Para los habitantes, Metzen y Sena ha sido históricamente su principal proveedor y benefactor. Algunos ya empiezan a perder sus esperanza en una reapertura.
LEONEL GARCÍA
Julio Piantanido no olvidará nunca su última Navidad. Y pocas cosas le gustarían más. Julio estaba haciendo de sereno, en Metzen y Sena, donde ha pasado 19 de sus 39 años. "Estaba en una casilla, cerca de la balanza. Vos veías los cohetes en el cielo... Miré al compañero que estaba haciendo vigilancia conmigo, nos abrazamos, y nos pusimos a llorar". Hacía tres días que los trabajadores habían apagado los hornos, poniendo fin a la producción; hacía 22 que habían comenzado la ocupación, tras enterarse del cierre inminente.
Llegar a la planta de Metzen y Sena en Empalme Olmos, Canelones, es fácil. Basta seguir derecho el mismo sinuoso trayecto que va cambiando de nombre y categoría, a medida que la tierra le va ganando al asfalto: Ruta 82, avenida Luis Alberto de Herrera, camino 26 de Mayo. En esta fecha, de 1937, se inauguró esa fábrica de cerámicas. Es imposible no ver la inmensa mole de 80 mil metros cuadrados. Tampoco puede evitar notarse el silencio, los vidrios rotos y el aspecto de gigante dormido y decadente.
Al momento de su presentación a concurso (el antiguo concordato), la firma tenía 750 obreros. La inmensa mayoría está en el seguro de paro y aproximadamente el 90% vive en Empalme Olmos y alrededores. Muy pocas familias locales no tienen a alguien vinculado con la firma. Pasó el verano, asumió un nuevo gobierno, hubo elecciones municipales, se reabrió el puente de Fray Bentos, Uruguay se lució en el Mundial, y su incertidumbre sigue en pie. O crece. Hoy, a casi ocho meses de la debacle, vecinos, comerciantes y obreros están en vilo, esperando un desenlace de la situación, entre el optimismo y la desesperanza.
A ciencia cierta, no se sabe cuántas personas viven en Empalme Olmos. El censo de 1996 habla de 3.815 habitantes. En las últimas elecciones municipales hubo 5.150 votos emitidos. Los lugareños arriesgan hasta nueve mil pobladores. Pero todos consideran a Metzen y Sena como su pulmón. Esta fábrica es la principal responsable de que uruguayos de todos los puntos del país se radicaran en esa localidad, a 38 kilómetros de Montevideo y ocho de Pando, que obtuviera la denominación de pueblo en 1952, y que no se convirtiera en una ciudad-dormitorio.
Un trabajo realizado en febrero por profesionales uruguayos para la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) describe esta relación histórica y cultural: "La meta de cada joven de Empalme Olmos es ingresar a Metzen y Sena, el gran padre que asegura el bienestar de cada familia y de la localidad toda. La prosperidad de la zona se asocia a sus características endogámicas (`lo bueno está acá adentro`)". Conversando con los vecinos, es notorio que ven a esta empresa casi como a una madre, protectora, proveedora y poderosa, que al apagar sus hornos dejó huérfanos a sus hijos.
lucha. Ningún trabajador de la empresa acepta el rótulo de ex empleado. Una veintena de ellos se junta en una casa ubicada frente a la entrada de la planta. Nadie sabe exactamente qué función cumplía ese inmueble en épocas productivas. Hoy sirve como punto de reunión de la directiva de la Asociación Laboral Independiente de Obreros de la Fábrica Olmos (Aliofo), el sindicato. También ahí se prepara la olla popular que funciona todos los mediodías, de lunes a viernes, desde el 12 de diciembre. El menú -guiso de lentejas, arroz, porotos o tuco- se solventa con el apoyo de los comerciantes de la zona, con "changas" en las chacras cercanas, o con lo obtenido en eventos a beneficio. A las 12:30, unas 150 personas, todos jefes o jefas de familias afectadas, irán a buscar su parte. "Es una sola porción, ¡pero bien abundante!", dice Jorge González, hoy cocinero y antes empacador de sanitarios, última escala de su periplo de 24 años en Metzen y Sena.
A pocos metros está el dirigente de Aliofo, Leonardo González. Hay un leve optimismo en sus expresiones. La idea del gremio, de que la fábrica reabra y la gestione una cooperativa de trabajadores, tiene el visto bueno del gobierno, dice (ver nota aparte). Enseguida pone paños fríos: para cantar las hurras falta la parte judicial. "No nos olvidemos que somos, casi, los que estrenamos la nueva ley de concurso. Eso lleva su tiempo y el tema de dar fechas es difícil: no queremos generar expectativas para nuestra gente". Sobre otra posible alternativa (inversores o un emprendimiento mixto) también se mantiene abierto: "Estamos dispuestos a tratar con cualquiera que quiera colaborar con nosotros".
