fuga de capitales.
Ahora la tasa ha vuelto a bajar por un fenómeno monetario ya que el gobierno no permite a las empresas girar utilidades al exterior o -en los casos en que tiene participación accionaria- distribuirlas y, por tanto, tienen una gran liquidez que termina en el sistema financiero. Al disponer los bancos de una enorme masa de dinero, ofrecen intereses mínimos por los depósitos y prestan a tasas muy bajas. Hoy la tasa de interés de mercado que se paga sobre depósitos en pesos argentinos es de 13% anual cuando la inflación está en 22%. Es factible que esta ancla desaparezca en el futuro.
Por lo tanto, prácticamente queda una sola ancla nominal que es el tipo de cambio. Como la moneda argentina se deprecia alrededor del 7%-8% en el año, lo que hace el gobierno es frenar la suba de precios. En síntesis, el tipo de cambio se usa esencialmente como instrumento antiinflacionario para formar expectativas de estabilidad, que en la práctica no han podido ser convalidadas.
-¿Cómo calificaría el actual grado de presión del paralelo sobre el tipo de cambio oficial?
-En Argentina tenemos hoy más de un tipo de cambio. Funciona el oficial, el "blue" (N.de R.: cotización del dólar con que operan agencias de cambio no autorizadas) y el "contado con liquidación" (N.de R.: tipo de cambio que surge de comprar bonos en Argentina con pesos y venderlos en Nueva York para obtener dólares). A principios de mayo el "blue" marcaba una brecha de un 15% respecto al cambio oficial, cotizándose a 5,10 pesos por dólar (promedio vendedor) contra 4,42 pesos del valor que fija el BCRA. Pero esa diferencia supera el 25% si se la compara con el valor en el mercado del contado con liquidación, usado para operaciones de mayor magnitud. Esa diferencia indica que hay agentes económicos dispuestos a pagar ese precio más alto para salir de su posición en pesos. Por tanto, el "blue" empieza a a ser a un precio de referencia para el mercado. Si se aplicaran más restricciones a las operaciones cambiarias, esas medidas aumentarían la demanda y restringirían la oferta con las lógicas consecuencias.
Reforma de la carta orgánica del BCRA
-¿Qué significa la ley de reforma de la carta orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA) aprobada en marzo pasado?
-La reforma tiene un doble objetivo. Por un lado, está diseñada para financiar al Tesoro el pago de la deuda en dólares, ya que se le habían agotado las denominadas "reservas de libre disponibilidad" al BCRA. La nueva normativa habilita a la autoridad monetaria a determinar cuál es el nivel óptimo de reservas. Eso le permite fijar cualquier cifra sobre los US$ 47.000 millones con que cuenta en la actualidad.
Por otro lado, se trata de financiar el gasto corriente del Tesoro con las reservas del BCRA porque es la única manera de sostener una expansión fiscal este año. Para la provisión de esos fondos, la capacidad del Banco Central tenía que aumentar en diez puntos porcentuales de la recaudación tributaria. Por eso, la reforma de la carta se votó urgentemente en marzo pasado dado que había que hacer frente a vencimientos perentorios.
-Como las reservas bancocentralistas son finitas, ¿a qué otras "cajas" deberá recurrir el gobierno en el futuro?
-Primero, debemos aclarar que el BCRA no puede usar todas sus reservas porque siempre necesita contar con algún respaldo, incluso para el cumplimiento del pago de deudas con bancos internacionales. Segundo, si el financiamiento monetario no alcanzara o si resultara demasiado inflacionario y el gobierno decidiera usar otro instrumento, entonces tendría que recurrir a otras "cajas" como ya ha venido haciendo en los últimos años.
-¿No va a echar mano a los fondos de YPF?
-Es difícil pensar que la expropiación de YPF se hizo con ese objetivo porque la empresa petrolera tiene muy poca caja. Además, si bien se confiscó un 51% del paquete accionario, la mitad le corresponde a las provincias y el gobierno nacional solo se queda con un 25%.
