Redistribución e igualitarismo

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La discusión en el seno del gobierno es fuerte y toca todos los niveles, "hay que mejorar la distribución de la riqueza". Nada novedoso por cierto, de hecho cualquier manual de Finanzas Públicas enseña como una función clásica de los gobiernos la razonable redistribución del ingreso, del mismo modo que demuestra las tensiones que genera frente al objetivo de eficiencia. Por tanto, seguramente no hay disenso en el objetivo, todo gobernante desea una sociedad más equitativa, los problemas derivan del cómo se logra y hasta qué punto se puede llegar. Ahora bien, las cosas en serio son a largo plazo, requieren de plan, estrategia y trabajo arduo, a la vez que continuidad y perseverancia; cualquier "pase mágico" se convierte en trágico al poco tiempo, por tanto la discusión no debe mirarse de lejos como una puja dentro del gobierno, sino involucrar a todos los actores políticos en quienes hemos depositado nuestra representación. Seguramente lo que se conoce a través de la prensa es sólo una porción menor de las reales discrepancias, el Presidente bajó el perfil y habló de "socializante y casi progresistas", cuando su partido tiene más de veinte sectores. Como sea, lo cierto es que estamos ante un problema no menor, que el verano, la imponente bonanza de precios de materias primas y la comparación barrial disimula, pero que, bajo otras circunstancias, ya hubiera ocasionado algún dolor de cabeza.

Algunas ideas se han dado a conocer, sin detalles. Universalizar la asignación familiar, imponer detracciones a las exportaciones, subir el IRPF e IRAE, aumentar el Impuesto al Patrimonio. La primera no sería algo muy novedoso ya que hasta 1995 así era para los hijos de atributarios que tenían un empleo formal. Luego una serie de reformas fueron extendiendo el beneficio a todo menor, pero focalizando el gasto en función del ingreso familiar. El resto, tampoco lo serían, pero su recuerdo es penoso.

HECHOS OBJETIVOS. La riqueza suele concentrarse en los procesos de crecimiento y esto tiende a corregirse a medida que pasa el tiempo. El problema aquí es que el período de expansión ya es lo suficientemente largo como para que hubiese empezado a mejorar y ello no parece ser el caso.

El país crece desde 2003 a tasas muy por encima de su potencial, impulsado básicamente por el sector primario. Este sector muestra un proceso de extranjerización y concentración como quien escribe no recuerda, el que deriva básicamente del tipo de crecimiento que, a su vez, es hijo de lo que pasa en el mercado internacional. Aquí, a menos que se esté dispuesto a no crecer y, por ende, desperdiciar la bonanza mundial, poco y nada puede hacer el gobierno.

En mi visión, la extranjerización no es un problema sino todo lo contrario. En primer lugar, procesos de enajenación a no nacionales no son nuevos, aquí y en el mundo -hace dos décadas se pensaba que los japoneses se quedaban con Nueva York-, luego se revierten. En segundo lugar y más importante, quien compra viene exclusivamente por el retorno del capital, por ende buscará maximizarlo, que no es otra cosa que aumentar la producción y productividad al máximo, en una palabra, maximiza la generación de riqueza (trabajo e ingreso), a la vez que aumenta el precio del activo. Ahora bien, si sobre lo anterior no se puede actuar, y así es, hay otros sectores donde igualmente se está dando un proceso similar sin una razón tan clara. Así la industria, el comercio y los servicios también se concentran y extranjerizan. La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué se dan estos procesos y si en algo influye la política aplicada? No pretendo tener "la" respuesta, ni seguramente ésta pueda resumirse en una única causa, pero es muy claro que la regulación que ha impuesto la administración del Frente Amplio tiene que ver. En efecto, sus gobiernos han privilegiado la recaudación de impuestos por sobre todas las cosas y buscado las formas más fáciles de hacerlo. ¿Qué más fácil que tener todo concentrado y hagan el trabajo por mí? Entonces surge toda una serie de disposiciones donde a determinadas empresas se les encomienda la retención de impuestos en la cadena, o se les otorga beneficios fiscales en determinados consumos, se fomenta la gran inversión dando mayores beneficios tributarios cuanto mayor es el monto invertido, etc. Muchas de estas disposiciones requieren un costo administrativo tan elevado que sólo pueden asumirlo organizaciones de porte y, en el reducido mercado local, no hay espacio para muchas de ellas. También la forma que operan las fijaciones de salarios son un estímulo a la concentración, ya que la negociación suele realizarse entre las empresas más grandes con su sindicato, "en representación" del sector. Las decisiones ellos pueden soportarlas, los más pequeños muchas veces no. Por último, la multiplicación de requisitos de información y trámites juega el mismo papel que la primera de las razones anotadas.