La idea gremial incluye el reintegro de 350 de los trabajadores hoy en seguro de paro. González reconoce que es bastante antipático seleccionar quién se quedará y quién no. De cualquier forma, agrega, ya "hubo quien se jubiló, otros que piensan seguir en el seguro, y otros que ya consiguieron trabajos", o changas.
Dentro de la inmensa planta, en la cabina del sereno, aún funciona un libro con el registro de llegadas. Ya es el segundo en uso desde su cierre. Hay gente a toda hora. En total, según Gerardo López, también de Aliofo, entre 100 y 150 trabajadores llegan a diario de forma voluntaria para realizar trabajos de vigilancia y mantenimiento. La idea es evitar una mayor imagen de abandono. Los tarjeteros de madera de entrada y salida aún están en uso. En el pasillo de ingreso, abundan placas de bronce recordando épocas mejores, como los 50 años de "admirable trayectoria".
El sector de sanitarios es inmenso. Si funcionara, el ruido sería impresionante y los hornos llevarían la temperatura ambiente a 40 grados, que deberían soportar tres turnos de 60 personas cada uno. Ahora hay inodoros y moldes de yeso, centenares de ellos, esperando que alguna vez se reinicie el proceso. Todo es blanco, silencioso y frío; muy frío.
D udas. "Acá es el centro", señala Juan "Chico" Suárez. Ex edil departamental, candidato a alcalde por el Partido Nacional y jubilado de Metzen y Sena, donde fue dirigente sindical. El "centro" de Empalme Olmos es una esquina en Luis Alberto de Herrera donde funciona un bar, una carnicería y una casa de venta económica de ropa. El movimiento es mínimo. Se acerca la hora de la siesta.
Suárez es señalado como un referente del pueblo. Ha vivido ahí 62 de sus 69 años. Sus padres, dos de sus hermanos y hasta dos de sus hijos han trabajado en la fábrica, a la que idealiza. "Esa empresa era y es la tranquilidad de Empalme Olmos, y la ilusión de mucha gente que dejó la campaña para radicarse acá". Para él, el ambiente de la localidad es de expectativa, y se tranquiliza con una consideración tal vez exagerada, producto de lo que significa un padre que asegura el bienestar: "Metzen y Sena tiene un renombre mundial, (su situación) ha generado una expectativa en todo el mundo y eso permite tener esperanzas pese a todo".
No todos piensan igual. En sus locales semivacíos, los comerciantes coinciden en que registran una notoria merma en sus ventas. Metzen y Sena era conocida por pagar buenos sueldos. Apelando a una excepcionalidad legal, en la que se consideró la estrecha relación pueblo-empresa, el seguro de paro al inicio llegó al 70% de los ingresos. En mayo, este fue renovado por seis meses más pero sin esa excepción. Los buenos tiempos de cobrar en quincena, de negocios arrasados los 6 y 22 de cada mes, de casi 2.000 empleados y aguinaldos generosos, ya son un bello recuerdo.
El seguro es menor y, además, es invierno. O sea, hay menos posibilidades de un trabajo extra en las chacras o la zona balnearia, a poco más de 10 kilómetros por la ruta 34. Mario Borges, 40 años de vida y 22 de funcionario, pinta la situación: "Las noticias tendrían que llegar... No queremos depender de una olla. Los primeros meses, como era verano, era más fácil conseguir changas, y ahora... Los tiempos de los papeleos no son nuestros tiempos. La esperanza está, pero necesitamos una respuesta".
"Ahora el mejor día es cuando se cobra la jubilación, y los gurises acuden a los abuelos", se permite reír Gabriel, propietario de uno de los tres cyber del pueblo. Al otro lado del mostrador está Roxana Navarro, ama de casa. "La gente está perdiendo la esperanza. Al principio había entusiasmo, se decía que la empresa reabría pero... Se vive el hoy, mañana no se sabe. Ya hay quienes piensan que este va a ser un pueblo fantasma, sin nadie en las calles".
A la carnicería de José María Arbelo han llegado los obreros de Metzen y Sena buscando cortes baratos para la olla, vendidos al costo. Su esposa, Graciela, nota tristeza y desesperanza. Añora los fines de semana con gente paseando en las calles y con grandes ventas de asado. Y se pregunta repetidamente: "¿Qué pasará si no abre? Pasan los meses, se dicen cosas y no hay soluciones, ¿qué puede pasar?" Aún no tiene respuesta.
Por el momento, no existe la sensación de miedo a un estallido social. El alcalde Ricardo Rodríguez afirma que hoy no se ven motivos para ello. A nivel policial, agrega, la mayor preocupación siguen siendo las picadas. Los vecinos, en general, coinciden. Montevideo y sus oportunidades laborales siguen estando cerca, a 16 pesos el boleto de tren.
