JORGE CAUMONT
Los países emergentes crecen a ritmos inusitados. Y ello a pesar de la somnolencia de los países desarrollados, que más que despertar de un sueño inesperado iniciado en 2007, parecen volver al descanso que mantuvieron en 2008 y parte de 2009. En Asia, China continúa creciendo a un ritmo de dos dígitos y algo similar ocurre con la India mientras que otros, como Taiwán y Singapur lo hacen a una velocidad aún mayor, y en la que el primer dígito está más cerca de dos que de uno. En América del Sur, nuestros más cercanos vecinos ven aumentar su producción a tasas desconocidas y con una continuidad que no tiene antecedentes, por lo menos, en las dos últimas décadas. En Argentina la producción de sus bienes y servicios trepó al 11,8% en el segundo trimestre y se espera que termine 2010 con un PIB más de 7% superior al de 2009. Brasil culminará 2010 con un crecimiento de 7,53% y Chile con una expansión de no menos de 7% mientras que Perú se descolgará con un aumento de su producción que llegará seguramente a más del 11%. Nuestro país no es la excepción y también cerrará este año con un alza del orden del 7%.
Lo curioso de todo esto es que las notables tasas de expansión de la producción en todos estos países ocurren cuando el mundo desarrollado está con serios problemas para confirmar una recuperación y sobre todo, lo más curioso, cuando se trata de países con políticas económicas -macroeconómicas, de corto plazo y de largo aliento- sensiblemente diferentes unas de otras. No es igual la conducción macroeconómica de Argentina a las que llevan adelante Perú, Brasil o Chile. Como tampoco es igual la conducción de la economía de esos países entre sí o con la de Uruguay. ¿Qué es entonces, lo que lleva a este estado de confusión de las cosas? ¿O acaso no pensábamos muchas veces que si le iba bien a los desarrollados era mejor para los emergentes que si le fuera mal a las naciones líderes?
VARIABLES EXTERNAS. Cuatro son al menos los factores externos que afectan favorablemente a la producción y el crecimiento de los países emergentes. Uno, el fundamental en muchas ocasiones, ha sido la propia expansión de los desarrollados. Siempre coincidimos que es mejor tener a los líderes económicos mundiales con su producción en alza que en recesión o depresión. Pero aunque no están aún en esas etapas del ciclo económico, lo cierto es que esos países hoy aportan poco por el lado de su demanda agregada y de su producción a las naciones menos desarrolladas.
El segundo factor de importancia es el de los precios internacionales de los commodities en general y para la región circundante a Uruguay, los precios de los productos agrícolas. Y en este caso sí se encuentra una muy buena influencia externa ya que los precios internacionales de los principales productos agrícolas se ubican en el doble o por encima de él, de los precios históricos.
El tercer factor y a mi juicio determinante de lo que desde el exterior empuja a los países emergentes, es el nivel de las tasas de interés. La recesión primero y el lentísimo ritmo de la recuperación de los países desarrollados han llevado a que las tasas de interés internacionales relevantes -la de los Fondos Federales en Estados Unidos, la del Banco Central Europeo y la del Banco de Inglaterra-, se ubiquen en los menores niveles históricos. Casi nula en Estados Unidos, 1% en la Eurozona y 0,5% en el Reino Unido, las tasas de interés de referencia de los bancos centrales de esas naciones buscan estimular la mejoría de la demanda agregada interna, pero al mismo tiempo estimulan una fuerte afluencia de divisas a los países emergentes, con tasas de interés mayores y propensas a un carry trade que es una amenaza a la competitividad de sus producciones transables. Bajas, bajísimas tasas de interés mundiales estimulan el gasto y afectan beneficiosamente a la producción de los emergentes aún cuando sus tasas de interés sean relativamente mayores. Hasta apuntalan a la desdolarización como ocurre en Uruguay, en Brasil, en Perú y en la propia Argentina. La búsqueda de rendimientos mayores juega a favor de los emergentes y hace olvidar, aunque más no sea temporalmente, el peligro del retorno de los "capitales golondrina" a sus refugios del hemisferio norte.
Finalmente, otra influencia externa es la de las paridades cambiarias que por reflejo de lo anterior, vienen planteando un escenario no muy propicio para los exportadores si no se adoptan cambios tecnológicos con inversiones que sustituyan insumos y servicios cuyos costos crecen significativamente en dólares, fenómeno del que Uruguay, Brasil y Argentina son ejemplos claros.
En nuestro caso, todo lo anterior se agrega a la propia expansión de la región que influye significativamente sobre la producción y otras variables económicas. El crecimiento de Brasil y de Argentina es, conjuntamente con las bajas tasas de interés mundiales y con los altos precios de los commodities agrícolas, otro impulso notable que recibe nuestra actividad y que, por los propios defectos de la política económica -fiscal y cambiaria en la Argentina y cambiaria en el Brasil-, disimulan los desajustes e inconsistencias propias que refleja la mezcla de políticas que se lleva adelante en nuestro país.
CONCLUSIONES. Uruguay no es la excepción en el grupo de los emergentes que crecen a tasas bien por encima de sus tasas de crecimiento potencial. Ni es la excepción entre los de la región. Y aunque muchos crean que crecemos porque nuestras políticas aseguran una expansión sostenible en el tiempo, esa no es la realidad. Tal vez el más realista en ese sentido es el propio presidente Mujica que hace unos días dijo: "A Uruguay le va bien porque a la región le va bien. No es mérito del gobierno ni es un mérito nuestro; objetivamente, hay una presión de demanda del mundo sobre esta región" (El Observador, 19 de septiembre). Se trata de una afirmación a la vez que sincera, contundente sobre el papel que le cabe a la política económica del gobierno en la alta expansión que viene mostrando nuestro país.
El riesgo que esta situación de crecimiento no sea para siempre lo apunta el propio Presidente, quien dijo en la misma ocasión, que si bien está conforme con la situación, también está "desconfiado, porque lo bueno no dura tanto".
Aunque no se vislumbran todavía, como sí podía imaginarse hacia fines de 2009, subas de las tasas de interés internacionales -variables centrales del sistema capitalista- a niveles más cercanos a sus medias históricas -lo que ocurriría si la recuperación de los desarrollados se fortalece-, pueden desarmar el engranaje de los factores que hoy ayudan a que nuestra economía marche a un ritmo tal que la tasa de desempleo se encuentre cercana a la natural. Mientras ello no ocurra, la inflación será la preocupación principal de las autoridades económicas, ya que la actividad seguirá en buen nivel y el sector externo sin problemas de significación.