El impacto mágico de las diásporas

| Las redes de inmigrantes deberían ser bienvenidas, ya que son un brillante e infrecuente destello en la economía mundial

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Estos no son buenos tiempos para ser extranjero. Los partidos anti-inmigrantes están ganando terreno en Europa. Gran Bretaña ha estado inquieta por las fallas en los controles de sus fronteras. En Estados Unidos Barack Obama no ha logrado la reforma inmigratoria prometida, y los candidatos a la presidencia republicanos preferirían electrificar la barrera fronteriza con Méjico antes que educar a los hijos de extranjeros ilegales. Estados Unidos educa científicos extranjeros en sus universidades y luego los expulsa, una política que el alcalde de Nueva York llama "suicidio nacional".

Este cambio antiliberal en las actitudes frente a la migración no es una sorpresa. Es el resultado de un pesimismo económico cíclico combinado con un aumento secular en la presión sobre las fronteras de los países ricos. Pero los gobiernos que están considerando si cerrar las puertas o no deberían tener en cuenta otro factor: la importancia económica creciente de las diásporas, y la contribución que pueden hacer al crecimiento económico del país.

POSITIVO. Las redes de diáspora -de hugonotes, escoceses, judíos y muchos otros- han sido siempre una fuerza económica potente, pero el bajo costo y la facilidad de los viajes modernos las ha vuelto mayores y más numerosas que nunca antes. Actualmente hay 215 millones de inmigrantes de primera generación en el mundo: eso es el 3% de la población mundial. Si fueran una nación, sería un poco más grande que Brasil. Hay más chinos viviendo afuera de China que franceses en Francia. Alrededor de 22 millones de indios están repartidos por todo el globo. Siempre ha habido pequeñas concentraciones de grupos étnicos y lingüísticos en lugares sorprendentes -libaneses en África occidental, japoneses en Brasil y galeses en la Patagonia, por ejemplo- pero se han agregado grupos más nuevos, como africanos occidentales en el sur de China.

Estas redes de afinidad y lenguaje vuelven más fácil el comercio transfronterizo. Aceleran el intercambio de información: un comerciante chino en Indonesia que ve una oportunidad en el mercado de paraguas baratos le avisa a su primo en Shenzhen que conoce a alguien que tiene una fábrica de paraguas. Los lazos de afinidad fomentan la confianza, por lo que es posible cerrar el trato y traer paraguas desde Jakarta antes de que termine la temporada de lluvias. La confianza importa, especialmente en mercados emergentes donde el Estado de Derecho es débil. También importa el conocimiento de la cultura local. Por esto es por lo que todavía mucha de la inversión directa en China pasa a través de la diáspora china. Y las comunicaciones modernas hacen de estas redes un instrumento de negocios incluso más potente.

Las diásporas también propagan ideas. Muchas de las mentes más brillantes del mundo emergente fueron educadas en universidades occidentales. Un número cada vez mayor vuelve a su hogar, trayendo consigo tanto conocimientos como contactos. Los ingenieros informáticos indios en Bangalore intercambian ideas constantemente con sus amigos indios en Silicon Valley. La industria de la tecnología de China está dominada por "tortugas marinas" (chinos que vivieron afuera y volvieron).

Las diásporas esparcen dinero, también. Los que migran hacia los países ricos no solamente envían dinero en efectivo a sus familias; también ayudan a las compañías en sus países anfitriones para que puedan operar en sus países de origen. Un estudio de la escuela de negocios de Harvard muestra que a las compañías americanas que emplean muchas personas de etnia china les resulta bastante más fácil instalarse en China sin necesidad de una joint venture con una firma local.

Es poco probable que estos argumentos logren frenar la hostilidad contra los inmigrantes en los países ricos. La furia contra los extranjeros normalmente descansa sobre dos nociones (incompatibles entre sí): la que sostiene que porque tantos inmigrantes reciben seguridad social significan un drenaje para las arcas públicas, y que porque están preparados para trabajar más duro por menos dinero van a deprimir los salarios de aquellos que se encuentran en el fondo de la pila.

La primera normalmente no es cierta (en Gran Bretaña, por ejemplo, los inmigrantes reclaman menos beneficios sociales que los locales), y la segunda es difícil de establecer si es cierta o falsa. Algunos estudios en efecto sugieren que la competencia de los inmigrantes no calificados deprime los salarios de los trabajadores locales no calificados. Pero otros encuentran que este efecto es pequeño o inexistente.

Tampoco es posible establecer el impacto de la migración en el crecimiento global. Las sumas son simplemente demasiado difíciles. Sin embargo hay buenas razones para creer que el impacto es positivo. Los migrantes tienden a ser muy trabajadores e innovadores. Eso estimula la productividad y la formación de las compañías. Un estudio reciente realizado por la Universidad de Duke mostró que, mientras que los inmigrantes son un octavo de la población de Estados Unidos, han fundado un cuarto de las empresas de tecnología e ingeniería del país. Y, al relacionar al oeste con los mercados emergentes, las diásporas ayudan a los países ricos a conectarse con economías de crecimiento rápido.

Así, es más probable que los países ricos se beneficien de políticas de inmigración más laxas; y los temores de que los países pobres van a sufrir como consecuencia de la "fuga de cerebros" son exagerados). La perspectiva de trabajar afuera estimula a más personas a adquirir habilidades valiosas, y después no todos emigran. Los migrantes calificados mandan dinero a casa, y generalmente retornan para establecer nuevos negocios. Un estudio encontró que a menos que perdieran más del 20% de sus graduados universitarios, la fuga de cerebros enriquece a los países pobres.

IDEAS CIRCULANDO. Tanto los gobiernos como los negocios ganan con la propagación de ideas a través de diásporas. Los indios educados en el exterior, incluyendo al primer ministro, Manmohan Singh (Oxford y Cambridge) y su socio Montek Ahluwalia (Oxford), tuvieron un importante rol en la reforma económica de India a comienzos de los noventa. Cerca de 500.000 chinos han estudiado afuera y regresado, la mayoría en la última década; dominan los "think tanks" (centros de estudios) que asesoran al gobierno y están escalando puestos en el Partido Comunista. Cheng Li de la Brookings Institution, un think tank estadounidense, predice que van a ser un 15-17% de su Comité Central el próximo año; eran el 6% en 2002. Pocas "tortugas marinas" abogan abiertamente a favor de la democracia. Pero han visto cómo funciona en la práctica, y saben que muchos países que la practican son más ricos, más limpios y más estables que China.

Para el viejo mundo, su deseo de cerrar fronteras es comprensible pero peligroso. La migración trae juventud a los países que envejecen y permite que las ideas circulen en millones de mentes móviles. Eso es bueno para los que llegan con valijas y sueños y para quienes deberían darles la bienvenida.

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