LEONEL GARCÍA
Quedate tranquilo, Obdulio. Los muchachos no te van a dejar cambiar la historia". Víctor Hugo Morales emocionaba y se emocionaba con su relato. Waldemar Victorino acababa de meter el 2 a 1 ante Brasil. Era el 10 de enero de 1981, la final de la Copa de Oro, el "Mundialito".
Festejaba el dictador Aparicio Méndez en el Palco Oficial del Centenario. También celebraban los futuros presidentes Julio María Sanguinetti y Tabaré Vázquez; el primero como hombre muy cercano al principal organizador del evento, Washington Cataldi; el segundo como titular de la Comisión de Contabilidad del torneo. En las cárceles atestadas, muchos de los presos políticos que afirmaban que el Mundialito era "pan y circo" también gritaron el gol. En el estadio repleto las 70 mil almas desgarraban sus gargantas, las mismas que un rato antes reventaban con el "Tiranos temblad" durante el himno.
El evento deportivo que se desarrolló durante doce días del verano montevideano entre diciembre de 1980 y enero de 1981 iba a ser un evento de propaganda de la dictadura militar. Sin embargo, cuando el triunfo del "No" en el plebiscito constitucional del 30 de noviembre de 1980 trastocó los planes, ya no había tiempo de cambiar nada. Una dictadura fue derrotada en una consulta popular que ella misma organizó, un hecho casi inédito en el mundo. Y lo que el régimen cívico militar pensó que iba a ser un broche de oro o una "presentación en sociedad" de una "Nueva República", terminó siendo un festejo popular que excedió al éxito futbolístico.
La relación entre este torneo y ese plebiscito es una de las claves de Mundialito, el último documental de la productora Coral, que se prevé llegue a las pantallas en octubre. Así lo destacan dos de sus responsables, Sebastián Bednarik, director y guionista, y Andrés Varela, productor y también guionista. A ello llegan luego de dos años de trabajo, cientos de horas de entrevistas grabadas, miles de kilómetros recorridos, más una investigación histórica a cargo de Gerardo Caetano.
compensación. El Mundialito, el evento, fue un torneo internacional de fútbol avalado por la FIFA en que Uruguay se impuso ante cinco selecciones de primer orden: la Argentina campeona del mundo, un excelente Brasil, la Italia que sería monarca en España 82, la Alemania campeona de Europa y una Holanda (que participó en lugar de Inglaterra) que era una potencia. Pero ocurrió en plena dictadura, entre el miedo y la represión política. Su banda sonora incluye gritos de goles, el "Te queremos ver campeón" de Beto Triunfo, el "Tiranos temblad" en los himnos, el "Se va a acabar" disimulado entre los festejos y la marcha militar de las cadenas de la Dirección Nacional de Relaciones Públicas (Dinarp).
Mundialito, el documental, busca resumir en 75 minutos los aspectos políticos, deportivos, empresariales y sociales que rodearon aquel acontecimiento, que algunos consideran un hito de la "celeste" y otros una mera propaganda militar, una versión uruguaya en formato small del Mundial de Argentina 78, también bajo las botas castrenses. Esta hipótesis se alimenta con que desde la vecina orilla llegó una comisión de "asesoramiento logístico" para colaborar con la organización local.
Basados en la investigación de Caetano, Bednarik y Varela marcan algunas diferencias. La fundamental se basa en que durante Argentina 78 fueron los militares los que cortaron el bacalao, mientras que en la Copa de Oro fue un emprendimiento llevado adelante por civiles, con el desaparecido dirigente Washington Cataldi a la cabeza, al que terminó "colgándose" el régimen imperante.
La idea del Mundialito comenzó a gestarse entre 1977 y 1978, para celebrar el 150° aniversario de la Jura de la Constitución. Pero a principios de 1980, los militares en el poder no estaban para nada convencidos. La idea de que llegaran 1.200 periodistas extranjeros al país no les convenía en absoluto por obvias razones. "Pero a partir de la investigación de Caetano, llegamos a la conclusión de que los militares estaban seguros que iban a ganar (en el plebiscito de noviembre) y que el régimen iba a ser legitimado. Entonces, con el fútbol, iban a tener la chance de mostrarle al mundo su `Nueva República`", agrega Bednarik.