Seguramente, el gobierno debe estar pensando en nacionalizar otras "cajas" que tengan fuertes ganancias. Hoy solo podría sacarle más dinero al sector financiero a través de nuevos impuestos.
Expropiación de Repsol es un típico acto populista sin contenido económico
-¿Coincide con la decisión del Senado argentino que expropió por abrumadora mayoría la participación accionaria de Repsol en la petrolera YPF?
-Considero que fue un típico acto populista de la actual administración que carece de contenido económico. En realidad, solo tiene contenido político. Además, si el país quiere desarrollar recursos energéticos de largo plazo, hay muchos mecanismos -y no necesariamente una expropiación- como una asociación con el sector privado para reducir el peso del esfuerzo fiscal.
-¿Se puede esperar un aumento de la producción petrolera de YPF bajo control del Estado?
-El descenso de la producción petrolera y, sobre todo, gasífera se viene dando desde hace varios años. Esta declinación obedece básicamente a que se impuso un esquema de política energética que de antemano estaba condenado a bajar la producción. Esto se explica porque Argentina compra gas natural a más de US$ 14 por millón de BTU en el exterior, pero el precio promedio que se paga al productor local es de poco más de US$ 2 a efectos de desvincular los precios internos de las cotizaciones internacionales. En consecuencia, quienes tenían que arriesgar capital para explorar y desarrollar pozos petrolíferos o depósitos de gas natural optaron por hacerlo en otros países. A esto debe sumársele una política de precios muy bajos al consumidor que hizo subir la demanda y que, lógicamente, produjo un desequilibrio en la oferta que afecta la balanza comercial.
-¿Qué ha cambiado en términos de incentivos para que ahora YPF vaya a aumentar la producción de petróleo?
-En los primeros meses de este año la producción petrolífera y de gas siguió cayendo. Es posible que en el segundo trimestre de 2012 haya algún aumento de la producción; pero sería casi una burla atribuírselo a la nacionalización porque, en el mismo período del año pasado, hubo una huelga salvaje en el sur de Argentina que hizo caer los niveles de extracción en casi 12%. Por lo tanto, el test de eficiencia solo se verá en una proyección a mediano plazo.
-¿Es posible que haya alguna inversión importante en YPF de ahora en adelante?
-No sabemos cuáles son las ideas del gobierno en esta materia. Es posible que próximamente se anuncie el management de la empresa nacionalizada, que estaría integrado por un equipo de expertos argentinos que trabajan en el exterior en compañías especializadas en la perforación del tipo de rocas donde se ubican los yacimientos de "shale oil" y "shale gas".
Actualmente, las grandes interrogantes son si YPF podrá reunir todo el management necesario, si contará con la tecnología y el know-how para desarrollarla y si tendrá inversores dispuestos a arriesgarse en una actividad en la que tienen que "hundir capitales" durante cinco años y recién después empezar a extraer petróleo o gas natural.
-¿Qué costo monetario tendrá la expropiación de la empresa petrolera para Argentina?
-El gobierno argentino no va a pagar mucho, o quizás nada, porque en 2007 el expresidente Kirchner le impuso a Repsol YPF un socio particular -el Grupo Petersen- que compró un 25% del paquete accionario a YPF sin invertir capital. No conozco el contrato en detalle, pero queda claro que dicho grupo solo prometió pagar esas acciones en la medida que la empresa obtuviera ganancias, lo que da lugar a que, entre otras cosas, se tengan que utilizar todos los beneficios de la compañía para cumplir con esa deuda.
Ficha técnica
Juan Luis Bour, argentino, es economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) con sede en Buenos Aires. Es consultor del BID, Banco Mundial y de diversos gobiernos en América Latina. Entre sus trabajos de investigación figuran: "Fortaleciendo el crecimiento de largo plazo en Argentina" (2010), "Instituciones Laborales y Políticas Activas de Protección del Empleo en la Argentina" (2007), "Crecimiento y equidad en la Argentina" (2001), "La economía oculta" (2000).