Haga a un lado los folletos de cruceros y deje que su jardín conserve esa apariencia natural por unos años más. Es que la demografía y las decrecientes utilidades de las inversiones están conspirando para mantenerlo a usted detrás de su escritorio por mucho más tiempo del que esperaba.
Esta dolorosa verdad ya no es noticia en el mundo rico: muchos gobiernos han comenzado a abordar el problema de la edad. Esos gobiernos anunciaron incrementos de la edad oficial para jubilarse, los cuales apuntan a dominar los costos de las jubilaciones y de las pensiones estatales mientras alientan a los trabajadores a conservar sus puestos de trabajo o a buscar otros nuevos.
Lamentablemente, los planes más audaces parecen inadecuados. Las personas mayores tendrán que mantenerse económicamente activas durante más tiempo del que los gobiernos actualmente prevén y eso requerirá un cambio de conducta no sólo de los gobiernos, sino también de los empleadores y de los trabajadores.
INTENTANDO. Desde 1971, la expectativa de vida promedio de 65 años en el mundo rico ha mejorado entre cuatro y cinco años. Para 2050, el pronóstico indica que se agregarán otros tres años más. Hasta el momento, las personas han transformado todo ese período de vida adicional en tiempo libre. La edad de jubilación promedio para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en 2010, era de 63 años, casi un año menos que en 1970.
Vivir más y jubilarse antes podría no ser un problema si la oferta de trabajadores se incrementara. Pero la disminución de las tasas de fertilidad implica que para 2050 habrá sólo 2,6 trabajadores estadounidenses que respalden a cada jubilado-pensionado, y las cifras para Francia, Alemania e Italia serán 1,9; 1,6 y 1,5 respectivamente.
La juventud estará apuntalando los sistemas de jubilaciones y pensiones, que están plagados de problemas.
La mayoría de los gobiernos ya está planificando incrementos en la edad jubilatoria. Estados Unidos apunta a 67 años y Gran Bretaña, a 68. Otros se están moviendo más lentamente. En virtud de las políticas vigentes, la edad jubilatoria media para 2050 todavía será menor que 65, apenas superior a la que se dijo después de la Segunda Guerra Mundial.
Dado que la expectativa de vida continúa ascendiendo (las personas en los países ricos suman poco menos de un mes por año), incluso los planes estadounidenses y británicos resultan inadecuados. En Europa, la edad jubilatoria debería incrementarse a 70 para 2040: por su parte, Estados Unidos, con una población más joven, puede darse el lujo de mantenerla apenas por debajo.
Trabajar durante más tiempo tiene tres grandes ventajas. El trabajador obtiene más años de salario, el gobierno recibe más dinero de impuestos y paga menos beneficios, y la economía crece más rápidamente debido a que más personas trabajan durante más tiempo.
Todavía hay muchas personas que consideran que una vida laboral más prolongada es una preocupación en lugar de ser una oportunidad, y no sólo porque serán encadenados a sus escritorios. Algunos se preocupan porque no haya suficientes puestos de trabajo para todos. Esta interpretación equivocada, conocida por los economistas como la "porción de falacia laboral", fue utilizada una vez para argumentar que las mujeres deberían permanecer en sus hogares y dejar todos los puestos de trabajo para los hombres que ganan el pan. Actualmente, muchos laboristas dicen que mantener a las personas mayores en su puesto de trabajo privaría de empleo a los más jóvenes. La idea de que la sociedad puede volverse más próspera pagándoles a una mayor proporción de sus ciudadanos por no trabajar claramente carece de sentido. Ante tal razonamiento, si la edad jubilatoria se redujera a 25 todos seríamos ricos como Creso.
Elevar la edad jubilatoria oficial es sólo parte de la solución, ya que muchos trabajadores se jubilan antes de la edad oficial. Elevar las edades jubilatorias actuales de la UE a la edad oficial compensaría el impacto de una población que envejecerá durante los próximos 20 años.
Para que eso suceda, es necesario que se modifiquen las prácticas y las actitudes laborales. Los gerentes occidentales se preocupan demasiado por la calidad de los trabajadores de mayor edad. En puestos de trabajo con demanda física, es verdad que algunos podrían estar impedidos de trabajar avanzados los 60 años. Los incapacitados necesitarán beneficios por discapacidad. Otros deberán encontrar un trabajo diferente. Pero esto debería ser menos problemático de lo que solía ser ahora que las economías se basan en los servicios y no en la manufactura. En los trabajos que se basan en el conocimiento, la edad implica una menor desventaja. A pesar de que las personas mayores razonan más lentamente, poseen más experiencia y, por lo general, mejores aptitudes personales. Aún así, la mayor parte de la productividad de las personas disminuye finalmente con la edad, y el pago debe reflejar esta disminución. Por lo tanto, los sistemas de antigüedad tradicionales, en virtud de los cuales las personas ascienden y se les paga más a medida que envejecen, deben cambiar.
BILLONES PERDIDOS. El enorme costo de los sistemas de jubilaciones y pensiones es soportado por el sector privado. En la actualidad, casi nunca se ofrecen los sistemas de salario final a los nuevos empleados. Sin embargo, en el sector público, todavía son la norma. En Gran Bretaña, el informe reciente de Lord Hutton hizo algunas sugerencias sensatas de reforma. Los derechos exigibles de los trabajadores deberían mantenerse, pero sus futuros derechos de jubilación-pensión deberían basarse en la edad jubilatoria del Estado (muchos trabajadores del sector público actualmente se jubilan antes de tiempo) y en un promedio del salario de su carrera, en lugar de hacerlo tomando el salario final. Eso no sólo evitaría los abusos, sino que también facilitaría el trabajo de media jornada.
El problema jubilatorio del sector público es más agudo en Estados Unidos. Los déficits en los fondos de jubilaciones y pensiones de los Estados pueden ascender a tres billones de dólares. Enfrentan restricciones legales y constitucionales que les impiden seguir el modelo británico. A diferencia de los sueldos, las promesas de jubilaciones y pensiones fueron consideradas misteriosamente permanentes y sacrosantas. Pero a medida que las presiones presupuestarias se hagan sentir, los políticos tendrán que modificar las leyes y las constituciones.
Los trabajadores del sector privado enfrentan un problema diferente. La desaparición de las jubilaciones y pensiones de salario final los deja ante dos grandes riesgos: que los mercados en decadencia socaven su plan jubilatorio y que vivan más que sus ahorros. En consecuencia, los gobiernos deberían alentar a los trabajadores a ahorrar más, empujándolos hacia los planes de jubilaciones y pensiones, solicitándoles que no participen del sistema laboral. Y la jubilación-pensión estatal básica debería ser lo suficientemente alta como para proporcionar un ingreso decente a los desafortunados mayores cuyos ahorros son insuficientes, sin penalizar a quienes fueron ahorrativos. Es lo menos que merecen las personas a cambio de trabajar duro hasta los 70.