He escrito varias veces sobre el retroceso que sin prisa pero sin pausa se advierte en la producción de varios sectores del agro, algo que es obvio para el que mira números -alcanza con ver las cuentas nacionales- pero no tan notorio para el que sigue la coyuntura de lejos, o quien tiene peculiares intereses políticos. La confusión deriva de un hecho llamativo: se cae la producción agropecuaria, con la excepción de la lechería, en un contexto récord de precios. Estos ahora también empiezan a caer, pero el punto sin suficiente discusión es que las caídas se han dado en un momento mundial óptimo para la demanda de lo que exportamos, y es claro que no hemos podido aprovecharla en su totalidad. Operan en esto varias razones. Una de ellas, sobre la que he detallado múltiples medidas de este gobierno y el anterior, es la inestabilidad del sistema de reglas, crucial para la inversión, agraviado en forma constante, creciente, y hoy además con una incierta culminación. Nadie sabe de hecho cómo será el sistema tributario, si continuará o no libre la exportación de materias primas incluido el ganado en pie, cómo será tratada la tierra en tanto factor de producción, qué pasará con la forestación con destino a celulosa, qué ocurrirá con los agravios a la agricultura de secano -administrativos, tributarios-, todo en una larga serie de medidas que oportunamente he ido recordando sector por sector. A veces pasan desapercibidas, porque tomadas de a una a lo mejor ninguna parece totalmente contundente; el conjunto es la clave.
PRUDENCIA. El mundo relevante para nosotros, quizás por ahora con la excepción de China e India, viene experimentando continuas dificultades de pronóstico y duración inciertos, caracterizadas por ajustes inevitables en economías que han gastado por encima de sus posibilidades, endeudándose hasta límites imprudentes. Esas economías están ya y continuarán en receso, lo que pone una luz amarilla a la coyuntura. Pero a estas dificultades se suma la región. Tanto Argentina como Brasil, por diferentes razones, es obvio que enlentecerán -cuanto menos- sus economías. En el primer caso he escrito en detalle sobre la muy probable recesión con ajustes duros de precios relativos que ya han empezado. Pero en cualquier caso en ambos países revive un feroz proteccionismo, que vuelve imposible mirar hacia allí como solución confiable de mediano plazo a los problemas de varios de nuestros sectores productivos. Frente a un panorama pues que se oscurece, hace falta un gobierno que verdaderamente conduzca la economía con un manejo de filigrana. La imprudencia en el manejo del gasto así como en la convalidación de ajustes salariales por encima de la productividad, ya son un hecho inmodificable. Pero al menos se puede imaginar una detención de procesos hoy muy duros.
Lo primero que se debería abandonar es la permanente amenaza de cambio de reglas de juego. Cuando las distintas vertientes del gobierno discuten sobre medidas de neto corte ideológico, como si en la economía mundial y nacional no pasara nada, uno no puede menos que recordar las cámaras bizantinas del 75. Más allá de lo que se piense sobre la concentración de la tierra, sobre los extranjeros, o sobre las mega empresas forestales o agrícolas, introducir inestabilidad con riesgo de que congelen -al menos- su presencia en el país es una locura; y hacerlo sabiendo que sin recesión a la vista ya venían disminuyendo actividad, una temeridad.
INDUSTRIA. Hay otra imprudencia que conviene recordar, justo ahora que el Ministerio de Industria anuncia medidas para ayudar a empresas en dificultades por caída de su competitividad o dificultades de otra naturaleza, que el gobierno hace bien en atender, y confío en la profesionalidad del ministro Kreimerman. Una tentación es continuar la senda de aumentos de salarios sin referencia a la productividad. Si esto ocurre, tal como lo enseña la crisis europea, la pérdida de competitividad externa será imposible de soportar y no habrá subsidio que la arregle. Cuando esto pasa en países con mercado interno importante, la solución que adoptan aun siendo muy transitoria es encerrarse. El proteccionismo hoy, en especial el de Argentina, no responde solo a razones ideológicas. Es que, cuando el desmadre de los costos es grande, se hace necesario tapar la macana parando importaciones más competitivas. Por eso los estímulos industriales no pueden ir hacia industrias que compiten con las chinas que pagan 100 euros mensuales en salarios. La promoción de este tipo de industrias asegura desempleo mañana. En definitiva, si se apuesta a ayudar actividades caracterizadas por la rigidez laboral, eso sería equivalente a aumento de desempleo o inflación más alta, porque a la larga toda mejora por encima de la productividad se paga, aquí, en Grecia, España, o Estados Unidos. La diferencia es que en esos países se puede disimular con encierro económico por un tiempo, y en el nuestro no. Peor aún; después de quitar competitividad a una cadena por convalidar absurdos aumentos de salarios, el colmo sería hacer pagar el precio de la imprudencia al consumidor doméstico, con aranceles u otras trabas a la importación.
Otra recomendación es no mirar a Brasil con su política anti Mercosur de complementaciones productivas, contrarias a la libre circulación, y dependientes de la administración del comercio, por tanto de decisiones políticas de quienes se encierran cada vez más.
AGROINDUSTRIA. Si las industrias que compiten en el mundo con productos elaborados con bajos salarios no tienen un destino muy claro; si las que dependen de voluntades políticas poco comprometidas con el libre comercio, en especial en la región, tampoco; ¿qué queda? Queda precisamente todo el mundo agropecuario y agroindustrial, que solo una visión muy anticuada lo califica de poco generador de empleo, o como proveedor de productos de bajo contenido tecnológico. Hay buenos estudios que muestran cómo la economía de servicios del agro produce empresarios y genera puestos de trabajo en el interior más que ningún otro. Y del mismo modo, sostener hoy que un auto armado aquí ostenta un contenido tecnológico superior al de un grano de soja, un absurdo. Éste posee ingeniería genética, logística en base a robótica y tecnología satelital, agricultura de precisión, ingeniería financiera, etc.
En definitiva, los momentos que vienen sugieren prudencia económica y sujeción máxima al actual sistema de reglas, jerarquizando como nunca el régimen de derecho, y combatiendo la discrecionalidad oficial en tantos permisos previos que eliminan poco a poco todo dinamismo empresarial.