En lugar de eso, sigue el director, lo que se mostró al mundo fue muy distinto. "El triunfo del `No` no se pudo festejar por la situación imperante. Pero al mes estaba todo el pueblo uruguayo metido en el Estadio Centenario, celebrando y abarrotando 18 de Julio. Caetano señala que ese fue el nacimiento del `Se va a acabar`".
El hoy Presidente José Mujica, uno de los entrevistados para la película y entonces uno de los llamados "rehenes", recluido en el cuartel de Treinta y Tres, recuerda al Mundialito como una "fiesta compensatoria" para la misma población que no había podido festejar poco más de un mes antes.
Voces. Es que además de la investigación histórica, las entrevistas son otro de los puntos fuertes del film. Muchas de ellas tuvieron un arduo proceso de producción y no faltó quien no quiso vincularse a la película (ver aparte). Entre las que sí se concretaron, los ex presidentes Sanguinetti y Jorge Batlle muestran sus puntos de vistas antagónicos sobre la Copa de Oro. El primero, destaca que solo se trató de un evento deportivo y que no hubo injerencia del gobierno de turno, más allá que el presidente de la AUF era un militar, el capitán de navío Yamandú Flangini. El segundo, considera que sólo se trató de propaganda y una distracción de los problemas que vivía el país.
Pero el fútbol, al que el historiador Caetano califica como "el gran escenario de construcción de mitos en Uruguay", fue más fuerte. Bednarik señala que uno de los tupamaros que estaban presos, Marcelo Estefanell, cuenta como se gritó en el penal de Libertad el gol decisivo de Victorino. "Hasta muchos de los más acérrimos enemigos del Mundialito terminaron festejando con lágrimas en los ojos", dice el director.
Los jugadores de aquel equipo también fueron consultados. Muchos reconocen que no tenían una cabal idea de lo que ocurría en el país. "Yo entrenaba, no tenía idea", es una respuesta recurrente. Pero en el trailer puede verse a Fernando Álvez -arquero suplente- comentando con una sonrisa irónica: "Estamos cumpliendo una función social y somos payasos de lujo".
Entre las muchas historias relacionadas con la Copa de Oro, se indica que mientras Uruguay entrenaba triple turno, las delegaciones extranjeras -especialmente las europeas- estaban más interesadas en disfrutar el verano y la noche de Montevideo. Mundialito no pone énfasis en confirmar o desmentir esa versión. "Había recortes de paseos de los holandeses, se habló mucho de los alemanes, sobre todo luego que Brasil los goleó. Pero vos ves el partido Uruguay-Italia y te das cuenta que se jugó a muerte", dice Bednarik. El astro brasileño Sócrates, otro de los entrevistados, señala que incluso el fantasma de Maracaná se les coló en el vestuario.
Durante el segundo tiempo de la final, el banco de suplentes celeste logra que los dirigentes confirmen un premio extra para cada jugador: poder adquirir con importantes facilidades un Volkswagen Passat 0 KM en caso de ganar. "Justo en ese momento, los brasileños anotan el empate", recuerda el director de Mundialito.
Otras cuestiones ya son de otro tenor. "Deportivamente, hoy muchos lamentan que un título de esa magnitud esté siempre asociado a un período de la historia que los tomó de rehén. Por ejemplo, Rodolfo Rodríguez (arquero y capitán) lamenta que nunca lo hayan invitado a un asado o a alguna celebración por el logro", afirma Varela. "Notamos que los jugadores no se sienten reconocidos. Caetano siempre dice que ese torneo cayó como en una nebulosa", agrega Bednarik. Ambos responsables de Mundialito aseguran que si se busca material sobre el evento en los websites de la FIFA o de la AUF, solo hay mínimas menciones.
¿Hito deportivo o una mancha? Bednarik reconoce que esa puede ser una de las preguntas clave de Mundialito, pero prefiere que sean los espectadores quienes la respondan. "Nosotros quisimos contar una historia, mostrar todas las puntas, no ser tendenciosos ni bajar línea. Y que quien la vea saque sus propias conclusiones". Varela piensa que a ese torneo "no hay que olvidarlo; sí hay que recordar que dos por tres viene un circo y pone la carpa".
"Quedate tranquilo, Obdulio. Los muchachos no te van a dejar cambiar la historia". Víctor Hugo hacía una obvia alusión al Mundial de 1950, el mito mayor al decir de Caetano. Pero más allá de las evidentes diferencias entre una Copa del Mundo y un torneo "extra", la historia ha tratado de manera muy distinta al Maracanazo y al Mundialito.
