Un poco de amor francés

| Tras el escándalo sexual del líder francés del FMI con aspiraciones a presidente, un repaso por las turbulentas vidas amorosas de los últimos mandatarios galos.

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ANSA | TULLIO GIANNOTTI

Los presidentes franceses de las últimas tres décadas conjugaron "superpoderes" políticos con una pasión desmedida por las mujeres. Jacques Chirac (1995-2007) era conocido como el "señor tres minutos, ducha incluida". La corte de Francois Mitterrand (1981-1995) se asemejaba a las de un señor del Renacimiento, por no hablar de sus dos familias. También los franceses recuerdan el caso de Giscard d`Estaing (1974-1981) y todo se repite ahora con el actual presidente, Nicolas Sarkozy.

El encarcelado secretario general del FMI Dominique Strauss-Kahn, sostienen en París sus allegados, merece una historia aparte ya que su caso se relaciona con la patología, si bien explotó cuando estaba por postularse oficialmente a la presidencia. Las mentes obsesionadas con las teorías de la conspiración aseguran que detrás del escándalo sexual hay una maniobra de los 007 para evitar que dentro de un año su peligrosísimo "talón de Aquiles", o sea las mujeres, termine con el prestigio del Estado francés.

Nicolas Sarkozy, el actual presidente cuya popularidad caía en picada incluso desde antes del tsunami sexual en el FMI, fue sin duda el mandatario más transparente de la Quinta República en su relación con las mujeres.

Subió al poder festejando con Cecilia, su segunda esposa, con quien ya tenía problemas serios. Ella resistió pocos meses hasta que se fue con un publicitario rico, mientras "Sarko", como en un cuento de hadas, era conquistado por Carla Bruni, hoy oficialmente embarazada.

Hubo otra historia de amor romántica, si no fuera que las malas lenguas parisinas se burlaban de la "panza" de la protegida de "Sarko" en el gobierno, la entonces ministra de Justicia Rachida Dati. Nunca se supo quién era el padre de Zohra, que hoy tiene casi tres años. La bella Rachida custodió celosamente el secreto. Con Sarkozy no se ven más (Carla no la soportaba) y ella debió dejar el gobierno y cambió París por el Parlamento europeo en Estrasburgo.

Chirac, según la leyenda, fue el más fogoso de todos. Alto y guapo, amaba el campo, el buen vino y la comida. Mujeres y hombres de cualquier grupo político lo respetaban y veían en él al típico francés a la vieja usanza que hacía honor a su fina estampa. Según los relatos, tuvo cantidad de amantes entre las militantes neogollistas, secretarias y periodistas que lo seguían a todas partes. Dicen que no perdía el tiempo: le bastaba con cinco minutos y volvía relajado y fresco como una rosa.

Todo lo contrario de Giscard d`Estaing, famoso por su aspecto aristocrático pero que utilizaba su encanto de pertenecer a la nobleza como arma de seducción. En su reciente autobiografía, dejó entender que mantuvo una historia de amor con la princesa Diana. Pero no convenció a todos.

Un lugar aparte merece Mitterrand, el hombre que vivió 14 años en la cima de Francia con dos familias que vivían en París, una encabezada por su esposa Danielle y otra por Anne Pingeot, con quien tuvo a su hija Mararine. Sobre ella, en aquellos tiempos, nadie osó escribir una palabra. Los rumores de la época mencionaban incluso otras familias diseminadas por ahí: Venecia, Suecia. Sobre su fascinación, la gran corte de bellas mujeres que lo adoraban, existen muchos relatos y recuerdos.

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