El corto y el largo plazo económico

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Salvo que se produzca algún imprevisto, el resultado de las elecciones presidenciales del próximo 23 de octubre se limitaría a saber cuál es la diferencia que CFK le sacará al segundo. Al día de hoy la foto indica que gana por amplio margen en la primera vuelta.

Si se analizan los resultados electorales desde 1985 hasta ahora, el oficialismo siempre ganó las elecciones cuando la situación económica era buena y perdió cuando le fue adversa.

Si bien la primera votación luego del gobierno de facto fue en 1983, dejando de lado esa primera elección podemos ver lo siguiente. En las elecciones de medio término de 1985 el gobierno de Alfonsín había implementado el plan Austral, que no era un plan consistente desde el punto de vista técnico, pero que generó muy buenas expectativas en la población. En esa oportunidad ganó el oficialismo. En 1987 el plan Austral ya venía agonizando y cuando se hicieron las elecciones de diputados el oficialismo perdió. En 1989, en plena hiperinflación, el oficialismo perdió las elecciones presidenciales quedando la victoria en poder de Menem. En 1991, con la convertibilidad ya en marcha y habiendo frenado en seco la hiperinflación, el oficialismo ganó las elecciones a diputados, al punto tal que el peronismo ganó por primera vez en la Capital Federal, un distrito tradicionalmente adverso a esa fuerza política. En las elecciones presidenciales de 1995, si bien la economía se había desacelerado por el efecto tequila, Menem volvió a ganar cómodamente. En 1997 la economía no estaba en recesión pero el oficialismo perdió las elecciones legislativas. Este es el único caso diferente del período bajo análisis. En 1999, con la economía en recesión gana De la Rúa venciendo al candidato oficialista. En 2001, con la recesión agudizada, pierde el oficialismo. Saltando las elecciones presidenciales del 2003, en 2005 y 2007, con la economía reactivándose, gana el oficialismo. En 2009 con recesión pierde el oficialismo. El resultado de las primarias del 14 de agosto, donde CFK obtuvo el 50% de los votos, con gran distancia sobre el segundo y el tercero, hace pensar que en octubre no cambiará demasiado el panorama.

El resultado anterior permite concluir que es muy difícil que el oficialismo pierda una elección si la economía, aunque sea en forma artificial, se mantiene en crecimiento. Los escándalos de corrupción que han tomado estado público en los últimos tiempos y los atropellos institucionales que suele hacer el kirchnerismo no parecen influir demasiado en el ánimo de una amplia franja del electorado, como tampoco ocurrió en otras elecciones.

Probablemente, en muchos países el electorado no relacione calidad institucional con crecimiento de largo plazo, entendiendo por calidad institucional las reglas de juego que regulan las relaciones entre los particulares y entre los particulares y el Estado. Por instituciones quiero decir normas, códigos, leyes, costumbres que imperan en la sociedad y determinan las condiciones en que se desarrolla la actividad económica.

A CONSIDERAR. De los resultados electorales comentados anteriormente en relación a la actividad económica y la relación entre crecimiento y calidad institucional surgen un par de puntos a considerar sobre la economía argentina, tanto en el corto como en el largo plazo.

El dato relevante de corto plazo es que CFK tiene un fenomenal apoyo en las urnas, pero una gran desconfianza en el mercado. Puesto de otra manera, una cosa es el voto en las urnas y otro el voto de todos los días en la economía, cuando la gente compra o deja de comprar.

Este punto queda en evidencia por la fuerte presión que está sufriendo el mercado de cambios, que si bien ya venía notándose desde abril o mayo, se aceleró luego de las elecciones del 14 de agosto cuando las primarias mostraron la ventaja de CFK sobre la oposición que, por cierto, tampoco se ha caracterizado por enamorar al electorado ni formular propuestas superadoras del kirchnerismo. Más bien casi todo el arco opositor tuvo un discurso en el que parecía proponer hacer kirchnerismo bajo otras formas, particularmente desde el ángulo económico. ¿Por qué votar una fotocopia de mala calidad del oficialismo? ¿Para qué cambiar?

Pero volviendo al corto plazo, la venta récord de automóviles más que reflejar una prosperidad económica sin límites, parece estar mostrando una huída del dinero de la gente hacia bienes reales. Una forma de defenderse de la inflación. La compra de dólares es el otro indicador que muestra la desconfianza que genera el oficialismo. Podemos afirmar que si bien CFK gana en las urnas, no gana en la confianza económica, siendo que no solo son los grandes operadores los que compran dólares sino también los pequeños ahorristas.

Mi impresión es que el contexto económico que le espera a CFK en su próximo mandato es totalmente diferente al que le tocó desde el 2003. El mundo ya no crece al ritmo que creció entre 2003 y 2008. Brasil ha comenzado un proceso de devaluación del real que complicará las exportaciones argentinas a dicho mercado, afectando particularmente a la industria automotriz y el precio de la soja es un gran interrogante porque hay demasiadas operaciones de futuro realizadas por los fondos de inversión.

DIFÍCIL DE FINANCIAR. Este modelo populista subsistió gracias a la soja y al dólar barato en Brasil más la confiscación de activos. El dólar barato en nuestro socio del Mercosur parece que empieza a no ser tan barato y la soja en US$ 500 la tonelada ya no alcanza para financiar la política populista. La expropiación de los ahorros en las AFJP, la fenomenal expansión monetaria del BCRA superando tasas del 40% anual y la destrucción patrimonial de dicha entidad, hoy con patrimonio neto negativo, muestran que el gobierno necesita cada vez más cajas para financiar el populismo.

Desde el punto de vista de largo plazo, a buena parte de la población no parece interesarle demasiado de dónde sale el dinero para financiar subsidios a la energía y al transporte público, la asignación universal por hijos, las pérdidas de las empresas estatales o el fútbol para todos. Mientras pueda mantener el nivel de consumo, la gente no parece mirar el largo plazo. Y este es el punto que me preocupa más que el déficit fiscal, la caída del tipo de cambio real o la presión inflacionaria.

Mi punto es que los países crecen cuando tienen inversiones y las inversiones son hijas de la calidad institucional. Se sostiene que el problema económico argentino de largo plazo es un problema político, punto con el cual estoy de acuerdo. Pero si uno profundiza un poco más en el tema la pregunta es: ¿de dónde sale la dirigencia política que destruye las instituciones? La respuesta, aunque sea políticamente incorrecta, es que surge del voto de la gente. En otros términos, si dejamos de lado el análisis económico de corto plazo de la Argentina e imaginamos el largo plazo, llegamos a la conclusión que, en principio, son los valores que imperan en buena parte de la sociedad los que determinan la calidad institucional, siendo los representantes elegidos del pueblo un reflejo de una determinada demanda institucional. Digo, las reglas de juego que imperan en la sociedad. Si esta tiene un alto grado de demanda de populismo, siempre habrá oferta política de populismo.

La cultura de la dádiva, del proteccionismo, de la redistribución compulsiva del ingreso, en definitiva, del vivir a costa del resto se ha impuesto de tal manera que resulta imposible imaginar una economía próspera de largo plazo sin un cambio en los valores de la sociedad. No digo que sea imposible, pero la verdad es que, por ahora, no veo ese escenario como probable.

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