El BCU a contramano del mundo

JAVIER DE HAEDO

El BCU sorprendió a todos, el pasado jueves 29, cuando resolvió subir la tasa de interés de referencia de la política monetaria, desde el 8% al 8,75%. Sorprendió incluso a los economistas que comparten su visión y que lo han apoyado en movidas anteriores o que lo han criticado por su excesiva cautela a la hora de subir esa tasa. Esta suba, fuerte, no era esperada ni siquiera por aquellos que creen que la tasa de interés en moneda nacional es relevante en materia de decisiones de consumo, como ciertamente lo es en países como Brasil y Chile, donde la dolarización es casi nula.

En Brasil, cuando se sube la tasa Selic, se trasmite una información muy contundente al mercado: las autoridades esperan que el consumo se desacelere, para lo cual se incentiva a ahorrar con un premio mayor, en la moneda en la cual los brasileños ahorran, el real. Al contrario, como sucede desde hace algunos meses, cuando el Banco Central do Brasil (BCB) baja la Selic, se procura motivar el consumo. En los últimos meses, esa tasa bajó desde el 12,5% al actual 11% y se espera que en los próximos meses baje otro tanto, situándose en 9,5%. En ambos casos, la gente responde con su comportamiento en materia de consumo y rápidamente las expectativas de economistas y bancos se alinean con la nueva situación: la inflación, que cerró 2011 en el entorno del techo del rango meta (6,5%) es vista ahora en 5,3% para 2012 y esta estimación baja semana tras semana. Viene al caso recordar que al iniciar el recorte de la tasa Selic, impulsado por la Presidente Dilma Rousseff a pesar de la pretendida independencia del BCB, se dispuso un fortalecimiento de las cuentas fiscales. En definitiva, se cambió el mix de políticas, aflojando la monetaria y apretando la fiscal. Así, se viabilizó una suba del dólar que había tocado los R$ 1,55 a finales de julio y que cerró 2011 en R$ 1,87, coherentemente con la evolución del contexto mundial.

En los últimos años hemos estado siguiendo a Brasil, aplicando el viejo criterio de acompañar al más caro de nuestros vecinos, por aquello de la ley del menor esfuerzo. Sin embargo, los dejamos de acompañar cuando cambiaron el mix de políticas hace unos meses, cuando deberíamos haberlo hecho más aún que ellos, dada la escasa importancia relativa de nuestra moneda nacional y del ahorro y el crédito en pesos en las decisiones de consumo. Si la política fiscal es relevante en Brasil para compensar la monetaria, mucho más ha de serlo acá, junto a la salarial. Pero las novedades no vinieron ni por el lado fiscal ni por el salarial, sino por el monetario.

La sorpresa general por el reciente aumento de la tasa del BCU se debe a que, en términos generales, poco había cambiado desde la reunión del Copom en septiembre, cuando se decidió mantener todo como estaba a la espera de noticias desde el exterior. Es cierto que la variación interanual del IPC se aceleró desde entonces, pero sin llegar a las magnitudes de mediados del año. Mientras tanto, las expectativas relevadas por la encuesta del BCU muestran un panorama similar al de entonces. Y, lo más importante, el mundo sigue incierto, pero con dos cambios nada menores: lo ya dicho sobre Brasil, donde se redujo la tasa Selic y se esperan más reducciones, y el control de cambios en Argentina con el surgimiento de un mercado paralelo con una brecha de entre 10% y 15%.

Si bien los datos de cuentas nacionales difundidos a mitad de diciembre volvieron a mostrar al consumo privado volando a más del 9%, esos datos se refieren al tercer trimestre, antes de que el dólar empezara a inquietarse y ciertos gastos de consumo a menguar.

No comparto la lógica del BCU en esta materia. Creo que se equivoca totalmente al asignar a la tasa de interés en pesos un rol relevante en materia de decisiones de consumo. Es más, creo que logra el efecto contrario al generar la razonable expectativa de que el dólar va a bajar y quienes siguen ahorrando en esa moneda antes que a ahorrar más, tienden a gastar sus ahorros antes que le rindan menos. Cada suba de la tasa de interés impulsa aún más el gasto en bienes importados y en viajes.

El problema está por otros lados. Primero, en el gasto público, que si bien crece a la tasa del PIB observado, lo hace desde un nivel muy alto (subió más de 2% del PIB en 2009) y a un ritmo superior al del PIB de tendencia: que el gasto suba al 6% real desde su nivel actual, es un exceso. Segundo, en los salarios privados, que crecen al 15% interanual frente a una inflación esperada en el eje de 5%. Sin embargo, nada de esto dice el comunicado del BCU del jueves 29.

En cambio, dice otras cosas que no se ajustan a la realidad: "el componente inflacionario en la economía global en el mediano plazo parece ser difícil de soslayar". Si hablamos de mediano plazo, tenemos que pensar en un dólar más fuerte en el mundo, desde 2013, y por lo tanto en un proceso "desinflacionario" en términos de dólares. Pero de hecho hoy ya estamos en esa situación como consecuencia de la incertidumbre que genera Europa. Sin ir más lejos, en la segunda mitad de 2011, Brasil, nuestra referencia cuando nos conviene, se abarató un 11% en dólares, y Europa, un 8%. Dicho sea de paso, nosotros apenas un 4%.

También dice el BCU que "una menor expansión prevista para los principales países emergentes no parece determinar una caída de los precios internacionales relevantes para nuestro país". Sin embargo, todos los índices de precios de materias primas muestran una caída significativa en los últimos meses. El índice de precios de exportación local, que produce la CIU, dejó de crecer hace unos meses y su historia muestra que acompaña, con algún rezago y amortiguado, a los índices mundiales de materias primas.

Me queda la impresión de que el BCU quiere "armar un caso" que le justifique ir a un dólar más bajo. Nada dice de la demanda interna por bienes no transables y por servicios, que vuela de la mano del gasto fiscal y de los salarios. Ni habla de las políticas fiscal y salarial. En cambio, centra el foco en los bienes transables que son la parte de la película que menos debería preocupar en el actual contexto regional y mundial. Es claro, es simple: con un dólar más bajo el BCU "compra" algunas décimas menos de incremento en el IPC. Menos IPC (no menos inflación), pero también más déficit en cuenta corriente (2,4% del PIB a septiembre). Y más atraso cambiario, porque los daños colaterales poco importan. Ahora perdemos competitividad hasta con Brasil, el único al que todavía le llevamos alguna ventaja.

Esa visión equivocada y sesgada explica la decisión del BCU, a contramano del mundo.

Para el BCU, entonces, las inconsistencias entre las políticas económicas se enfrentan con más inconsistencias. Nada hacemos con la fiscal y la salarial y sí apretamos más en la monetaria, apriete que funciona para bajar al dólar pero no para moderar el consumo.

Esto mismo ocurrió en el Copom del 12 de enero de 2009 en un contexto externo parecido al actual, con gran incertidumbre. Entonces el dólar subía en el mundo (y siguió subiendo hasta mediados de marzo) pero aquí el BCU puso la tasa de referencia en el 10% y el dólar se cayó, abriendo una brecha de más de dos pesos entre el tipo de cambio observado y el resultante de una canasta de monedas relevantes para nuestro país.

Como consecuencia de la decisión del BCU, las tasas de interés que ya eran muy altas lo serán más aún, generando incentivos adicionales a los capitales golondrina, por las mayores ganancias esperadas. Y el dólar se divorciará de su evolución en el exterior, generando más atraso cambiario e incentivando un mayor consumo de esos autos, televisores y telefonitos que tanto desagradan al Presidente.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar