JORGE CAUMONT
El mercado financiero internacional ha entrado en una de sus clásicas fases temporales de generalizada y alta volatilidad por la desconfianza de inversores, por rumores que no se confirman y por la mecánica de la operativa de las órdenes de compra y de venta de acciones que agudizan las oscilaciones de sus precios. Algunos se han apresurado a relatar el para ellos, "inevitable fin del sistema capitalista, la crisis final, terminal, del sistema" sin darse cuenta que, por otro lado, cuando eso ocurre y hasta que dure, el dólar se fortalece, los precios de los títulos valores de Estados Unidos se remontan y sus rendimientos se vienen al piso. Es que, cuando hay bajas bursátiles en los principales países capitalistas en occidente, el mercado inversor confía más en los títulos ahora degradados por las calificadoras, del principal representante del capitalismo. Son las cosas que tiene la vida y una forma más de demostrar que el capitalismo sigue más vivo que nunca y que los errores más que del sistema son de los hombres que no creen en él y de los políticos que disparan el gasto estatal por encima de los ingresos pensando que se puede vivir para siempre por encima de lo posible.
Los fundamentos de las economías desarrolladas, hoy las principales causantes de la volatilidad anotada, no habían cambiado significativamente como para derivar al mundo financiero a una situación de inestabilidad y de pérdidas y ganancias como la que hemos vivido. Pero tras el pánico y el corolario de reacciones irracionales ha variado uno de esos fundamentos: la riqueza financiera ha sufrido una baja.
LO DE EUROPA. Economistas, analistas, banqueros e inversionistas conocían los problemas fiscales de todos los países de la Eurozona. Ninguna de esas naciones cumple desde hace varios años, con la condición necesaria para pertenecer al grupo de los que comparten el euro. Ni siquiera Alemania tiene un déficit fiscal hasta el límite de 3% del PIB, fijado como máximo en los criterios de convergencia de Maastricht. Hay otros que cuadruplican ese límite y más que duplican el otro criterio, el del 60% del PIB como máximo, para el stock de la deuda pública. Llevará años equilibrar la economía de los países en peores condiciones como Grecia, Portugal, Irlanda y España y aún la de otros como Italia, que soportan fuerte presión adversa para abatir el actual nivel de deuda sobre PIB. Al no tener esas naciones una moneda propia, carecen de políticas monetaria y cambiaria propias y por tener un déficit fiscal tan alto no pueden actuar con una política anticíclica aumentando el gasto público o reduciendo impuestos. La recuperación firme de la actividad llevará mucho tiempo. La amenaza principal es el ajuste por baja de salarios nominales, previo paso por el desempleo en alza. Pero además existen otras amenazas como las que pondrían sobre el escenario económico los bancos en problemas por sus activos en esos países y la del contagio generalizado. Ya, en el caso de Grecia, les ha costado una pérdida de 25% a sus posiciones ante la quita que implica la refinanciación concedida.
Los países europeos verán enlentecer aún más su ya lenta actividad, debido al fuerte recorte de la riqueza financiera -la novedad en cuanto a deterioro de fundamentos-, que probablemente siga por algún tiempo. Al declinar ella, el consumo se contrae y también la inversión por lo que la preocupación del Banco Central Europeo (BCE) frente a la inflación -que le llevó a aumentar su tasa de interés de referencia hace tres semanas-, se ve sobrepasada por la necesidad de sostener a las naciones con mayores problemas fiscales y entonces comienza a emitir dinero comprando sus títulos de deuda. Esas operaciones de mercado abierto operan en sentido contrario al de la suba de la tasa de interés de referencia, y buscan evitar problemas bancarios dotando de mayor liquidez al sistema. Ante esto el euro debería depreciarse ante el dólar pero ello está limitado y quizás hasta revertido, por una reciente decisión de la Fed de mantener baja su tasa de interés de referencia hasta 2013 y por la probabilidad de un nuevo programa de expansión monetaria (QE3).
EN ESTADOS UNIDOS. Es esa la decisión más importante que ha tomado la Fed en su última reunión el 8 de agosto. Según el comunicado tras la reunión puede haber otro programa de expansión monetaria a través de operaciones de mercado abierto (léase compras de títulos públicos con emisión de dinero). Esos elementos hacen pensar que en los meses que vienen se espera que se combata con mayor liquidez de dólares, al enlentecimiento de la producción que se dará como consecuencia del efecto riqueza negativo provocado por la baja de las bolsas. Algunos estiman que habrá una nueva recesión en Estados Unidos y a nivel global. Otros, que habrá solamente un nuevo enlentecimiento o estabilidad. Y es en este contexto de actividad débil que debemos pensar que habrán nuevamente fuertes emisiones de dinero que vuelvan, como en los últimos dos años, a provocar movimientos de capitales hacia los países emergentes. La economía norteamericana sufrirá un enlentecimiento adicional de su actividad por nuevas bajas del consumo y de la inversión, y para contrarrestarlo adicionará más liquidez, lo que depreciará al dólar frente a las monedas de muchos países emergentes. Ello debería llevar a una suba de los precios de los commodities para retornarlos a sus niveles previos a la crisis y mantenerlos altos.
PERSPECTIVAS. Las perspectivas para nuestro país son en algunos aspectos buenas y en otros no tanto. De todos modos parecería que se mantendría lo que venía pasando desde hace un tiempo. Se confirma un panorama de bajísimas tasas de interés mundiales por mucho tiempo y no solamente por la Fed. También el BCE, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón mantendrán sus tasas de interés en niveles de 1,5%, 0,5% y 0,1% respectivamente. Y si esto es bueno para Uruguay, también lo es que el dólar se deprecie y que los precios mundiales de los commodities vuelvan a subir, ya que el peso uruguayo no toleraría un dólar alto ni precios de commodities relativamente bajos sin que tenga que sufrir una depreciación considerable. El principal problema que se le presenta a Uruguay es el enlentecimiento mundial, que puede frenar algunas exportaciones industriales hacia el mundo desarrollado. Pero mientras Brasil, Argentina, China y otros emergentes continúen como actualmente y el movimiento de capitales hacia los emergentes no se frene -algo improbable por el lado de la tasa de interés y solo probable en Uruguay por cambios en derechos de propiedad y tributarios que ocurran-, la actividad económica de aquí tiene buen terreno para seguir en expansión. El gran problema será frenar por el lado que sea, la inflación en dólares, que seguirá siendo el talón de Aquiles de esta situación.