En busca de planetas

| La Asociación de Aficionados de la Astronomía tiene 58 años y 200 socios apasionados por aquello que esconde el cielo.

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CARLOS TAPIA

La misión es encontrar pequeños planetas que giren alrededor de estrellas que no sean el Sol. Para ello la Asociación de Aficionados a la Astronomía colocó, en la azotea de la casa de uno de sus socios, un telescopio con GPS que tiene la tarea de seguir a un astro determinado. Las imágenes que toma son enviadas a una PC gracias a una simple WebCam. Y éstas son revisadas a través de Internet. El experimento consiste en visualizar la estrella y detectar si hay variaciones en la cantidad de luz que emite. Si esto sucede ellos consideran que es porque un planeta pasó frente a ella.

La historia de estos amantes de la astronomía empezó en 1952, cuando Juan Diego Sans y Juan Ángel Díaz conocen a Carlos Cárdela, un bonaerense fundador de la Asociación Argentina de Amigos de la Astronomía. Éste llegó al país como exiliado político del gobierno de Juan Domingo Perón. Juntos fundaron la entidad que el mes pasado cumplió 58 años y que hoy cuenta con unos 200 socios de todo el país.

Búsqueda de planetas, conferencias, curso de armado de telescopios, salidas de observación y la publicación mensual de la revista Canopus -mismo nombre que la segunda estrella más brillante del cielo-, desde su fundación sus actividades son diversas y su principal dificultad la misma: la falta de recursos. Se mantiene gracias a una cuota de 120 pesos por mes. Los socios del interior y los estudiantes pagan menos, $ 95.

Amantes del cielo. Telescopios desarmados, lentes de prismáticos y un póster de la vía láctea digno de un aula de cuarto año de liceo; la circular habitación está tan limpia como desordenada. Es el taller de la Asociación, un anexo de las instalaciones que los socios utilizan cada noche de martes y viernes en el edificio del Planetario. Lo particular de este espacio es que, hace muchos años, fue el tanque de agua de Villa Dolores. Estos amantes del cielo lo reacondicionaron y colocaron en el altillo su más preciado tesoro: el telescopio Henry Fitz, construido entre 1851 y 1862. Es el más viejo del país y existe gracias a la restauración que ellos mismos hicieron.

Gabriel Otero, mientras prepara el Henry Fitz, cuenta que en marzo de 2011 cumple tres décadas ininterrumpidas en la Asociación. Ingresó cuando tenía 14 años. "Estando en cuarto de liceo vi desde el observatorio del IAVA la Luna y Saturno. Quedé maravillado. Empecé a cargosear a mi profesora para que me contara más cosas, hasta que un día me recomendó que viniera acá". Hoy es profesor de astronomía y trabaja en el mismo observatorio donde descubrió su vocación.

"Venimos y hacemos observaciones en conjunto, porque solo es muy aburrido. Estos son temas que, lamentablemente, no se pueden conversar en el boliche", señala Miguel Ángel Resinky. Tiene 65 años y es socio desde 1989. Al principio acudía a las reuniones de manera esporádica; ahora, que es jubilado, asiste todas las semanas. Él resalta que fue uno de los que trabajó, "desde los cimientos", para crear el observatorio Los Molinos, otro de los emprendimientos que enorgullecen a los socios.

Horacio Varelas también se acercó a la Asociación en su adolescencia. "Empecé a venir en 1988. Encontré en casa de un tío mío un libro de Camilo de Flamarión que hablaba del cielo y después me hice fanático de la serie Cosmos, de allí en más la astronomía se convirtió en una pasión", asevera. Encontrar este amor por lo que sucede en la estratósfera "no es algo que le pase hoy a la gente joven", asegura Otero.

En este grupo, que se caracterizó por estar conformado por gente de muy distintas generaciones, cada vez escasean más los jóvenes. "Viene una gurisa de 14 años, pero porque acompaña al padre. Cuesta que se entusiasmen. No se puede competir contra la televisión cable y la computadora. Les mostrás algo en el telescopio y se quejan, porque saben que tienen la misma imagen en Google mucho más grande".

Pero con el proyecto de búsqueda de planetas la cosa va cambiando, varios se interesaron por la dinámica e incluso se está realizando un curso de capacitación. "Hay dos españoles que ya pidieron para participar", se enorgullece Otero ya con su ojo derecho posado sobre el Henry Fitz. En tanto allá, en el cielo, hay varios planetas esperando ser descubiertos.

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