Roberto Martínez tiene 31 años, además de ser el único farmacéutico local es psicólogo y desde que nació vive en Empalme Olmos. Para él, se ven dos grupos de afectados: a los que les cayó la ficha y los que permanecen en una nube. Entre los primeros están los que han comenzado a moverse en busca de trabajo; entre los últimos, todos aquellos que ya se sienten parte de "los 350" en caso de la tan esperada reapertura. Por supuesto, estos exceden en mucho a ese número mágico. "Nadie se siente afuera, lo que no es real". De todas maneras, resalta lo que significa Metzen y Sena para el lugar. "En otros momentos de crisis de la firma, ni siquiera los jubilados compraban nada. ¿Sabés por qué? Porque decían que como la empresa no podía pagar, tal vez el BPS tampoco podía. ¡Era así la sensación de que la fábrica era imponente, el motor de todo el mundo!"
"¿Alguna vez estuviste en una olla popular?", sonríe González, el empacador de sanitarios ahora vuelto cocinero. Enseguida enumera: 25 kilos de papa y de boniato, kilo y medio de cebolla, diez kilos de fideos, un kilo de morrón y de lentejas, dos zapallos y un litro de aceite. González volverá mañana a las siete a guisar; tocará arroz. Al lado, siguen reuniéndose más compañeros. Muchos de ellos funcionarios de la empresa desde la adolescencia, casi todos aparentando más edad de la que cantan. El frío le gana ampliamente la pulseada al sol del mediodía.
Alcalde: "Estamos en una encrucijada"
La deuda de Metzen y Sena, incluyendo a bancos y al Estado, ronda los 100 millones de dólares. Por mes la pérdida era de US$ 700 mil. Para muchos, su cierre era la crónica de una muerte anunciada. Otros no lo creían tan posible. "Si bien se sabía de esa situación, no parecía que la empresa fuera a caer como cayó", señala Ricardo Rodríguez (41), frenteamplista independiente y flamante alcalde de Empalme Olmos.
Para este funcionario, recién ahora la gente empieza a darse cuenta de que, o bien Metzen no reabra, o lo haga en situaciones muy distintas. "Eso se debe a que en otros momentos en que la empresa flaqueó, siempre volvió a abrir. Entonces, está esa sensación de que ella no cae nunca, o que si cae se levanta. La gente creía que siempre iba a resucitar. Ojalá pase lo mismo". Para él, el ánimo de la gente de su pueblo se encuentra hoy en una "encrucijada": la esperanza decae y empieza a surgir la preocupación. "Yo estoy en la misma. Pensé que la salida iba a ser rápida y veo que no".
El peor de los escenarios sería para Rodríguez casi como una tragedia. "Hay mucha gente que lleva 15 o 20 años trabajando ahí, y creen que psicológicamente es lo único que pueden hacer, que si se cierra esa puerta no tienen otra salida".
El alcalde dice que hoy hay asistentes sociales trabajando junto con Aliofo. La propuesta incluye una mesa de desarrollo local que impulse emprendimientos comerciales, que pueden estar relacionados a Metzen y Sena en caso de una reapertura. Algo así como encontrar oportunidades en un contexto de crisis. La idea no es ociosa. Rodríguez recuerda que cuando cerró el ingenio azucarero Rausa en Montes (también en Canelones, a unos 80 kilómetros de Montevideo), en los años `80, ahí se generó tiempo después un incremento de casos de violencia doméstica. Según expertos, cuando una empresa tan central en una comunidad cierra, esta última puede sufrir pérdida de valores sociales, como solidaridad y empatía.
Rausa era a Montes lo que Metzen y Sena a Empalme Olmos. Sin embargo, dada la cercanía de su ciudad con otros importantes enclaves laborales, como Pando o Montevideo, Rodríguez no cree que aquí se llegue a esos extremos.
Plan para una cooperativa
El proyecto cooperativo se diseña junto con la Unidad de Empresas Recuperadas del Ministerio de Trabajo (MTSS). El sindicalista Leonardo González dice que el número de 350 trabajadores obedece a la necesidad de producir según las ventas que estiman: 220 mil metros cuadrados de revestimiento, 25 mil piezas sanitarias y 165 mil de porcelana al mes. Es una producción menor que la de antes de apagar los hornos (en revestimiento, por ejemplo, se hacían más de 330 mil m2 mensuales), pero el dirigente asegura que sería de mayor calidad.
Desde el MTSS, informan que se están buscando fórmulas para apoyar esta iniciativa, con apoyo público o privado. Se estima que su puesta en funcionamiento demandaría unos US$ 6 millones. "El gobierno tiene la intención de que (la fábrica) vuelva a abrir, tenemos la convicción de que así será", dice el subsecretario Nelson Loustaunau. "Pero sería demagógico afirmar que (la cooperativa) vaya a funcionar sí o sí". Además, agrega, si hay algo que no ha faltado son inversionistas interesados. Metzen y Sena sigue siendo una marca atractiva. La Justicia tiene la última palabra.
Paralelamente, hay un proceso judicial de concurso al que atenerse, entre acreedores, interventores (la Liga de Defensa Comercial) y escritos de los propietarios. El lunes pasado una audiencia se pospuso. Y la espera sigue alargándose.