El miedo de invertir

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JULIO PREVE FOLLE

Economía & mercado

El gobierno electo evidencia preocupación en torno al necesario incremento de la inversión. Para ello intenta enviar mensajes tranquilizadores, que en lo posible neutralicen los temores lógicos que para el desarrollo de cualquier negocio representa un gobierno socialista, y más si se trata de este socialismo a la uruguaya de contornos difusos, que en su conducción económica parece invocar al Chile de Sebastián Piñera, y en su otra ala lo contrario.

CUÁL AUSTERIDAD. Todos sabemos que la estabilidad macroeconómica es condición necesaria para la inversión. El senador José Mujica no cesa de ratificarlo a su modo en estos días, incluso queriendo extender la austeridad del gobierno a los gastos personales de sus ministros en salarios y locomoción. Para mí no deja de ser una paradoja que el gobierno que hizo crecer sin parar el gasto público en futilidades sin cuento, que no reparó en aprovechar lo que llamó el espacio fiscal, aparezca ahora queriendo dar muestras de austeridad con los recursos personales, sin extender este empeño a los recursos de la sociedad. La austeridad que se le pide al gobierno, de la que tiene responsabilidad política, la que resulta valiosa para invertir, es la austeridad macroeconómica. Para la otra, la personal, prefiero el consejo evangélico: que tu mano izquierda no vea lo que hace la derecha…

Además del cuidado de los equilibrios, hace falta respetar todo el sistema de reglas que se ha venido deteriorando en estos años, algo que la buena suerte económica a veces no deja ver. Aquí me refiero al respeto por la justicia, por los contratos, por los derechos de propiedad, por la libertad individual, por el tratamiento de los intereses corporativos, etc. En estos temas en el sector agroindustrial hay mucho para mejorar. La ley de tercerizaciones por ejemplo, merece una nueva discusión. No puede ser que un productor rural sea responsable de los incumplimientos ante el BPS de una comparsa de esquila o de alambrado; o que un industrial lo sea de una cuadrilla de limpieza, o de la empresa constructora que repara la planta.

La lista sigue con las ocupaciones no solo de industrias sino de tierras, ambas medio atenuadas pero siempre amenazantes. El gobierno hará bien en señalar cuál será su conducta ante este tipo de hechos y otras amenazas a la seguridad, con delitos de los que no se puede culpar más, supongo, ni a la sociedad, el FMI o el neoliberalismo.

LA TIERRA. Respecto de la tierra, ya tenemos una pésima señal en el sistema tributario de la que di cuenta en mi artículo anterior. Pero hay más: qué va a pasar con las sociedades anónimas, qué ocurrirá con la propiedad extranjera en tierras. Y cuál será el límite a la intervención del Estado en el uso del suelo: será el de la ley o el de la discrecionalidad oficial como se ha amenazado. ¿Tendremos que admitir que el Estado es el responsable del cuidado del suelo por encima de la voluntad del productor que quiere trasmitirlo a sus hijos? ¿Cómo será la aplicación de la Ley de Medio Ambiente que otorga poderes ilimitados a la administración para impedir la libertad en los negocios?

Y otra pregunta central para cualquier empresario: qué va a pasar con el sistema de precios. Se formarán libremente siempre, o solo si no suben mucho. El ministro de Ganadería anterior tomó medidas para "corregir" los aumentos de precio de los lácteos y de la carne vacuna, y juzgó permanentemente sobre su justicia como en la eliminación de las devoluciones de impuestos del trigo. En definitiva: se dejará que la gente gane lo más que pueda, que los precios de afuera marquen los de adentro, o el gobierno se reserva la facultad discrecional de intervenir.

INSERCIÓN EXTERNA. Me dio mucha pena -a lo mejor se trata de una jerarquización equivocada del periodista- leer los principales lineamientos estratégicos del futuro ministro de Relaciones Exteriores, cuando señala que hará no sé qué cosa con los cargos. En verdad lo que tenemos que saber es hacia dónde dirigirá su accionar. No es lo mismo el más y mejor Mercosur de Reinaldo Gargano y Danilo Astori, o el relacionamiento preferente con Venezuela y Cuba, que un camino de mejora en los vínculos con Chile y sus acuerdos comerciales, o con Estados Unidos y la posibilidad de un TLC. Estas son las definiciones que esperan los empresarios y los ciudadanos de a pie, que no nos olvidamos del apoyo entusiasta que como país le dimos a Hugo Chávez, que lo recordamos cada vez que el presidente de Venezuela cierra diarios o canales de TV, estatiza empresas, o nos incumple compromisos comerciales.

CORPORATIVISMO. Por fin llego a un tema crucial para la inversión que esta semana explota: el desmadre del corporativismo y su atropello al estado de derecho. Tenemos un gremialismo fuerte, que no es malo salvo cuando se lo deja sustituir decisiones que pertenecen a otros órganos de la sociedad con legítima representación. Así, tenemos un sindicato que se erige en censor del uso de herbicidas, otro que gobierna en la Intendencia, otro que en la ANP pone funcionarios, otro que gobierna la enseñanza, y otro que desconoce decisiones judiciales. Si las corporaciones sustituyen al ciudadano común, si para obtener beneficios hay que afiliarse al sindicato, si todo esto ocurre, no puede esperarse un buen clima de negocios, ya de por sí enrarecido por nuevos controles burocráticos. Claro está que para que un sistema de reglas funcione no es suficiente con que la norma jurídica recoja el reconocimiento de todos los derechos; hace falta que los usos y costumbres acompañen estos principios generales. Esto quiere decir que aunque el derecho le niegue espacio al corporativismo, hace falta que la gente común no premie actitudes corporativas. Si la AUF, que es una organización privada, resuelve regalar entradas no a los trabajadores sino a los afiliados al Pit-Cnt, estamos ante una convalidación privada del corporativismo, expresión genuina de aceptación de reglas para una sociedad en la que los derechos individuales valen más si los ejerce el sindicato, y no las decisiones personales.

Finalmente, no actuemos como si el capital estuviera desesperado por invertir en Uruguay porque no es así. Trabajemos por fortalecer el sistema de reglas de la democracia política incompatible con todo corporativismo, y la economía de mercado incrementando la libertad individual y el cuidado del sistema de reglas, y asociados a los países serios del mundo.

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