El clima y las alergias en los niños

DR. PABLO PERA PIROTTO

Es incuestionable la relación que existe entre los procesos alérgicos y los cambios de estación. La llegada del otoño, así como también el comienzo de la primavera, son momentos del año en los que se producen con más frecuencia y fuerza los episodios de alergia, que se manifiestan sobre todo en el aparato respiratorio y en la piel. Si bien no existen estadísticas nacionales al respecto, en la práctica clínica se observa que en los últimos años han aumentado los casos en todas las franjas etarias. Desde los bebés hasta los adultos mayores pueden sufrir este trastorno, que se desencadena por una amplia gama de estímulos alergénicos: cierto tipo de alimentos, contacto con metales y plantas, materiales textiles, el polvo, y una larguísima lista en donde muy pocas cosas quedan afuera.

Específicamente, en relación a los niños, la manifestación alérgica más frecuente es la llamada dermatitis atópica. Estos pequeños tienen una piel muy seca que en ciertos lugares del cuerpo presenta una coloración rojiza, inflamación y una característica descamación blanquecina. Lo más molesto es la gran picazón que la acompaña, que muchas veces lleva a alterar no solo la vida del niño sino también la de sus padres.

El objetivo global de su tratamiento es prevenir la aparición de los empujes y, en caso de desencadenarse, lograr que sean lo más breves y aplacados posibles. Es fundamental, entonces, evitar el rascado, ya que esto aumenta la irritación y la sequedad, lo que conduce a un incremento de la picazón, generando un círculo vicioso. Con tratamientos locales adecuados, basados en corticoides tópicos e inmunomoduladores como el pimecrolimus, junto con antialérgicos por vía oral, generalmente se logra mejorar esta sintomatología tan perturbadora. En este sentido, para que el niño no lastime su piel y provoque una sobreinfección es aconsejable mantenerle las uñas cortas y limpias.

Evitar la sequedad cutánea es otro punto muy importante. Para ello, los baños deben ser cortos y con el agua tibia, ya que los extremos de temperatura pueden irritar la piel. Hay jabones especiales sin fragancias ni perfumes que ayudan a la hidratación y emoliencia. El secado debe realizarse en forma suave, sin frotar la piel, e inmediatamente después es conveniente aplicar cremas dermatológicas que hidraten y nutran la piel.

En relación a los alimentos, hay algunos que pueden desencadenar la aparición de las lesiones. Huevos, cítricos, chocolate, tomate, frutilla y bebidas con colorantes son algunos de los implicados con más frecuencia. Si bien es una enfermedad crónica, con sus empujes y remisiones, un gran porcentaje de estos niños mejora significativamente e incluso se cura por completo al llegar a la pubertad.

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