Más aún, en mi opinión, determinadas políticas públicas aplicadas para mejorar la distribución, entre las que destaco el llamado "plan de equidad" y la "reforma tributaria", sólo tenían un destino, el fracaso y así lo expresé públicamente, en esta columna y desde mi banca en el Senado. Es más dije, por razones distintas, que su implementación tiende a concentrar más los ingresos.

EVIDENCIA LOCAL. En ocasión de la discusión sobre la reforma tributaria el gobierno afirmaba que el nuevo sistema era más simple y mejoraba la distribución de la renta, quien escribe decía exactamente lo contrario. Todos los economistas saben que quien puede trasladar un impuesto para que otro lo pague lo hace y en el caso del IRPF eso es fácil y notorio para los más calificados, los alquileres y rentas del capital. A su vez, la casuística y complejidad del IRPF es enorme, en tanto la reducción del IVA no podía tener un correlato en muchos precios ya que es un error decir que este impuesto lo abona siempre y en un 100% el consumidor. Entiendo que los hechos han demostrado la realidad y esto obedece a la inevitable traslación de los impuestos. Entonces, pese a que el discurso -y el razonamiento lineal- lo dijera hasta el hartazgo, la reforma tributaria no podía mejorar la distribución de la renta y lo más seguro era un deterioro.

Los estudios sobre la realidad muestran que los impuestos no cambian la distribución del ingreso, sino son las políticas de gasto las que realmente pueden influir. El tema no se reduce a aumentar el gasto público sino en su eficiente aplicación. Para ello se requiere como cosa fundamental evitar el voluntarismo y los razonamientos lineales, generalmente erróneos, a la vez que se realizan evaluaciones periódicas de los programas. Un ejemplo quizás nos ilustre mejor. Las autoridades decían -incorrectamente- que con la reforma tributaria los hogares de menores ingresos recibirían un 2,5% más de ingreso; asumámoslo como cierto. Éste traducido a dinero implica que, para un hogar situado en el limite superior del 20% más pobre, su mejora de ingreso sería de $ 285 por mes y para uno que esté sobre el 50%, $ 530. Es claro que si mejora la enseñanza de matemáticas, inglés o computación, o bien se brinda posibilidades de realizar actividades deportivas extracurriculares concurriendo a un club o gimnasio, el beneficio, aún medido en términos de costos, es varias veces superior.

PROPUESTAS. La universalización de las asignaciones familiares, mirada desde el gasto, no puede tomarse como una que contribuya a redistribuir ingresos, sino que debe pensarse como un apoyo a la clase media en el sustento de los hijos y como fomento a que aumente su número en ella. El fomento de la clase media es clave, ésta es la base de estabilidad social pero, dado el monto del beneficio, será inocua. Para el propósito hay mecanismos más eficientes -y costosos-, por ejemplo reducir el IRPF, sea por deducciones admitidas -hoy es como si no las hubiera-, los límites o las tasas aplicables. Por tanto, si bien no es lo mejor, una extensión masiva (no la universalización) va en sentido correcto pero no influye en el objetivo. El error es la financiación propuesta. Respecto a las detracciones, subas de IRPF, IRAE o Patrimonio, es casi como pegarse un tiro.

El problema de fondo es que las políticas aplicadas apuntan al igualitarismo mediante transferencias y no a la equidad, concepto complejo si los hay, por medio de condiciones de base. Esto ha probado ser el camino más seguro y directo al empobrecimiento y deterioro en la distribución de la riqueza. Así como vamos podremos tener mucha voluntad, pero todo va para peor. La clave está en la enseñanza, la mejora de la infraestructura y una adecuada atención de salud, y todas son a largo plazo. Cualquier atajo nos conduce al precipicio.

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