Los dos límites al crecimiento

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JORGE CAUMONT

La tasa de desempleo en todo el país es 6,2% de la población económicamente activa. Es el registro más bajo en muchos años. Un muy buen resultado, reflejo de una economía que crece por la demanda agregada interna -consumo privado y público e inversiones- y por la externa -exportaciones-. A todas ellas las impulsa la situación de la economía mundial que obliga a mantener en los países desarrollados una tasa de interés sumamente baja, tal vez la más baja de los últimos 100 años.

TASAS DE INTERÉS. La tasa de interés es el centro del sistema capitalista. Su nivel determina al consumo privado y a la inversión privada, provoca los movimientos de capitales y condiciona la asignación de recursos de la economía. Si la tasa de interés mundial, una simplificación para referirnos a la de los países desarrollados, está cercana a cero como sucede actualmente en Estados Unidos, en la Eurozona, en el Reino Unido y en Japón, el estímulo al gasto y a la inversión en activos reales, antes que al ahorro, es enorme. Sobre todo en los países que no sufren de recesión o de estancamiento como son los emergentes, por primera vez en muchas décadas. La tasa de interés que existe en los países indicados y que resulta en una gran circulación monetaria impulsa la búsqueda de mejores oportunidades de retorno en una economía global sin mayores restricciones al movimiento de capitales. Y las oportunidades más convenientes están en los países emergentes, tanto para inversiones directas como para inversiones financieras, pues el retorno en esas aplicaciones es superior al costo de oportunidad -las tasas de interés prácticamente nulas de los desarrollados- con tasas de interés relativamente mucho más altas. Pero también, tasas de interés internacionales cercanas a cero y la abundancia de circulante en las monedas de referencia que estimulan los flujos de capitales hacia los países emergentes, provocan una apreciación de las monedas de estos países como la que vivimos en Uruguay, y una pérdida de competitividad de sus producciones transables en el mediano plazo. Asimismo, esa abundancia de moneda y la baja del valor de los signos monetarios de los países desarrollados en términos de las monedas de los emergentes, se reflejan en los precios de los commodities por los que haya demanda, como los productos agrícolas u otras materias primas. Mientras la tasa de interés mundial continúe baja, no se sienten más que efectos externos positivos en las economías emergentes. En el futuro, fruto de los ciclos económicos que siempre existen, la situación la dará vuelta la suba de las tasas de interés relevantes y gran parte de los efectos señalados, comenzarán a revertirse.

EL DESEMPLEO. Si bajas, prácticamente nulas, tasas de interés en los países desarrollados promueven flujos de capitales que estimulan la inversión y el consumo en los países emergentes, es lógico que la demanda por trabajo aumente. Y si ese nivel de las tasas de interés se mantiene por varios años, como lo estamos viviendo, una consecuencia es que la economía se acerque al pleno empleo, que los salarios suban en términos reales y en términos de poder de compra de las monedas de los países desarrollados, por ejemplo el dólar. En pleno empleo o cercano a él y ante la continuidad de las condiciones para el crecimiento, se producen otros fenómenos. Por un lado, naturalmente el poder sindical se fortalece. El poder de negociación de los sindicatos que se amplía, presiona al alza de los precios y de la inflación en moneda extranjera. Por otro lado, el pleno empleo introduce dificultades para que las empresas consigan las calificaciones laborales exigidas por muchos sectores para la continuidad de su expansión. Mientras les sea posible trasladar a los precios de sus productos los requerimientos sindicales y la ineficiencia en el uso de una menor calificación que la conveniente, las empresas y por ende la economía, no tienen problemas para mantener la expansión. Ella sólo se detiene cuando los precios finales son difíciles de modificar al alza y progresivamente un sector productivo tras otro vaya perdiendo el incentivo de sus utilidades para seguir creciendo. La alternativa que se presenta para salvar esta situación es la posibilidad de sustituir o de complementar su gestión productiva con nuevas inversiones, particularmente las que ahorran el factor de producción que se encarece, especialmente la mano de obra.

LOS LÍMITES. En el caso de nuestro país, al menos dos son los límites más visibles a la continuidad del crecimiento. El primero es el poder sindical porque puede en algunos sectores haber llegado ya la imposibilidad de trasladar a precios los aumentos salariales deseados por los sindicatos. En la medida en que esos aumentos persistan descolgados de la realidad de las empresas, de sus condiciones de mercado -léase precios- y de la productividad asociada al trabajo, más y más sectores dejarán de crecer. Dado el estado de las cosas a nivel sindical, los intentos por sustituir trabajo por inversiones en maquinaria y equipo chocan hoy en muchos casos, con la exigencia sindical de mejorar el salario real sin alterar la nómina de trabajadores ni las horas trabajadas. Si ello se extendiera, entonces el crecimiento se irá deteniendo progresivamente. El segundo límite importante que tendría el crecimiento que se observa en nuestro país, lo impondría un cambio en la situación externa, particularmente en la reversión de la política monetaria altamente expansiva de los países desarrollados. Ello vendría como consecuencia de una rápida reactivación en esas naciones que, para evitar presiones inflacionarias, elevarían sus tasas de interés.

Cuál de los dos límites al crecimiento de Uruguay es el más factible que ocurra, no es difícil de deducir. Las tasas de interés relevantes, en Estados Unidos nula, en la Eurozona 1%, en Inglaterra 0,5% y en Japón 0,1%, tardarán bastante tiempo en retornar a sus niveles normales de 5-6% la de los Fondos Federales, de 4-5% la del Banco Central Europeo y la del Banco de Inglaterra y 2-3% la del Banco de Japón. La recuperación de esas economías es lenta y, para muchos, es probable que en alguna de esas naciones incluso se revierta. Entonces, por varios años, la variable central del sistema capitalista en el que se mueve nuestro país, continuará favorable para los emergentes y en particular para Uruguay. Por consiguiente no es afuera que encontraremos el límite a nuestra expansión económica sino en lo que ocurre internamente con el mercado laboral, con las demandas sindicales y con la disociación que se impulsa en los Consejos de Salarios entre aumentos de retribuciones y las condiciones de productividad de los trabajadores en cada empresa y las de mercado que cada una de ellas enfrenta, básicamente la posibilidad de trasladar a sus precios los aumentos salariales.

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