El dato
El estreno mundial se realizará en mozambique
Luego de contactar a 120 personas, "pre-entrevistar" a 70 y filmar finalmente a 23 protagonistas, la película está actualmente en la etapa de post-producción.
Lo que, según recuerda Andrés Varela, comenzó en 2008 "con una idea que nos tiró (la periodista) Carolina García, tipo conversación de boliche", ya tiene su pretendido deadline. Será el 14 de septiembre en el Festival Docanema en Maputo, Mozambique. De llegar en tiempo, ahí tendrá lugar el estreno mundial de Mundialito. Luego volverá a Sudamérica, para presentarse en el Festival de Rio de Janeiro, el 23 de septiembre.
Su llegada a Uruguay está prevista para principios de octubre. Según sus responsables, se piensa exhibir en cinco salas de Montevideo y se busca estrenar simultáneamente en Salto y Paysandú, para luego llegar a Colonia, San José, Canelones y Maldonado.
Las cifras
3,25 Millones de dólares costó el Mundialito. Fue necesaria la aparición de Silvio Berlusconi para su realización.
11 Millones de dólares se obtuvieron por el Mundialito en concepto de entradas y publicidad, según Andrés Varela.
Dos entrevistas que requirieron paciencia
La imagen de Joao Havelange junto con el dictador Aparicio Méndez en el Palco Oficial del Centenario es una de las más destacadas de Mundialito. El ex presidente de la FIFA ya había tenido excelentes relaciones con la Junta Militar argentina durante el Mundial de 1978. Todavía hoy se le reprochan esos vínculos.
Conseguir la entrevista con Havelange fue difícil. Andrés Varela recuerda que insumió una pre-producción de seis meses, más cinco días de espera en Rio de Janeiro antes de su concreción. "Incluso tuvimos que darle un `ultimátum` a su secretaria para que nos atendiera", recuerda riendo.
El histórico dirigente de la FIFA los recibió con un discurso "muy armado". Lo central de su intervención puede resumirse en la frase "Yo hago deporte, no política", al referirse al apoyo de la Federación Internacional a eventos realizados bajo regímenes dictatoriales. "Incluso -afirma el director Sebastián Bednarik- Havelange se anota el poroto de haber sido el ideólogo de la Copa de Oro, ya que afirma que fue él quien le sugirió a Washington Cataldi la organización del evento".
Otra entrevista complicada de conseguir, y que solo se logró tras varios meses de espera, fue la de Angelo Bulgaris. Varela lo presenta como el empresario que ofició de intermediario para vender los derechos de televisión del evento al extranjero.
Estos derechos al final fueron adquiridos por Silvio Berlusconi, quien así hizo su primer negocio vinculado al fútbol. Esta negociación fue fundamental para solventar los US$ 3.250.000 que costó el Mundialito.
La entrevista a Bulgaris se realizó en su casa de Shangrilá, donde el empresario cumplía una prisión domiciliaria. Según fuentes policiales, esto se debía a su relación con el sonado caso "Campanita", de 2006, en la que se desbarató una importante red de narcotráfico.
Si bien se relaciona a la Copa de Oro como la llegada de la televisión color al país, lo cierto es que solo fue transmitida así para el exterior. Aquí, el torneo fue visto en blanco y negro. Las imágenes coloreadas que se emitieron en Uruguay fueron grabadas por la Dinarp, para ser exhibidas en los cines.
Tabaré dijo que no
Los anteriores documentales de Sebastián Bednarik, La Matinée y Cachila, fueron declarados "de interés nacional". Esto no ocurrió con Mundialito, y tanto el director como el productor Andrés Varela no ocultan su disgusto por ello. Según ellos, la respuesta que les dio la Presidencia, durante la administración de Tabaré Vázquez, fue que "se pretendía trabajar la memoria desde otro lugar". "¡Y este es un trabajo que apunta directamente a la memoria!", enfatiza Varela.
Como presidente de Progreso en 1980, Vázquez ocupó la titularidad de la Comisión de Contabilidad de la Copa. Como hicieron con Sanguinetti, Batlle y Mujica, los responsables de Mundialito pidieron tener una entrevista con el ex mandatario. No les fue concedida. "Hicimos la gestión y no tuvimos suerte. Respetamos que no quisiera ser entrevistado, él puede querer revivir o no ese hecho", afirma el productor.